Conocemos el taller de confección textil de Carlota Rodríguez

¿Cómo es por dentro de un taller de confección textil? Nos vestimos cada día y quizás no sabemos cómo un hilo tan fino se convierte en la camiseta que llevamos.
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Carlota Rodríguez es una chica de Olot (la Garrotxa, Cataluña). No duda para nada cuando dice que «soy de aquí (Olot) y quiero tercamente seguir aquí, a pesar de que a veces tengo la sensación que ciertos lugares te expulsen a buscar ciudades más grandes. Pero me quiero quedar». Por eso su taller de confección textil lo encontraréis en la capital de la comarca de la Garrotxa.

Carlota Rodríguez también es una marca de ropa. Sostenible, ética, local, de proximidad. Cada hilo, cada tejido y cada prenda están hechos a mano. Sus diseños son singulares, muchos de ellos unisex y llaman la atención por las combinaciones de colores y el cuidado de cada una de sus puntadas. Es una marca singular y exclusiva que se teje con las puertas de su taller de confección textil abiertas, a pie de calle de Olot, para que la gente conozca su trabajo.

Un taller de confección textil singular

Normalmente, los talleres de confección textil están cerrados al público. Es difícil ver las máquinas, tejidos, bobinas y decenas de herramientas que llenan un taller de confección textil. Pero la Carlota Rodríguez nos ha abierto sus puertas. Es confeccionista, un oficio que, a menudo, «la gente no acaba de entender», confesa.

Es curioso como mucha gente le pregunta por qué no lleva las piezas a coser en otros países, puesto que así, dicen, la confección le saldría más económica y, por lo tanto, podría ofrecer precios más baratos. Pero no se trata de esto. Lo veremos en esta entrevista, donde podréis conocer un poco más cómo es ella y el proceso de creación de un producto tan básico e importante para nosotros: la ropa que vestimos.

¿Cómo nace el proyecto Carlota Rodríguez?

Es una cosa natural que, poco a poco y a prueba de ensayo-error, acabo creando aquello que realmente quiero, como lo quiero y con quien quiero. Para llegar hasta donde estoy ahora, que ya hace dos años que trabajo en el proyecto tal y como se conoce hoy en día, he estado ocho avanzando, trabajando la idea, haciendo un camino para acabar teniendo mi propio espacio, mi propio taller de confección textil y pensando qué es lo que realmente quiero ofrecer.

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La etiqueta de las rendas de ropa de Carlota Rodríguez. Autor: Julià Rocha Pujol

¿Qué te resultó, o te resulta aún, lo más difícil?

Tener que ser multi-multi-multi-tareas, porque me encantaría, solamente, confeccionar. Pero lo tengo que hacer todo: gestora, transportista, experta en comunicación y redes sociales, llevar el correo electrónico… Un extra que va implícito con cualquier proyecto y que, además, a mí personalmente se me da fatal. Pero se tiene que hacer para poder salir adelante lo que a mí me encanta hacer: coser.

A pesar de que no me gustan estas tareas, también me dan muchas posibilidades de crecer. Con el tema números, por ejemplo, he dado un paso adelante. Estoy trabajando, todavía, en cómo poner precio a las cosas, cómo gestionar el tiempo… Sería genial tener mucho dinero y poder externalizar todas estas tareas que no me gustan y así dedicarme, simplemente, a coser, crear… y hacer lo que me apeteciera. Pero bueno, es lo que toca.

¿Qué consejo darías a alguien que quiere emprender un proyecto diferente, transgresor, que sale de la normalidad, como el tuyo?

No creo que pueda dar demasiados consejos, pero sí que sé que no hubiera podido llegar hasta aquí si no hubiera sido porque estoy acompañada y formo parte de un colectivo, La Iera, que es una asociación de artesanos. Y esto me da una red de personas artesanas, del textil… que me apoyan. Ojalá algún día pueda crecer y convertirme en cooperativa, pero por ahora mi proyecto personal es individual y, gracias a la asociación, no me siento nada sola, tengo un entorno que se ha ido tejiendo a fuego lento.

Me parece un suicidio querer hacer algo que no entra dentro del modelo capitalista, con sus normas, y sobrevivir. Puedes poner en marcha un proyecto y durar dos o tres años, pero si quieres que tenga largo recorrido, lo tienes que hacer acompañada, sino no me lo sé imaginar o no le veo viabilidad. Hacer las cosas así es algo más lento, hago pasitos despacio, pero me siento con muchos puntales y muy sólida. Así que mi consejo seria búscate a gente, que quizás no están dentro de tu proyecto, pero que te apoyan.

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Carlota Rodríguez en su taller de confección téxtil. Autor: Julià Rocha Pujol

¿Qué es aquello que te hace especial y singular, diferente de otras marcas de ropa?

Creo que es esta terquedad para querer formar parte del lugar donde estoy, estar a hacia afuera y no hacia adentro. Si te muestras y estás más visible, te pueden picar el timbre. Me parece muy importante estar a pie de calle, ser visible, que la gente que no entiende lo que haces entre y te pregunte, vea tu entorno de trabajo, cómo es un taller de confección textil, que tienes máquinas diferentes, cosa que, por cierto, sorprende mucho a la gente. En definitiva, ser más presentes en la sociedad porque se puedan entender más cosas, formar parte del día a día de la gente. Primero, porque lo vean con sus propios ojos y, después, para que se puedan preguntar «¿cómo puede ser, si hay todo este trabajo detrás, que los precios sean tan bajos?» o que, incluso, pasen criaturas y vean que hay la posibilidad de ser modista, joyera… los oficios también son una opción para cuando sean grandes.

Esto pienso que me diferencia teniendo en cuenta el proceso de producción. Como marca de ropa, creo yo sola la ropa de arriba abajo y, además, tengo la suerte y el privilegio de tener un tejedor cerca. Esto me permite crear y controlar, conjuntamente con el tejedor, la parte de tejer. A mí me explota la cabeza cuando veo que puedo crear el tejido, con los colores y las puntadas que quiero. He descubierto cosas que antes no sabía o no entendía. Me preguntaba, «¿cómo puede ser que la ropa que compramos sea de tan mala calidad? Vale un dinero, ¡pero no cae como tiene que caer!». Pues escuchar al tejedor, observarlo y aprender de él, me permite mejorar la calidad y, además, entender más mi oficio, transmitirlo mejor a quien consume mis piezas y, despacio, irme acercando a las raíces.

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Me encantaría dar un paso más y descubrir el tema de los hilos y las primeras materias. Sé que a quien compro los hilos tiene unos certificados que avalan unas garantías de calidad, pero todavía no lo he ido a visitar, ni tengo más información de esta primera materia. Aun así me parece muy importante tener este contacto tan estrecho con la gente con quien trabajas, me parece brutal.

¿Cómo es el proceso de creación de una prenda de ropa?

Trabajo con una empresa de Valencia a quien compro el hilo de algodón. Voy con el tejedor. Elijo los colores y le pido la combinación de puntos y colores. Después hacemos pruebas, porque depende del punto que utilicemos, el tejido resultante será más elástico o menos y, por lo tanto, los patrones tendrán que ser de una forma u otra para que se adapten al tejido que tengo delante. Tengo que experimentar mucho, antes de cerrar la pieza.

También me pasa que diseño muy pensando en mí, pero estoy intentando escuchar la gente que se interesa por mi ropa y tenerla en cuenta para las próximas prendas. A mí, por ejemplo, me gusta ir muy ancha, pero a otra gente quizás no, por lo tanto, tengo que escuchar qué le gusta a esta gente. Hago una venta muy directa que me permite escuchar quién hay al otro lado. No quiero dejar de hacer lo que a mí me gusta, pero pienso que es muy importante escuchar la gente.

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Carlota Rodríguez trabajando en su taller. Autor: Julià Rocha Pujol

¿Qué te inspira, en la hora de diseñar tus piezas?

Yo no soy diseñadora, soy confeccionista. E intento reivindicar la figura de la confeccionista, de la persona que cose. Para mí es la parte de la cadena del textil más invisibilizada, peor pagada… y se necesita saber coser, ¡no es tan fácil! Diseño porque para poder coser, tengo que diseñar lo que tengo que coser y tengo que crear el tejido. ¡Y me lo paso muy bien! Pero no tengo estudios de diseño, lo hago por intuición, no está pensado. Me gusta crear, no dibujar, sino llevarlo a la práctica.

¿Podrías decir que tus diseños reflejan, de alguna manera, el territorio?

No lo sé, pero sí que es cierto que Olot y la Garrotxa son territorios textiles. Nos hemos desarraigado muy rápidamente, veo edificios vacíos que están a punto de caer que habían sido antiguas fábricas textiles, por los cuales paso delante cada día, que forman parte de mi día a día, y no me he dado cuenta que eran fábricas textiles hasta que no me lo han dicho. Y no hace tanto, de este pasado; mi padre solía tener el típico trabajo de verano lavando ropa y haciendo otras tareas por el estilo.

Hemos perdido esta tradición muy rápido, y me provoca mucha nostalgia no haberlo vivido. Pero, en cambio, me gusta que, cuando salgo de la Garrotxa, relacionen el territorio con marcas de ropa y proyectos de la comarca que trabajan de una determinada manera y con unos determinados valores. Me gusta que haya tantos proyectos textiles que tienen un buen reconocimiento. Y esto, de golpe, también me influencia a mí positivamente. Así que sí, siento que estoy haciendo algo que forma parte del territorio.

¿Por qué crees que es importante consumir local y apoyar a las alternativas de casa?

Porque hay una riqueza que se queda en el territorio. Intento hacer el máximo de vida en el barrio y la mayor parte del dinero que me entra, me lo gasto en la cooperativa de consumo, en la panadería… Realmente, tengo la sensación que el dinero no salen de la zona.

Es un barrio que se encuentra en el núcleo antiguo de Olot, está un poco degradado, con muchos bajos cerrados… y me parece una lástima, porque al final la vida comunitaria se ve un poco afectada, porque no pasas por ciertas calles porque te lo encuentras todo cerrado o dejado. A mí me gusta mucho intentar formar parte del día a día de la gente, de la comunidad de vecinos. Y me parece muy importante decidir que mi euro lo doy a tal persona, que la conozco y sé cómo gestionará el dinero. Si voy al Mercadona, no puedo saber cómo se utilizará el dinero que les estoy pagando, quizás no me gustaría, si lo supiera.

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Detalle de la máquina de coser. Autor: Julià Rocha Pujol

Trabajas con otras entidades de Olot, ¿verdad?

Sí, formo parte de La Iera, que como he comentado es una asociación de artesanos de la Garrotxa, y aquí me he podido encontrar con otros artesanos y maneras de hacer de la economía social y solidaria y compartir y crecer de forma conjunta. Esto nos ofrece la oportunidad de ser más y más visibles de cara a los consumidores y la ciudadanía; si trabajáramos totalmente de forma individual, no tendríamos tanta fuerza. Ahora somos unos 40 proyectos, tanto de productos alimentarios como de joyería, cerámica, vidrio… que hacemos las cosas con los valores de la economía social y solidaria. Además, como grupo siempre tienes más capacidad para ir a hablar con la administración, con el ayuntamiento, con otras entidades… y así poder hacer cosas que van más allá de tu proyecto individual. Nos es más fácil tener una voz y que se nos escuche.

Por otro lado, tengo la suerte de estar situada en un barrio donde hay otras entidades culturales, como Núria Social, un espacio donde pasan muchas cosas y donde se hacen muchas formaciones y se pueden encontrar muchas alternativas. Esto me hace crecer, a la vez que favorece que un grupo de gente nos vayamos encontrando para hacer más cosas.

¿Es difícil sacar adelante un proyecto diferente en una ciudad pequeña como Olot?

¿Olot es pequeña? Depende. En comparación con Barcelona sí, pero en comparación con los otros pueblas de la Garrotxa, no. En cualquier caso, pienso que en las zonas rurales y pequeñas tienes más posibilidades y pueden pasar más cosas que en los lugares grandes, que quizás ya pasan muchas cosas. Si a un lugar no pasa nada y, de repente, alguien hace algo, llama la atención.

Al ser más pequeños también es más fácil hacer cambios, poner en marcha iniciativas… A mí, precisamente, me parece que quizás es más fácil. No a nivel de ventas ni de hacer ingresos, porque claro, no pasa tanta gente, no hay riadas de gente como en Barcelona, por ejemplo; pero sí que hay espacio para hacer cosas y las distancias y las relaciones son más apretones, y esto me parece un punto muy a favor. Además, los alquileres son caros, también en Olot, pero no tanto como en grandes ciudades, de forma que hay ciertas presiones que se reducen. Me he podido comprar el taller en Olot y, seguramente, en Barcelona, con el mismo dinero, ¡no habría podido comprar ni un metro cuadrado! En las zonas rurales están pasando cosas, ¡muchas y muy interesantes!

¿Te ayudan, La Zona y Opcions, a dar a conocer tu trabajo, vender los productos y llegar a la gente?

Estoy muy contenta de formar parte de La Zona. En Navidad fue un súper regalo y privilegio poder estar en la Feria del Consumo Responsable, en medio de plaza Cataluña de Barcelona, vendiendo mis productos, conociendo otros proyectos y la gente del equipo de Opcions y de La Zona. Soy mucho de ver la gente, me gusta saber con quién me estoy comunicando cuando escribo un correo electrónico o me solucionan un problema y poder poner cara a los nombres que veo escritos. ¡Me parece genial!

La plataforma me sirve muchísimo; es cierto que no me genera muchas ventas, pero tampoco lo esperaba porque tampoco tengo tantos productos. Me sirve como herramienta para ponerme en contacto con la gente. Gente que no es de Olot, que no puede pasar por la Garrotxa, pero que me ha visto en una feria en otro lugar y después me lo puede comprar por Internet. Es una herramienta de comunicación muy importante. Creo que funciona y, por mis necesidades, me funciona mucho, estoy muy contenta.

Para acabar, ¿que dirías a alguien que siempre compra su ropa en tiendas más convencionales y que a menudo tienen asociadas malas prácticas con las trabajadoras, por ejemplo?

No lo tengo demasiado claro. Me da miedo caer en un discurso que me acaben diciendo «que pesada eres». Cada cual sabe su situación económica, necesidades y capacidades para llegar a una cosa u otra. Sería genial poder conectar con la idea que cuando consumes tienes mucho poder; si consumes de una determinada manera, puedes generar muchos cambios. Es increíble como nos han sabido sacar de muy eficientemente esta capacidad de pensar y creer que esto no va con nosotros.

Pero para no entrar en un discurso aburrido, destacaría la parte divertida. A mí me parece muy aburrido entrar a tiendas con mucho ruido y que tienen la misma ropa en todas partes, sin diferenciarse. Mi forma de consumir es a través del contacto, me gusta charlar con la gente y más si es la persona que ha hecho aquello que compraré, para que me explique cómo lo ha hecho. Y que las prendas huelan a lo que realmente son. Es genial cuando entras a una tienda y huele a aquello que se vende, a madera, a ropa…

Pienso que es más divertido que haya muchas tiendas diferentes y que puedas encontrar cosas diferentes, no que vayas a Figueres, Barcelona o Lisboa y te encuentres la misma tienda, con la misma ropa y que pronto no hará falta ni que exista porque lo podrás comprar por Internet sin necesidad de pasar por la tienda. Y también es aburrido que las ciudades sean exactamente iguales. Si no quieres o no puedes pensar en las condiciones laborales que hay detrás de determinadas prendas de ropa, piensa en tu día a día: sería muy aburrido salir de casa y que no hubiera absolutamente nada, sin comercios, sin locales en los bajos de los edificios…

Como consejo, animaría a plantearse el consumo desde el reto: «a ver si encuentro algo diferente» o «hoy charlaré con la persona que ha creado esto que compraré». Pero es muy difícil… por tema precios y por modelo de consumo.

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