Reducir regalos

Reducir regalos es posible

¿Como evitar el exceso de regalos sin renunciar a la magia de las fiestas? Damos ideas para mantener la ilusión del intercambio de forma más sostenible.
8 de enero, 2019

Estos días de tantas tradiciones, pare difícil introducir cambios y llegar a acuerdos familiares para reducir regalos.  Pero si valoramos las distintas opciones, seguro que encontramos la que encaja más con todos. Y un argumento que acostumbra a funcionar: si reducimos la cantidad, podemos mejorar la calidad.

 

Un amigo invisible

El amigo invisible es la más habitual: en vez de un regalo por barba, hacemos un sorteo. Así hacemos un solo obsequio y recibimos también uno. Lo cierto es que, a menudo, esta idea no se usa para reducir el volumen de regalos sino al contrario, para ampliar espacios donde regalamos, como el trabajo o la clase. En estos casos, está claro, el efecto conseguido es justo el contrario del que buscamos. Pero si la introducimos en los entornos donde ya tenemos tradición de hacer regalos, es una estrategia ideal per reducir la cantidad de paquetes. Si nos decidimos por proponer un amigo invisible, hay distintas aplicaciones para el móvil pensadas para facilitar la tarea de asignar personas. Las hay que funcionan con correos electrónicos y otras con el número de teléfono.

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Regalos conjuntos

Otra opción es agrupar ‘regaladores’ o ‘regalados’. Si unos cuantos familiares o amigos queremos hacer un regalo a la misma persona, podemos juntarnos. O al revés, alguien puede hacer un solo regalo que compartirán distintas personas. Y las dos ideas combinadas, implican aún más reducción. Por ejemplo, con los niños, podemos hacer que cada uno reciba un solo regalo elegido de forma conjunta por abuelos y tíos. O que todos los nietos reciben un solo juego de mesa o un lote de plastilinas, pongamos por caso, para tener en casa de los abuelos y disfrutar de él después de las comidas familiares. Los regalos conjuntos pueden llegar repartidos por piezas entre las distintas casas de los ‘regaladores’ o en una sola casa (con una nota explicativa en las otras, o no). Para facilitar la tarea de gestión económica que se deriva de estas opciones (“yo he pagado tanto”, “tu me debes x”), también podemos buscar aplicaciones para el móvil que nos la simplifican.

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Intercambio o redistribución

Per reducir la cantidad de regalos de estas fiestas, una medida es acordar que solo los tendrán los pequeños. Si los adultos no queremos renunciar a la ilusión del dar y recibir algo, podemos organizar ruedas de intercambio de objetos. Por ejemplo, inaugurar la tradición que cada Nochebuena o día de Reyes, a la hora de los turrones, nos pasamos, por orden de edad, un libro, un cd o un objeto de decoración, por ejemplo. El primer año tendremos que pensar qué queremos aportar a la rueda y, quizá, comprarlo. Los siguientes devolveremos lo que nos llevamos el anterior y recibiremos el objeto que se llevó otra persona, de manera que las cosas van circulando de casa en casa de un año para el otro. Esta idea también funciona muy bien si los objetos son recuerdos familiares, como la manta de ganchillo que hizo la abuela que nos ha dejado, álbumes de fotos antiguas o las cintas de vídeo familiares (por cierto, un buen regalo es ‘traducirlas’ de formatos antiguos a los actuales). De esta forma, los recuerdos familiares pasan a ser de propiedad compartida.

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En una línea similar, si aprovechamos los días previos para revisar y ordenar los juguetes que ya hay en las casas, el dia de los Reyes Magos puede servir para que los niños mayores pasen a los más pequeños el tren que ya apenas utilizan o la pelota que ha quedado abandonada todo el año en el armario. Estos juguetes heredados pueden dar tanto o más juego que uno nuevo, refuerzan el vínculo entre los primos y evitan que se compren más juguetes.

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La magia de descubrir los regalos

Si nos hemos propuesto reducir el número de regalos, quizá nos inquieta que la mañana de Reyes no haya un poco de decepción entre los pequeños. Una forma de asegurarnos que será un momento especial, independientemente de la cantidad de paquetes, es hacer que la magia no venga de los obsequios, sino de como los niños los descubren. En otras palabras, lo importante deja de ser el juguete que llega y pasa a ser el buen rato que pasamos juntos.

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Algunas familias organizan gincanas. Los pequeños tienen que seguir pistas por la casa para localizar los paquetes. Con los que ya son mayores, la gincana puede propagarse por todo el barrio. A ciertas edades, si dejamos las pistas en casas de amigos y vecinos o establecimientos que ellos conocen, podemos convertir el momento en una experiencia memorable de conquista del espacio. Si el regalo elegido es desmontable, se pueden trobar trozos en cada sitio. Otra posibilidad es que en cada parada se les entregue una pieza de un puzle que, una vez montado, sea un vale para ir a ver un espectáculo juntos, por ejemplo.

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Existen muchas otras formas de conseguir una mañana de descubierta de regalos inolvidable. La combinación entre el efecto sorpresa y la alteración de la disposición del mobiliario no falla nunca:

  • Esconderlos debajo la mesa del comedor y, con telas o cartones, construir un único paquete enorme. Podemos dejar una portezuela escondida para que puedan entrar y ir sacando sorpresas.
  • Esconderlos todos en el terrado, balcón, terraza o jardín y dejar un rastro de huellas para que los encuentren.
  • Enterrarlos debajo de una montaña de tiras de papel de periódico.
  • Recoger cajas de cartón de la calle o pedirlas en los establecimientos próximos y montar un cohete o cualquier otra figura en el centro del comedor. Dentro habrá todos los regalos de la familia.
  • En el pasillo o detrás de una puerta, alzar un muro de cajas de cartón de todas las medidas. Si las ponemos vacías, harán solo de barrera para dificultar el acceso a los regalos, que pueden estar detrás. Pero también podemos esconderlos repartidos dentro de las cajas del muro.
  • Colgar una red en el techo y dentro meter los paquetes.
  • Con el sofà, sillas u otros muebles, montar una especie de túnel, con el techo tapado con mantas o fulares, con los regalos mezclados con bolas de papel de periódico u otras mantas.

 

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La técnica furoshiki

Paquet embolicat amb la tècnica japonesa furoshiki.

Con esta técnica japonesa de envolver los paquetes con una tela y distintos sistemas de anudado, evitamos tirar papel y damos un valor añadido al obsequio.

Menos papel de regalo

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Si planteamos la descubierta de los regalos como un juego, podemos ahorrarnos el papel de regalo (y el trabajo de implica tener que envolver paquete por paquete). Otras medidas para evitar el derroche de papel es tener una caja de cartón grande (o una por cada miembro de la familia) plegadas durante todo el año. Cuando llega el momento de hacer el regalo, se monta y se pone el obsequio o los obsequios en su interior. Podemos poner las cosas escondidas entre virutas o bolas de papel de periódico.

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Coser una bolsa adaptada a la medida del regalo es otra forma de ahorrar papel. También con tela, existe la técnica japonesa furoshiki. Si compramos los regalos en el comercio de barrio en la ciudad de Barcelona, a partir de cierto gasto, el Ayuntamiento nos ofrece la posibilidad de escoger que nos envuelvan el regalo con papel o con tela.

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Estos días, las tradiciones tienen mucho peso y podemos toparnos con reticencias a la hora de introducir cambios para reducir regalos. Una buena idea es empezar por compartir este artículo con las personas con la que vivimos las fiestas y, este año, entre brindis y brindis, acordar por donde empezamos las próximas Navidades.

Este artículo es posible gracias a personas que colaboran con OPCIONS

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