Tenemos la oportunidad de hacer una sociedad más simple y con menos consumo energético

Mas Les Vinyes es un proyecto de vida comunitaria y, también, una granja de permacultura. Se trata de una finca de veinticinco hectáreas gestionada por una cooperativa, así como en un centro de formación.

Un magnífico ejemplo de colectivo que experimenta con la agricultura regenerativa, pone en práctica una forma de vida en comunidad y apuesta por la difusión de sus aprendizajes. Un grupo de gente maravillosa, con una mirada inspiradora que va más allá de la suma de las personas que lo integran.

No os dejará indiferentes la vivencia de este colectivo, su visión del mundo y de su entorno más cercano, y sus reflexiones acerca de todo lo que nos afecta. Dejemos, pues, que Mas Las Vinyes nos seduzca y, al mismo tiempo, pensemos en el colapso.

¿Qué es Mas Les Vinyes y de dónde surge?
Ariadna: Parte de un proceso de reflexión en el que Sergi y yo queríamos replantearnos aquello que queríamos ofrecerle a nuestro hijo recién nacido y que ahora ya tiene catorce años. Cuando nació, vivíamos en Barcelona y sentimos la necesidad de educarle fuera del núcleo familiar clásico y alejado de ese escenario urbano. 

Pero no estamos hablando de un proyecto familiar…
A: A raíz de los encuentros con otras familias y de nuestro deseo inicial, se fue formando un grupo de personas con la pretensión de vivir comunitariamente y asumiendo responsabilidades en muchas parcelas de nuestra vida: salud, alimentación, crianza… Durante cuatro años estuvimos trabajando la idea del grupo y también buscando un espacio, hasta que, ahora se cumplen nueve años, encontramos Les Vinyes. Dos parejas de ese grupo inicial nos decidimos a realizar la compra de la finca.

Actualmente, ¿cuánta gente forma parte del proyecto?
A: El grupo actual está formado por nosotras dos (Ariadna i Sergi), Roberto, Marta, Víctor y tres menores. Y durante los siete meses próximos, vivirán aquí tres voluntarias.

¿Cómo definisteis inicialmente el proyecto?
A: Ha sido un proceso gradual. Yo me centré más en temas de salud y Sergi en agricultura hasta que encontramos en la permacultura el marco teórico que daba respuesta a muchas de las inquietudes que surgían.

Y a día de hoy, ¿cómo explicarías lo que sois?
Sergi: Nos identificamos como una comunidad intencional diseñada bajo los criterios de la permacultura y en la que anhelamos conjuntamente un presente y un futuro lo más resiliente posible.

Robert: Estamos valorando convertirnos en cooperativa mixta (vivienda y trabajo) para transformar el tema de la propiedad, es decir, que pase a ser colectiva.

A: En ese espacio tenemos ovejas, gallinas, pollos de engorde. abejas, una huerta, un bosque de alimentos, árboles frutales… Y, además, somos un centro de formación en permacultura.

Entonces, ¿sois autosuficientes?
A: ¡No queremos ser autosuficientes, sino resilientes! Nuestra intención es no depender de la importación de energía, es decir, que no sea imprescindible, pero, al mismo tiempo, entender que el intercambio con nuestro entorno tiene mucho sentido. Lo que no es viable es que todas queramos ser autosuficientes. En nuestro caso, disponemos de una producción de fruta, verdura y carne alternativa que nos permite cubrir una buena parte de nuestras necesidades. Aun así, para productos como los cereales o los lácteos, necesitamos abastecimiento exterior.

S: Y eso no es estable. En estos últimos años, con la variabilidad climática que vivimos, cada temporada perdemos alguna variedad de fruta. Por ejemplo, este año se ha echado a perder el albaricoque y gran parte de las cerezas, y el año pasado no tuvimos ciruelas.

R: A todo eso hay que añadir que nuestro frutal más antiguo tiene nueve años, es decir, que no trabajamos en clave de inmediatez, sino que miramos hacia el futuro. De hecho, estamos plantando un montón de nogales de los que no llegaremos a probar las nueces que produzcan.

A: Caminamos hacia la resiliencia. Hasta ahora solo hemos hablado de la alimentación, pero en lo que se refiere a los suministros de agua y luz, por ejemplo, nos abastecemos de la red municipal en el primer caso y estamos conectados a la red eléctrica. También recogemos agua pluvial (acabamos de construir un gran depósito que se une a las balsas que ya teníamos y que nos permite recoger medio millón de litros, aproximadamente); y también estamos terminando la instalación de placas solares.

Os habéis referido al concepto permacultura, pero ¿de qué se trata?
S: Se trata de un sistema de diseños de hábitats humanos que captan más energía de la que es necesaria para ser funcionales. Otro aspecto clave de la permacultura son las tres etiquetas: cuidar la tierra y la vida que en ella tiene lugar , cuidar de las personas, y el reparto equitativo del trabajo y los excedentes.

¿Podríais ponernos algún ejemplo de cómo los lleváis a cabo?
A: Pongamos un cerezo como ejemplo para ilustrar la ética de los excedentes: su objetivo es reproducirse, pero para ello no florecen dos cerezas, sino miles. En Mas Les Vinyes tapamos una parte de nuestros cerezos porque queremos comer sus frutos; pero dejamos al descubierto otra parte de esos frutales y, de ese modo, las cerezas quedan a disposición de los pájaros. Eso genera un beneficio en el ecosistema: si tenemos más pájaros, aparecen más insectos y con estos, hay más aportación de fósforo. Otro ejemplo sería la ventana abierta que tenemos en la parte alta de la casa para que vivan las lechuzas. El gesto instintivo sería cerrar la ventana porque la casa es nuestra, de las personas. Pero debemos comprender que, más allá de que ellas estaban aquí antes que nosotras, cazan los ratones que hay en exceso en la huerta.

¿Este sistema es aplicable fuera de la finca?
S: ¡Claro que sí! Las ciudades producen un gran número de residuos. Por ejemplo, toda la materia orgánica generada en bares, restaurantes o cafeterías se puede convertir fácilmente en humus de lombriz para su uso en huertas urbanas. O el excedente de las carpinterías: lo que allí se considera un residuo se puede reutilizar fácilmente en otras construcciones.

Por lo que parece, necesitamos reflexionar acerca del ciclo de todas las cosas para poder aplicar esa mirada de la permacultura.
A: La agricultura de nuestros antepasados era intensiva (muchas horas de trabajo y tareas muy físicas). Tras eso, llegó la agricultura industrial, que es petróleo intensivo (mucha maquinaria, muchos fertilizantes, etc.). Y ahora estamos frente a la permacultura, que es reflexión y diseño intensivo. Desde la permacultura se afirma que es necesario un 80% del tiempo para diseñar y un 20% para trabajar sobre lo diseñado.

R: En realidad, trabajamos mucho más que eso, pero la verdad es que cuanto más diseñados están los espacios, menos tenemos que actuar sobre ellos.

Pues ahora abordemos el tema que nos ocupa: el colapso.
A: Estamos en un momento de la civilización y del planeta en el que se unen diferentes crisis sistémicas. El crecimiento de los países que se han enriquecido expoliando a las naciones empobrecidas ha llegado a su límite. Sabemos que el capitalismo se basa en un crecimiento infinito en un mundo que es finito. Tarde o temprano esta crisis tenía que llegar. Y ahora comenzamos a ver sus consecuencias. En paralelo, la manera depredadora de relacionarnos con la naturaleza nos está empujando hacia el cambio (crisis) climático. Vemos cómo los patrones climáticos están cambiando de manera catastrófica en muchos rincones del planeta.

¿La permacultura puede ser la respuesta al colapso?
Marta: La permacultura es y será una herramienta para hacerle frente. Nos puede ayudar a prever lo que nos deparará el futuro, y a prepararnos y a ser más resilientes cuando las dinámicas actuales comiencen a no ser efectivas.

A: No es una solución y, de hecho, no tiene demasiado sentido luchar para evitar el colapso. Este sistema ya ha colapsado. Y ahora necesitamos fórmulas para vivir en él, para adaptarnos, ayudarnos y comenzar a vivir en el postcolapso, un escenario que se producirá de manera inevitable. Podemos ser proactivas y pensar cómo queremos que sea ese futuro o quedar a la espera de que alguien lo decida por nosotras.

¿Cómo creéis que será esa construcción postcolapso?

S: Pienso que lo que entendemos por colapso es un proceso paulatino y relativamente lento que comporta la simplificación de muchos de los procesos de la sociedad.  Esta simplificación estará condicionada por dos factores: la dificultad en el acceso inmediato a la energía y la variabilidad de los patrones climáticos. Los peores escenarios están ahí, pero tenemos que comenzar a contemplar todas las opciones positivas.

Hablemos de escenarios de futuro…
S: Es que es tan plausible el escenario apocalíptico —que personalmente no creo que llegue— como el escenario de posibilidad. Por primera vez, tenemos la oportunidad de crear una sociedad más sencilla y con menos consumo energético, en la que el bienestar de las personas esté por encima de todo.

Esa concepción del colapso desde la posibilidad me parece muy interesante. Pero, al mismo tiempo, es previsible que pueda ocasionar crisis, éxodos, sufrimiento…
S: Sobre esa adaptación a los cambios, conocemos la experiencia de la producción de arroz en la costa de Bangladés. A raíz de la subida del nivel de mar, el cultivo de arroz es inviable y se ha pasado a producir pescado, ya que, donde antes había agua dulce, ahora encontramos agua salada. Otro ejemplo más cercano son los cultivos de arroz del Delta, que necesitan detener el avance del mar para que no les afecte.

Parlant d’aclimatació al canvi, a l’inici de l’entrevista una de vosaltres m’ha dit que no pren cafè com a mesura d’adaptació al col·lapse. Quines són les vostres estratègies?
R: Per a mi un dels aspectes més importants és menjar local i de temporada, perquè bona part d’aquest problema el provoca la baixa qualitat del menjar que ingerim i la despesa energètica que comporta el transport i transformació dels aliments, entre altres factors. Per tant, penso que una de les coses que hem de fer és adaptar la nostra dieta, intentar menjar menys cereal provinent de cultius extensius. Per exemple, en el nostre cas menjar carn té molt sentit perquè l’aportació en matèria orgànica que fan les ovelles de la finca és fonamental per a la regeneració del sòl. Un altre aspecte crucial és el tema de l’aigua. Per a nosaltres, el bany sec és, en si mateix, un gest polític, no només pel desmesurat consum d’aigua que ens estalviem sinó, de nou, per l’aportació de matèria orgànica que generem. El fet de viure en comunitat també és una mesura de resiliència.

A: Aquí hacemos conservas. Tenemos una despensa muy grande y cuando elaboramos las conservas, las repartimos entre los meses del año. Precisamente este año hemos reflexionado acerca de la variabilidad climática que estamos viviendo, y de la que vendrá, y nos hemos propuesto hacer la previsión a dos años vista. Otra medida de impacto es adaptarnos a los horarios de la naturaleza, de las estaciones y la luz del día. En verano, pasamos más tiempo al aire libre, activas, con más energía. Cuando llega el invierno y las horas de sol se reducen, estamos más tiempo dentro de casa, más refugiadas, durmiendo más horas. Esto tiene relación directa con el decrecimiento energético, no solo con el uso de la electricidad, sino con el de nuestra energía personal.

S: Otro aspecto importante es aprender a vivir con menos: menos dinero, menos comida, menos ropa, menos duchas. Hasta vivimos la mayor parte del año sin nevera. A pesar de eso, creo que no estamos preparadas para el colapso. De hecho, creo que nadie lo está. Estamos experimentando, jugando, aprendiendo…

Esto me lleva a preguntaros por la situación de privilegio que posibilita el ámbito rural.  ¿Cuál es vuestra opinión?
A: Ahora vemos como un privilegio estar en zonas rurales, pero hasta hace poco éramos testigos del abandono de estas zonas porque, precisamente, se consideraba la vida en la ciudad como un privilegio. De todos modos, el potencial de las ciudades es enorme. Por ejemplo, me parece supersostenible una sola lavadora para todas las familias que viven en un edificio grande; o que se recogiese el agua de lluvia de todos los tejados para la producción agrícola de los parques y huertos urbanos también sería muy sostenible. En este momento las ciudades son un pozo sin fondo en términos energéticos, pero tienen un gran potencial.

Así pues, el colapso puede ser una oportunidad.  ¿Podemos imaginar un escenario futuro?
A: Con menos disponibilidad energética habrá menos posibilidad de movilidad internacional. Se deberán cubrir las necesidades con los recursos más cercanos y eso nos llevará a una reflexión acerca de las necesidades: revisar aquello que es necesario y aquello superfluo. También serán imprescindibles más personas generando energía para suplir las actividades que nos abastecían y que actualmente están industrializadas, es decir, la agricultura, la ganadería o la extracción de madera, por citar algunas. Eso reducirá las actividades de otro tipo, a saber, servicios, turismo, actividades relacionadas con el márqueting o la publicidad, etc.

R: Me parece que en un escenario como ese el turismo será factible, pero otro tipo de turismo, muy diferente del actual. Me imagino un turismo local o autonómico, de lugares a los que se pueda llegar en bicicleta o en tren.

S: Quizá no vivamos el agotamiento de los combustibles fósiles, pero es probable que seamos testigos del incremento brutal de los precios del diésel. Nosotras ya nos estamos planteando eliminar ciertos desplazamientos para evitar el elevado gasto del combustible.

Y en ese escenario hipotético, ¿cómo sería la economía?
A: Hay ciertos cambios que ya estamos aplicando. Practicamos lo que se ha dado en llamar «fraternidad económica». Consiste en poner en el mismo saco toda la energía que genera nuestra fuerza de trabajo, ya sea dinero o productos. Y con esa provisión se asumen todos los gastos conjuntos y se divide según las necesidades de cada persona. Así pues, si pensando en las necesidades detectamos a alguna de nosotras que renuncia, en un momento puntual, a su economía porque no la necesita, eso servirá para que otras personas puedan afrontar gastos imprevistos (por ejemplo, el dentista infantil o reparar el coche). Este cambio en la economía permite llegar a situaciones como la que yo misma he experimentado semanas atrás: sufrí una contractura en la espalda y tuve que guardar cama. Durante esos días sentí cómo todas las personas con las que convivo entendían mi situación y me daban el tiempo necesario para recuperarme. Todo lo que esa situación generó es muy potente.

Para terminar, me gustaría que hablásemos de qué manera la avalancha de información que recibimos y los episodios catastróficos (olas de calor extremo, incendios, inundaciones, etc.) nos conduce hacia el desasosiego existencial, la ecoansiedad, el duelo por todo aquello que estamos perdiendo…

S: Creo que este tema nos afecta de manera desigual, dependiendo del momento. Por mi parte, tengo bastante aguante, pero ello no evita que en algunos momentos piense en un replanteamiento integral de todas las cosas. Sí que me parece que existe un exceso de información. La información es muy válida, pero hay que desconectar. O quizá conectar únicamente con las noticias de nuestro entorno más cercano. Pero, de todos modos, creo que hay que aprender a convivir con eso sin dejar de reivindicar las historias de éxito (y esas no suelen salir en las noticias). Hay gente haciendo cosas increíbles, proyectos transformadores, anticapitalistas, revolucionarios. 

A: Buena parte de la resiliencia emocional que necesitamos pasa por saber transformar esas situaciones que vivimos, esa rabia que genera la toma de consciencia de nuestro entorno, y transformarlas en algo positivo. Y, por encima de todo, reservarnos un espacio importante para vivir y ser felices. Porque para eso estamos aquí.

Esta entrevista forma parte del Cuaderno 63 de Opcions “Ante el colapso. Imaginar, disputar y construir el futuro”. Si lo quieres leer, únete a Opcions con la modalidad Impulso o cómpralo y te lo enviamos a casa.

FRAGMENTO EXTRAÍDO DEL CUADERNO
Núm. 63.
Crisis climática, agotamiento de recursos, biodiversidad en peligro… El mundo que conocemos está caminando hacia el colapso si no ponemos remedio. ¿Cómo nos afecta? ¿Qué formas de resiliencia tenemos? ¿Cómo imaginamos, disputamos y construimos el futuro? Este cuaderno señala los peligros que amenazan a nuestro mundo, pero también las oportunidades que nos ofrece este momento crucial: el reencuentro con los límites del planeta.

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