«Hay que generar unos modelos de vida que tengan sentido y autocuidado»

Entrevista a Irati Mogollón, coautora de "Arquitecturas del cuidado. Hacia un Envejecimiento activista".
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Graduada en Sociología en la Universidad del País Vasco y Master en Estudios Feministas y de Género por la misma universidad, Irati Mogollón centra su actividad principalmente en la economía feminista, la sostenibilidad de la vida y el urbanismo feminista desde una mirada interdisciplinar (arquitectura, urbanismo y sociología). Es coautora de Arquitecturas del cuidado. Hacia un Envejecimiento activista, que trata sobre el futuro de la vejez y plantea un modelo de vivienda entre otras prácticas para empoderarse.

A veces asociamos la jubilación con entrar en un periodo de descanso – generalmente pagado- en el que podemos dedicarnos a nuestras aficiones, a la vida social, a hacer viajes… ¿Realmente es así o hay una cara B?

Cuando pasamos de la vida laboral a la «vida de júbilo» una de las primeras dificultades es, precisamente, la transición. Y no es tanto por abandonar la vida profesional, sino por la organización de la vida. Nos quedamos sin horarios significativos que construyen nuestro día a día y, cuando faltan esos agarres, puede irse perdiendo el sentido de la vida. Este tipo de cuestiones son desencadenantes de sentimientos de soledad, etc. porque no se trata de con cuánta gente interaccionas, sino del significado que tienen para tí esas interacciones y relaciones. Cuando te faltan estos anclajes (¿a qué hora me levanto?, ¿con quién he quedado?¿qué hago?) se pierde un poco de sentido.

Al principio, el primer o el segundo año, parece como que estás de vacaciones, pero eso pasa. Luego viene el vacío, y trabajar este vacío desde una conciencia es lo más complicado. 

¿Qué diferencias hay entre la vejez de hombres y mujeres?

Esto tiene mucho de cómo yo me relaciono con el mundo. Según la investigación Bakardadeak (Soledades, de Matia Instituto) hay dos perfiles, el autónomo y el heterónomo. El heterónomo es un tipo de persona que se vuelca en las relaciones en su día a día. Muchas veces tienen una construcción de la vida de “a mí me quieren por lo que yo hago, por lo útil que puedo llegar a ser para la gente”. Puede estar volcado en la familia, pero ojo, también en el trabajo.

Por su parte, el autónomo es una persona que no necesita estar rodeada de gente para sentirse bien y a gusto con una misma. Ese tipo de personas tiene un mundo interior más rico, casi siempre son gente que ha decidido o ha terminado viviendo sola. Ese perfil tiene más adaptabilidad y resiliencia para hacerse mayor, porque tiene un mundo interior alrededor del cual organiza su vida.

Casi siempre, y aquí hay una relación con el patriarcado, el perfil heterónomo suele coincidir mucho más con el sexo/género femenino. La madre, la esposa, la sacrificada etc. que se vuelca en los demás. Y casi siempre, el perfil autónomo corresponde a un rol más masculino.

Al envejecer tomas mayor conciencia de tu propia materialidad y de tu intersubjetividad

¿La vejez es una época de mayor convivencia con la enfermedad?

Sí, pero al mismo tiempo, al envejecer tomas mayor conciencia de tu propia materialidad y de tu intersubjetividad. ¿Qué queremos decir con esto? Que, en la vejez, el cuerpo se pone encima de la mesa. Y el éxito, la autonomía, la autosuficiencia y este tipo de creencias de nuestra sociedad occidental, de repente se empiezan a tambalear y convives más con tus limitaciones físicas. Aunque eso no tiene por qué ser vivido de manera negativa. 

¿Qué enfermedades son típicas de la vejez? ¿Se pueden prevenir o retrasar su aparición?

Demencia, Alzheimer y enfermedades cardiovasculares son las más importantes. O la fibromialgia, que es muy frecuente en las mujeres. Sí se pueden prevenir y el paradigma del envejecimiento activo tiene una vertiente saludable, está claro, pero no olvidemos su vertiente hacia el autocuidado: muchas de las enfermedades tienen que ver con el tabú de admitir eso que te está pasando. La gente suele tener diferentes estrategias: «quita, que no me duele», o «no, yo sigo siendo autónoma». Y el miedo absoluto.

No queremos hacernos mayores.

Tenemos muchos tabúes. La demencia, por ejemplo, tiene muchos colores y se puede tratar de muchas maneras, detectarla de forma precoz… Pero, en general, lo único que se hace es negarla hasta que llega el momento que explota y entonces ya es un drama.

En el extremo opuesto, en las viviendas colaborativas conocí a gente que le habían extirpado un pezón por cáncer de mama y la misma tarde de la operación estaba cenando, se tomaba un vino y hablaba de la morfina, que todavía tenía súper alta, y la gente decía: «ay, me encanta la morfina, la echo de menos de cuando me dio el segundo ictus»… es una relación más sana con la enfermedad. En nuestra sociedad no se habla de ello.

¿Y qué hay de la soledad? No es una enfermedad, pero duele. ¿Es tan frecuente como parece?

Sí, pero la soledad es frecuente en todas las edades, es un hecho intrínseco a nosotras mismas. Y, de hecho, tenemos un problema terminológico con la soledad. Se ha puesto de moda hablar de «soledad no deseada» pero desde la ciencia no se toma esta perspectiva, porque tú puedes elegir vivir sola, desear soledad, y después sentir soledad. Así que dejemos a un lado el deseo, que nos despista, para entender la soledad.

La soledad es, sobre todo, dos cosas: falta de un propósito con sentido en la vida (vida con sentido) y una sensación de falta de identidad, como sentir que nada de lo que hagas importa. Esta soledad tiende a crecer a medida que nos hacemos mayores porque las soledades tienen mucho que ver con el duelo, con la pérdida y con la falta de organización de la vida.

Irati Mogollón | Autor: Nacho Urbón
Irati Mogollón | Autor: Nacho Urbón

Conceptos que ya mencionabas en el tránsito a la “vida de júbilo”.

Exacto. El problema es cuando se profundiza y se cronifica. ¿Cuándo hay más factores que inciden sobre la creación de ese sentimiento de soledad? Cuando hay muchas pérdidas a la vez («me estoy quedando solo, cada vez se mueren más amigos»), o cuando hay una pérdida espacial, es decir tu entorno físico ha cambiado («todo esto antes era campo») y sientes que el mundo cambia y tu pertenencia se tambalea: “yo ¿qué hago, aquí?”.

Hay un montón de factores que generan soledades. El problema es que la soledad es un tabú que siempre va con un prejuicio. Y el juicio de valor es el siguiente: «pues si no tiene familia y amigos y se siente solo, algo habrá hecho».

Una posibilidad de la vejez es la participación en asociaciones, movimientos sociales o políticos. ¿Nuestros mayores son activistas o más bien vividores?

Está habiendo una transición. Los baby boomers españoles están ahora envejeciendo y, aparte de ser un bloque de población enorme, sí que son una generación muy activista y comprometida. Más del 70% del voluntariado son personas mayores. Estas generaciones están participando en la vida social y política, están abriendo marcos y espacios de trabajo de personas mayores, como los Consejos de Mayores o las Ciudades y pueblos amigables con los mayores.

¿Cuál es el reto? Trabajar problemáticas que sean las propias de las personas mayores, de aquello que les está sucediendo desde términos de empoderamiento. Muy pocos miran de verdad lo que les pasa a ellos. No hay un debate político para hablar de soledades, de cuidados, de poner límites a los nietos y nietas o de sexualidad.

A nivel de vivienda. ¿Dónde viven nuestros mayores? ¿Con sus hijos, como antes? ¿Con sus parejas? ¿Solos?

Casi todas viven solas en sus viviendas. Y digo “todas“ porque envejecer a partir de los 70 o 75 años es femenino, tiene cuerpo de mujer, simplemente porque duran más, hay más viudas que viudos. Y todavía no se ve esto de los divorciados/as que aún son sólo un 7-8% entre la gente mayor. Casi todos viven en pareja – si aún viven los dos – en zonas urbanas, y si son rurales son ya muy mayores, 78, 80 años y más.

Es decir, la mayoría vive en pareja y, a medida que son más mayores, hay más mujeres solas y son viudas.

Si, exacto, y eso ha cambiado en 30 años una barbaridad. Antes el perfil era “vivo con mis hijos/as” y ahora todos viven en solitario. Por eso, casi todas las políticas públicas se están centrando en eso, en trabajar el tema de envejecer en la vivienda y este tipo de cuestiones.

Retomando enfermedades y calidad de vida, y considerando la aparición de la soledad, hay la necesidad de cuidados. Una palabra, cuidados, que ha salido a la arena política en los últimos años con bastante fuerza. ¿Qué tipo de cuidados necesitan las personas mayores?

Todo el mundo necesita los mismos cuidados, pero con diferente intensidad a lo largo de la vida. El problema es que casi siempre reducimos los cuidados a dos categorías: puntuales e intensivos. Por ejemplo: tengo un catarro, tráeme una sopa (puntual) o tengo una enfermedad crónica (intensivo). En nuestro libro Arquitecturas del cuidado hemos propuesto una escala de cuidados específica que nos ayuda a salir de la consideración que a veces se da de «cuidados es todo», porque esto es inmenso.

Así que hablamos, en primer lugar, de copresencia, que significa estar rodeado de gente. Eso sería un primer espacio de cuidados que nos muestra cómo, por ejemplo, las zonas rurales tienen un poco de trampa. Te sientes genial en medio de la naturaleza, pero por otra parte te falta el murmullo social. Buscamos la copresencia (poner la radio en casa, o bajar a un bar sola a tomar algo) constantemente porque somos animales sociales.

Irati Mogollón | Autor: Nacho Urbón
Irati Mogollón | Autor: Nacho Urbón

Luego estaría el reconocimiento social, que puede ser estar en la cola de un supermercado y hablar con la cajera, es decir, sentirse escuchada. Es como cuando vas al médico sin ninguna enfermedad, pero vas a hablar. También se observa en las asambleas, esto se vio en el 15-M, que la gente iba también porque necesitaba ser escuchada. En resumen, necesitamos espacios donde nos sintamos escuchados y reconocidos.

Después hay un tercer nivel de los cuidados que es más complicado, que es el de la organización social de la vida. Hay una parte de los cuidados que es: organizo todo lo que hay a mi alrededor para que se sostenga. La agenda con patas, que tiene todos los extraescolares de la gente, todos los cumpleaños, que sabe que tiene que llegar a fin de mes y tiene que comprar los zapatos a nosequién.

El problema de estos roles es que se llevan en la intimidad, se resuelven de manera muy feminizada. No se notan, casi nunca salen al espacio público, suelen ser sólo un run-run que sucede en la cabeza de las mujeres.

Desde el año 2006 hay una ley de dependencia que intenta ayudar a personas que no pueden manejarse solas y necesitan ayuda, cuestión mucho más habitual entre los mayores. ¿Qué impacto ha tenido esta institucionalización de los cuidados?

Hay una cuestión fundamental sobre este tema y es que el cuidado no lo puedes homogeneizar. Todo el mundo no va a ser cuidado de la misma manera, porque la vida es diversa. Entonces tienes que dar opciones. Habrá familias o personas que quieran que el cuidado sea en el entorno familiar, otras que prefieran un profesional…hay muchos matices. Entonces tienes que generar una ley lo suficientemente plástica como para que las personas puedan aportar y decidir.

¿Qué pasa con la ley de dependencia? Que es una trampa. El Estado te hace un cheque en función del grado de dependencia y a partir de aquí tú decides qué quieres. O te lo quedas tú y tú cuidas o contratas a alguien que cuide.

Pero aquí estás metiendo muchas cosas debajo de la alfombra, ¿no? Trabajo encubierto, derechos laborales…

Es un pochocho por dos razones. En primer lugar, porque llega junto a la crisis económica en 2007. ¿Qué hace la gente? La abuela se queda en casa y ese dinero, para la familia, porque tienen que comer tres veces al día. Así suman la pensión de la abuela y la dependencia: ya llegamos a tener un poco de dinero. ¿Les vas a criticar por tener una estrategia económica para llegar a fin de mes? Pues no.

Este servicio no estaba hecho para veinte años, igual que la jubilación no estaba hecha para cuarenta años

Aquello fue un «sálvese quien pueda».

Claro, pero la ley no fue creada para eso, sino para dignificar la situación de personas que no querían llevar a sus familiares a residencias y, a cambio, recibían una renta. ¿Qué pasó? Que acabó perpetuando los trabajos invisibilizados, primero de las familias y luego, perpetuando unas condiciones de vida pésimas para personas mayores que, a menudo, están en casa delante de la tele. Un drama, porque esa persona no tiene estímulos ni le da un significado a su vida.

Por otra parte, hubo una externalización al mercado. ¿Y qué pasa ahí? Que hay otro pochocho. El salario base más bajo de las cuidadoras es de unos 990 euros mensuales, pero cada autonomía tiene sus particularidades. Por ejemplo, en Euskadi, Guipúzcoa o Vizcaya, con convenios propios, los salarios base están en 1.500 € en residencia. ¿Qué sucede? Los servicios fueron pensados para 10 ó 15 años de dependencias y ahora la gente vive mucho más y en una situación muy dura de cuidados cuando son residenciados/as. Este servicio no estaba hecho para veinte años, igual que la jubilación no estaba hecha para cuarenta años.

¿Cuando dices «este servicio» te refieres a la ley de dependencia o a los servicios geriátricos?

Todo. El sistema de atención a las personas mayores no estaba pensado para ser así. Y luego hay que pensar que, desde los 70, los servicios públicos del Estado de Bienestar no han cambiado sustancialmente. Se ha reducido la plantilla, pero no se han tocado ni un ápice los mecanismos. Existe una amplia burocratización de los servicios, así que, si quieres hacer un cambio de modelo, un cambio de filosofía, estás vendida.  Además de dinámicas como el derroche (la luz, las mascarillas, los medicamentos…). No hay un control exhaustivo o posibilidad de echar a alguien del servicio público. ¿Qué haces con la gente que maltrata, que tiene actitudes edadistas, homófobas, abusivas? Porque existe, hay malos tratos en las residencias geriátricas públicas o en la asistencia domiciliaria. Hay muchas situaciones en las que el modelo laboral no es el adecuado.

Hay dos problemas, ¿no? La cuestión del estatus laboral de las personas que trabajan en la administración pública y, por otro, la vulnerabilidad de las personas mayores.

Estamos en un lugar (residencia geriátrica) que necesita un nivel de especialización y compromiso muy alto y un modelo de atención centrada en la persona que supone una evaluación continua de los trabajadores/as, con unos niveles de exigencia considerables. Esto, delante de una persona funcionaria, inamovible en ocasiones y que le tienes que sugerir si le apetece hacerlo de otra manera, ¿qué haces? Estás vendida. No hay mecanismos eficientes de control de calidad, nada.

¿Cuál es la solución que han implementado algunos ayuntamientos? Concesiones. ¿Qué pasa? Que ahora entramos ante el lucro y nuevos problemas encima de la mesa. Algunos dicen: la solución son las empresas cooperativas. Ya, pero habrá que hacer concursos y la cooperativa puede que no lo gane. Y también hay el debate de si habrá que “publificarlo”, pero ¿en qué condiciones? Es un tema complejo.

¿Entonces, qué hacemos ante las dificultades de conciliar trabajo y cuidados familiares, dadas las deficiencias en la provisión de cuidados a nuestros mayores por parte del Estado y el mercado?

Empecemos por el final del trayecto, que son las residencias geriátricas. Para mí, la clave es intentar que llegue la menor cantidad de gente posible. Para esto, hay que generar unos modelos de vida que tengan sentido y autocuidado. Es decir, volver a las relaciones con significado, para eso es importante que los vecindarios tengan significado. Tú no puedes irte a socializar a Malasaña desde Usera. Es importante que apostemos por los barrios y pueblos que nos rodean y que apostemos por darles vida.

…porque esto genera espacios de cuidados que hacen que el embudo sea más estrecho para llegar, al final, a las residencias.

Ahí está. Y luego, hay que empezar a hablar del envejecimiento. Todo el mundo tiene que pensar que somos sujetos “envejescentes” y tenemos que pensar en nuestros planes de vida. ¿Qué queremos hacer?  ¿Dónde queremos envejecer? ¿Cuál es mi plan de viabilidad económica?¿Cómo le damos significado? ¿Quién queremos que nos limpie el culo cuando seamos mayores? Hay que tener los deberes hechos.

 

«Esta entrevista abre el Cuaderno 60 «Envejecimiento Digno». Si quieres leer la entrevista completa o hacerte con todo el Cuaderno, contacta con opcions@opcions.coop o únete a Opcions

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