Usos del tiempo, carga mental y género. ¿Hay equilibrio?

El mes de marzo de 2020 el mundo paró, o por lo menos, pretendió parar. Pero en realidad, ¿quién se podía permitir parar?

La vorágine capitalista que nos rodea, la centralidad del trabajo asalariado y una sociedad vertebrada alrededor de la oferta y la demanda en vez de la vida, convertían la posibilidad de parar en una cuestión de clase y género. Parar, pues, y por desgracia, se convirtió en un lujo que poca gente se podía permitir. Ni la situación sanitaria del Covid-19, ni la crisis económica que se deriva, ni siquiera los mensajes misterwonderfulistas sobre la pandemia como oportunidad han conseguido que la productividad pase en un segundo plano.

La pandemia, pero, ha permitido volver a poner en el centro del debate los usos del tiempo y la sostenibilidad de la vida. Las reflexiones que rodean el tiempo obligan a tener en cuenta la perspectiva de género de manera transversal para poder proponer cambios y mejoras que afecten realmente y de forma transformadora esta sostenibilidad de la vida.

Tiempo y confinamiento

A finales de mayo de 2020, el Centro de Estudios de Opinión (CEO) publicaba datos sobre el impacto del confinamiento en los usos del tiempo en cuanto al trabajo productivo y las relaciones familiares. La encuesta recogía que un 45% de la población pasó a teletrabajar y que de este, el 38% eran hombres y el 54% mujeres, la mayoría de las personas encuestadas consideraba que el teletrabajo permite conciliar mejor el tiempo, además de ser más sostenible, y en un 87% consideraban las reuniones telemáticas como herramienta que hay que incorporar al trabajo, precisamente, por esta conciliación. El estudio recogía, también, que un 33% de las mujeres habían marcado horarios al hogar durante el confinamiento, ante solo un 21% de los hombres.

El género: clave en el debate sobre el tiempo

Los usos del tiempo, pero, a menudo han ido ligados a la cuestión del género. El mayo de 2021, en un debate del ciclo “La recuperación económica sostenible post-COVID-19”, organizado por el DIPLOCAT y la asociación Barcelona Time Use Initiative for a Healthy Society, Laura Foraster y Lloret, secretaria general de DIPLOCAT, aseguraba que era necesario impulsar cambios que “vayan hacia unos horarios más racionales y saludables, que permitan más tiempo libre haciendo un uso más eficiente”. Del mismo modo, Sònia Ruiz, directora de Servicios de Género y Políticas del Tiempo de la Gerencia Municipal del Ayuntamiento de Barcelona, compartía la necesidad de una integración de modelo transversal en las políticas del tiempo y en una recuperación económica post-COVID-19 basada en la justicia y la equidad en términos de género, respeto medioambiental y eficiencia.

la pobreza del tiempo afecta especialmente a las mujeres y a las personas con una situación económica más precaria

En la misma línea, el octubre de 2021, en el Congreso Mundial de Investigación en usos del tiempo, cargos políticos de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona defendieron la importancia de las políticas públicas de usos del tiempo para abordar ámbitos estratégicos como las curas, la atención a la infancia y la adolescencia y la igualdad de oportunidades, la salud mental y el bienestar emocional o la convivencia inclusiva. Por otro lado se aseguraba que estos cambios “son la clave para reducir la pobreza del tiempo, que afecta especialmente a las mujeres y a las personas con una situación económica más precaria”.

¿Cuáles son, pues, los usos del tiempo de los catalanes y las catalanas?

Así titulaban Mireia Duran y Silvia Carrillo el informe “Género y tiempo: ¿en qué invierten las horas las catalanas y los catalanes?” del año 2018. La investigación recogía un análisis de usos del tiempo con perspectiva de género y se presentaba como una aproximación en la vida cotidiana de las personas para coger las desigualdades y dar visibilidad a actividades que a menudo no tienen reconocimiento social, como las tareas no remuneradas vinculadas al trabajo doméstico y de curas que sustentan la sociedad actual. Según el estudio, con datos recogidos entre 2010 y 2011, las mujeres dedicaban casi el doble de tiempo que los hombres al trabajo no remunerado, hogar y familia, a la vez que menos tiempo al trabajo remunerado, los estudios y las aficiones y vida social.

Infografías extraídas del informe “Género y tiempo: ¿en qué invierten las horas las catalanas y los catalanes?” de Mireia Duran y Silvia Carrillo

Infografías extraídas del informe “Género y tiempo: ¿en qué invierten las horas las catalanas y los catalanes?” de Mireia Duran y Silvia Carrillo

La encuesta a la juventud de Cataluña en 2012, la última que se ha hecho en esta materia, apunta que en las mujeres jóvenes, más nivel educativo se traduce en menos horas dedicadas al hogar, en cambio con los hombres jóvenes pasa el contrario, además nivel de estudios, más responsabilidad en las tareas. Aun así, Duran y Carrillo analizan también el impacto que el nivel de estudios y de ingresos económicos tiene en la reducción de la dedicación al hogar a partir de la externalización de servicios, mayoritariamente a mujeres y a menudo con menos ingresos, entre otras mujeres migrantes.

En cuanto al consumo de bienes, productos y servicios, según la encuesta a la juventud de Cataluña que recoge el informe de Mireia Duran y Silvia Carrillo, también son las mujeres quienes cargan con la responsabilidad de tener que hacer la compra y el sostenimiento logístico del hogar. En horas y minutos, las mujeres dedican una media de 32 minutos diarios, los hombres pero, solo 22.

Tareas y carga mental, ¿cuál es la diferencia?

A pesar de que la sociedad avanza hacia un mundo más feminista desde varios ámbitos y perspectivas, la distribución de las tareas del hogar y la cura de la familia no termina de ser igualitaria, todo y la mejora y la concienciación por parte de los hombres. Además, y si bien es cierto que cada vez son más hogares los que comparten tareas de forma equitativa, son muchas también las mujeres que se dan cuenta que no basta con el reparto del tiempo y aparece la carga mental.

La periodista Elisenda Rovira ha compartido algunas reflexiones que deja claro que recoge no solo de experiencias personales sino de conversaciones con amigas y mujeres de su entorno. Uno de los momentos cruciales, según Elisenda, en que se acentúan las diferencias en parejas heterosexuales es cuando llegan los niños, “la maternidad tiene una parte muy importante de logística y la logística es una cosa que acostumbramos a asumir las mujeres; y cuando hablo de logística hablo de carga mental”. Sin embargo, Rovira asegura que esto no es solo una cosa que afecte las mujeres en el ámbito familiar sino que, por ejemplo, también se da en el mundo laboral en cuanto que seguimos asumiendo las tareas de coordinación, planificación, organización, anticipación. Sobre maternidad y carga mental, Elisenda tiene claro que la palabra clave es la anticipación; “somos nosotros las que tenemos que estar preparadas por las cosas que pueden pasar; quienes no salimos de casa sin pañuelos, pañales o agua, las que calculamos cuando encender la lavadora porque necesitamos tener limpios las sábanas de la guardería, programar las visitas al médico, tener en mente las vacunas puestas y para poner, tener verdura a la nevera porque mañana llego tarde o comprar una chaqueta antes de que llegue el frío”.

“Cuando intento pensar en las causas de todo esto, sé que hay una parte de educación, pero también hay una parte muy importante de sanción social”

Estas situaciones, asegura la periodista, se dan en contextos de parejas heterosexuales donde hay ciertos discursos asumidos como el reparto del 50% de tareas del hogar, el rechazo a comportamientos machistas y el apoyo a la igualdad. Aun así, Rovira se reafirma en que la carga mental es una de las fuentes de desigualdad más importante y que habría que trabajar para llegar a cuantificar todo este trabajo organizativo que no responde a una dedicación concreta en cuanto a tiempo. “Cuando intento pensar en las causas de todo esto, sé que hay una parte de educación, pero también hay una parte muy importante de sanción social”, explica Rovira, “si mi hijo no va disfrazado en la escuela el día que toca, la sanción social para mí será más fuerte porque somos las mujeres las que nos preocupamos de estas cosas. Lo mismo pasa si viene gente a casa y algo no está limpio, somos nosotras las que días antes planeamos estas cosas, para ellos esta sanción no es tan grande”.

Navidad, el punto álgido de la desigualdad

Si las mujeres, durante todo el año, asumen carga mental, “en Navidad explota”, dice Elisenda, “son momentos de interacción social, de comidas y de regalos, regalos que también son curas y todo esto son cosas que asumimos las mujeres y que en Navidad se multiplican”. La gestión de fiestas empieza, de hecho, con el calendario familiar, cuadrar las visitas y las diversas ramas de ambas familias son tareas que asumen las mujeres. Después, “ya no es solo quien cocina, es quien compra la comida, la bebida, quien piensa las comidas, quienes recuerdan que hay una persona vegetariana, etc.”

Sumar los regalos, además, no es solo una cuestión de quien los compra, sino “sobre todo de quienes los piensan y de quién se pone de acuerdo con quién para ver qué hacemos para el Tió, qué regalamos con los hermanos al padre o la madre, qué regalamos a la familia”, y añade, “quién se anticipa a todas estas cosas y además mira de dejar entrever qué quiere por ella misma facilitando incluso el hecho de pensar el regalo que le hagan a ella”, concluye Rovira.

¿Por qué es importante analizar los usos del tiempo con perspectiva de género?

Según Silvia Carrillo, autora del informe, analizar los usos del tiempo es interesante como dimensión igualitaria; “cada día tiene 24 horas y esto es igual para todas las personas. Es igual tu género, origen o momento del ciclo vital, por eso es un baremo igualitario”, explica. Visto con perspectiva de género, vemos que las mujeres dedican más parte de su tiempo a todas aquellas tareas no remuneradas vinculadas a tareas domésticas y de curas.
“El primer sesgo lo encontramos en el hecho que el trabajo remunerado es gratuito”, continúa, “y se trata de tareas poco visibles, que se consideran poco relevantes socialmente, que no dan acceso a derechos como sí que lo hace el trabajo remunerado, aunque estemos hablando de tareas esenciales para nuestro día a día”. La autora asegura que no repartir las tareas de forma equitativa hace que continuamos reproduciendo desigualdades de género.