Esther Vivas: “La soberanía alimentaria de los bebés reside en tomar el pecho”

Hablamos con la periodista Esther Vivas, colaboradora de "Opcions", que acaba de publicar el libro "Mama desobediente".
Esther Vivas. Mamá desobediente

Esther Vivas ha dedicado los últimos tres años a documentarse y reflexionar –desde su feminismo– sobre la maternidad. En el libro Mamá desobediente (Capitan Swing) comparte el fruto de este trabajo y también su experiencia personal. Las trabas para poder ser madre, la medicalización del parto y la violencia obstreticia, la estigmatización de la lactancia materna… La obra es una invitación a politizar la maternidad y una reivindicación de los roles maternos que rompen a la vez con las imposiciones patriarcales y las lógicas capitalistas. Hablamos con ella sobre al mercantilización de la lactancia materna y las implicaciones sociales de los modelos de crianza intensivos.

En Opcions ya nos habías hablado de los beneficios de la lactancia materna desde un punto de vista ecológico. Por qué es más sostenible amamantar que dar el biberón?

Mi crítica a la lactancia artificial no va contra la decisión que puede tomar cada madre, porque las mujeres hacemos lo que podemos, cada una con sus circunstancias. Mi crítica es hacia al negocio que hay detrás de la lactancia artificial, porque nos han hecho creer que es una opción equivalente a la lactancia materna cuando no es así.

Desde un punto de vista ambiental, la leche materna es el alimento más Km0 que puede tener un bebé. Es más sostenible porque no requiere otro insumo que la alimentación de la mujer. Es el alimento más saludable. Permite plena autonomía como mujer. La lactancia artificial es la antítesis de todo esto. Como madres nos hace dependientes de un alimento que se tiene que producir de manera externa.

Mi pregunta es, si ya tenemos el mejor alimento para el bebé, porque se recurre a la lactancia artificial? Mi respuesta es que hay intereses económicos que hacen negocio con la lactancia artificial, que desde un punto de vista ambiental tiene un impacto negativo: implica que hay un proceso de producción, hacen falta vacas que consumen pienso y agua y que generan un impacto ambiental. La lactancia artificial puede ser insustituible en algunas circunstancias. El problema llega, desde mi punto de vista, cuando esta lactancia artificial se acaba dando y no es necesaria.

La soberanía lactante es el primer acto de soberanía alimentaria que podemos hacer

En el libro introduces el concepto soberanía lactante.

La soberanía lactante es el primer acto de soberanía alimentaria que podemos hacer. La soberanía alimentaria implica la capacidad de decidir qué se produce y qué se come. La soberanía lactante es un acto de control sobre aquello que se da de comer a los más pequeños. La soberanía alimentaria de los bebés residen en tomar el pecho porque la leche materna es el alimento más adecuado para ellos. No es el punto de vista que se acostumbra a utilizar para defender la importancia de la lactancia materna, pero en realidad, la alimentación de muchos bebés también viene determinada por los intereses de la agroindustria, como la alimentación de los adultos. Toda la ofensiva de la década de los setenta, en la cual se afirmaba que dar el biberón era igual o mejor que dar la teta es un buen ejemplo de esta ofensiva de los intereses de la agroindustria en la alimentación temprana. Todo esto, por suerte, ha ido cambiando y cada vez más se fomenta la leche materna, pero todavía hay unos intereses claros del sector.

Quién son estas grandes empresas que se benefician de la lactancia artificial?

Detrás el negocio del biberón hay los mismos que hay detrás del negocio de la comida. Si ponemos nombres y apellidos vemos que a menudo coinciden. Grandes multinacionales como Nestlé, Danone… que condicionan el modelo alimentario de muchas personas. Está claro que el que mueve estas empresas son sus intereses económicos y la búsqueda del máximo beneficio.

En el libro Mamá desobediente explicas como estas empresas tienen vínculos estrechos con asociaciones de profesionales sanitarios. Hasta qué punto pueden condicionar o han condicionado el discurso médico sobre la lactancia artificial?

Son las amistades peligrosas entre la industria de la leche de fórmula y una parte del sector sanitario. Asociaciones tan significativas como la Asociación Española de Pediatría (AEP) tienen como principal financiador la industria de la lactancia artificial. Todo esto pone en cuestión su independencia en relación con esta industria. De hecho, esto ha generado tensiones dentro de la misma AEP. En concreto, con el Comité de Lactancia Materna que, en más de una ocasión, una buena parte de sus miembros han dimitido para mostrar que la AEP tenía una relación demasiada estrecha con la industria de la lactancia artificial. A menudo, por parte de las asociaciones de profesionales sanitarios se justifica esta relación por la falta de fondos públicos. Lo que pasa es que la alternativa no puede ser depender económicamente de la industria privada, que puede acabar determinando tu discurso en relación a estas prácticas.

Ha llovido mucho desde que en los años setenta Nestlé introdujo la leche artificial en países empobrecidos, creando problemas de malnutrición en la población infantil. Hasta qué punto estas prácticas todavía se reproducen?

La campaña que hubo contra Nestlé en aquel momento tuvo un impacto internacional muy importante. Nos puede parecer que toda aquella ofensiva de la industria de la leche de fórmula, ya no solo a los países del Norte, sino también en países del Sur, instando las madres a dar el biberón forma parte del pasado porque aquí sí que vemos que ha habido una apuesta, al menos justo después del parto porque las madres amamanten las criaturas. Pero a pesar de este cierto cambio de tendencia, las políticas de la industria de la leche de fórmula continúan, muchas veces, para intentar sostener que su leche es equivalente a la leche materna. Y utilizan estrategias, como la que comentábamos de financiar asociaciones de profesionales, para introducir la leche de fórmula en la primera infancia. Todo esto tiene un impacto mucho más grave en los países del Sur, porque en determinadas situaciones las condiciones de pobreza hacen que cuando estas madres tienen que preparar la leche de fórmula lo tengan que hacer con una agua que quizás está contaminada y esto genera dolencias a los bebés.

En qué medida dar el pecho es anticapitalista?

Porque es una práctica al margen del mercado. Al margen de los intereses de las grandes empresas. Los beneficios de la lactancia materna implican un bienestar para el bebé y la madre que redundan en un beneficio para el conjunto de la sociedad. Además, la lactancia materna necesita un entorno que lo favorezca que justamente es contrario a la lógica del mercado y a la lógica que impone el sistema capitalista. De hecho, las dificultades que hoy tiene la lactancia materna es porque topamos con los intereses del sistema capitalista, con una lógica de producción, distribución y consumo que ningunea los cuidados y la vida. Si tenemos dificultad para dar el pecho es porque hay un mercado de trabajo que es incompatible con poder dar la teta. Es enemigo de la maternidad y la lactancia.

Las dificultades que hoy tiene la lactancia materna es porque topamos con los intereses del sistema capitalista, con una lógica de producción, distribución y consumo que ningunea la cura y la vida

Se acusa la lactancia materna de reforzar los roles maternos patriarcales, y de hecho, como tú misma explicas al libro, esta reivindicación de volver a la lactancia materna está muy asociada, en sus inicios, a ámbitos más conservadores. Hay espacio para una lactancia materna sin hacer el juego al patriarcado?Esther Vivas. Mamá desobediente

La lactancia materna es una de las prácticas vinculadas a la maternidad donde biología y cultura se entrelazan. En el hecho de dar el pecho hay un hecho biológico pero también un elemento cultural muy importante. Este elemento incomoda a una parte del movimiento feminista. Porque se considera que aceptar la vertiente biológica del la maternidad, vinculándola a la lactancia materna es hacer el juego a determinados sectores de la derecha. Porque la derecha ha patrimonializado en beneficio propio todo aquello que tiene que ver con la maternidad desde un punto de vista conservador, utilizando la maternidad como un instrumento de control del cuerpo de las mujeres. El reto por parte de la izquierda y de los feminismos es mirar la maternidad, y la lactancia materna en concreto, desde una perspectiva emancipadora, antagónica al discurso de la derecha más conservadora. Porque en definitiva gestar, parir y dar el pecho son prácticas fundamentales para la reproducción humana donde la mujer tiene un papel central pero que han sido ninguneados. Hay que darles el valor que tienen, desde una perspectiva feminista.

El reto por parte de la izquierda y de los feminismos es mirar la maternidad, y la lactancia materna en concreto, desde una perspectiva emancipadora

Dar la teta no tiene por qué significar que te quedes en casa, con la criatura, que cuides en soledad. Puede significar todo el contrario. Porque en definitiva, el problema con la crianza no tiene tanto a ver con si se da la teta o el biberón como con el modelo de maternidad que nos han impuesto y el modelo de ciudad que es hostil a la crianza. Cuando yo nací, en los setenta, lo que era habitual era dar el biberón y no por eso las mujeres estaban más emancipadas que hoy. En definitiva, vivir una maternidad más feminista o más emancipada no depende que des la teta o el biberón. Depende de otros factores. Más allá de esta reflexión, dar la teta, permite una autonomía sobre la alimentación que no tienes con el biberón.

La lactancia materna a menudo va asociada a otras prácticas, como llevar mucho los bebés encima y que no duerman solos.

En un inicio, todo el que fueron estas prácticas de maternidad con afección estuvieron vinculadas a asociaciones más conservadoras, de derechas. Pero todas estas prácticas, a lo largo de la historia, han sido bastante generalizadas. En las sociedades occidentales se habían ido abandonando para adaptar la maternidad a los intereses del capitalismo. Hoy vivimos un surgimiento de iniciativas que reivindican otra maternidad (grupos de crianza, de apoyo a la lactancia materna…), unas prácticas maternas y de crianza al margen de los intereses del patriarcado y del capital. No lo hacen desde una óptica conservadora, lo hacen desde una óptica de plantear prácticas alternativas con la crianza en relación al mercado. No es una estrategia defensiva, se están planteando alternativas.

Vivimos un surgimiento de iniciativas que reivindican otra maternidad, al margen de los intereses del patriarcado y del capital

A menudo el límite de estos movimientos es que acaba quedándose en las clases medianas, con un determinado poder adquisitivo. El reto seria que estas prácticas fueran accesibles al conjunto de la población. Que criar y cuidar no sea un privilegio, que pueda ser un derecho. Porque ahora es difícil mantener la lactancia materna si a los cuatro meses te tienes que reincorporar al trabajo y solo lo puedes alargar con una excedencia.

Hasta qué punto, estas decisiones individuales de optar por una crianza intensiva condicionan las trayectorias profesionales y, si se generalizan, pueden acabar dificultando la equidad de género dentro del mercado laboral?

Por un lado, a la hora de mirar las prácticas maternas, es importante no hacerlo desde un punto de vista individual, sino colectivo. Porque a menudo las decisionss que tomamos a veces no vienen tan determinadas por lo que una madre quiere hacer sino por o que puede hacer. El contexto es hostil a un modelo de lactancia materna y a una crianza con afección.

El problema no es la maternidad, es el mercado de trabajo

Por otro lado, esta hostilidad puede traducirse en una penalización en el mercado laboral por la maternidad. La pregunta a plantearnos es ¿qué tenemos que hacer porque el mercado de trabajo no siga penalizando y qué medidas tenemos que tomar? El problema no es la maternidad, es el mercado de trabajo. La mirada siempre es que el problema es tener criaturas y cuidarlas. Esto penaliza. La culpa en todo caso lo tendríamos que cargar en un mercado de trabajo que es hostil a unas prácticas que son esenciales para la reproducción humana.

En el libro Mamá desobediente planteas que hay que politizar la maternidad para convertirla en un proyecto emancipador. Cuál es la vía que propones?

Pasa po darle esta perspectiva feminista y emancipadora. Romper con la lógica de la maternidad patriarcal de la madre abnegada y también con la alternativa que nos han planteado, que es la supermadre que llega a todo y que está dispuesta al 100% para el mercado de trabajo, que supedita la crianza al mercado. Hay que romper con estas maternidades impuestas. La maternidad, al final, no es una cosa solo de las mujeres. La maternidad, entendida como el cuidado de los niños, es una responsabilidad de madres y de padres.

Al mismo tiempo, hay que visibilizar las prácticas maternas (el embarazo, el parto, el pecho, criar…). Politizar la maternidad pasa por darles el valor que han tenido y que tienen a nivel social, político y económico. Sin caer en una idealización.


Laia Tresserra

Directora de Opcions