¿Lavar a mano o con lavavajillas?

¿Qué es más eficiente? ¿Qué aspectos hay que tener en cuenta para reducir y optimizar el uso de energía y agua?

En el camino hacia una nueva cultura energética, y en paralelo al rol impulsor, imprescindible, que deben jugar la administración pública y el sector privado, hay un conjunto de pequeñas medidas cotidianas que las consumidoras pueden llevar a cabo en el ámbito del hogar, orientadas al ahorro y la eficiencia. Medidas que permiten reducir los gastos económicos derivados del uso de la energía y, al mismo tiempo, proteger el medio ambiente. Esta transición implica replantearse acciones que, a menudo, se realizan de manera automatizada, y transformar nuestros hábitos de consumo. Darse cuenta de que, para cualquier actividad que realizamos, utilizamos recursos que provienen de la naturaleza y que, por lo tanto, hay que hacer un uso responsable y consciente. Porque somos seres ecodependientes.

 

¿A mano o con lavavajillas?

Lavar la vajilla es uno de estos hábitos diarios que, en función de cómo se haga, tendrá un efecto determinado en el uso energético y del agua. Desde el punto de vista del ahorro de agua, varios estudios muestran que lavar con un lavavajillas con la etiqueta de máxima eficiencia energética es más eficiente que hacerlo a mano, ya que se consume hasta ocho veces menos agua. Sin embargo, se pueden seguir estrategias para aprovechar el agua del grifo y reducir mucho esa cantidad.

Además, a la hora de calcular el impacto energético de utilizar el lavavajillas, estos estudios no tienen en cuenta el gasto energético y de recursos que supone su fabricación y transporte, es decir, el camino que ha recorrido para llegar a los hogares y el que recorrerá una vez termine su ciclo de vida. A menudo, los residuos eléctricos no se reciclan de manera adecuada y terminan en vertederos descontrolados en países de Asia o África. Por eso vale la pena reparar el lavavajillas si se estropea o plantearse la adquisición de un lavavajillas de segunda mano, ya que tendrá un impacto ambiental mucho menor que comprar otro.

Otro inconveniente de los lavavajillas es que, generalmente, utilizan programas de agua caliente, mientras que lavando a mano se puede regular la temperatura en cada momento y priorizar las temperaturas bajas siempre que sea posible. También requieren el uso de productos como sal, antical y abrillantador que, en cambio, el lavado a mano permite ahorrar. En cualquier caso, tanto si se lava a mano como con lavavajillas, es importante utilizar detergentes ecológicos.

Según fuentes de Ecoserveis, una asociación especializada en el asesoramiento sobre eficiencia energética y energías renovables, «la respuesta dependerá de cómo se utilice el lavavajillas o como se laven los platos a mano: si hay que lavar pocos platos y se puede hacer con agua fría, es preferible lavar a mano. En cambio, si a menudo hay que lavar muchos platos, utilizar el lavavajillas hará que se optimice el uso de agua y energía «. Así, partiendo del impacto extra -derivado de la producción y distribución- del lavavajillas, hay que valorar cuál es la opción más eficiente para cada hogar, teniendo en cuenta los siguientes consejos.

 

Consejos para lavar a mano

Lavando a mano se evita la generación de residuos innecesarios (si se utilizan jabones ecológicos). Para hacerlo de forma eficiente, es necesario:

Utilizar recipientes

Un grifo de cocina abierta consume entre cinco y diez litros por minuto y, en la mayoría de casos, buena parte del agua se desperdicia. Utilizando un recipiente para enjabonar y otro para enjuagar, se pueden ahorrar hasta 115 litros de agua, según Ecologistas en Acción.

Cerrar el grifo

Es importante no dejar correr el agua inútilmente y cerrar el grifo mientras se enjabona.

Incorporar dispositivos reductores del caudal

Estos aparatos se enroscan en el grifo y reducen el consumo de agua hasta la mitad. Si hay que cambiar los grifos, es recomendable ponerlos monomando: permiten regular al mismo tiempo el caudal de agua y la temperatura.

Temperatura baja

Cuanto más fría esté el agua, menos energía se consume.

 

Decálogo para el uso eficiente del lavavajillas

Para los casos en los que el lavavajillas sea imprescindible, es recomendable comprar un aparato que se ajuste a las necesidades de cada consumo, apostar por aparatos de calidad y durables y repararlos siempre que sea posible, con el fin de alargar su vida útil. Para minimizar el impacto ambiental del uso del lavavajillas, o para valorar la adquisición de un aparato u otro, hay que tener en cuenta estos aspectos:

1. Clase A+++

Los lavavajillas de clase energética A +++ consumen un 30% menos de energía que los aparatos de clase A. A pesar de que su coste es más elevado de entrada, el ahorro energético permite amortizar el gasto en poco tiempo. En promedio, los lavavajillas de clase A +++ utilizan una media de entre diez y quince litros de agua por carga. Esta cantidad aumenta de manera considerable, hasta cuarenta litros por uso, con lavavajillas antiguos y menos eficientes.

2. Temperatura baja

Si la vajilla no está muy sucia, es recomendable priorizar los programas de lavado de baja temperatura ya que, cuanto más baja sea la temperatura, menor será el consumo de energía. Los programas ecológicos, normalmente, implican un consumo menor de agua y energía, aunque el tiempo de lavado se alargu

3. Reducir el gasto del agua

Fregar los platos con una esponja o una espátula antes de introducirlos en el lavavajillas permite eliminar los restos sólidos y reducir la necesidad de utilizar programas más potentes, de alta temperatura. Es importante no sacar los restos con agua del grifo, ya que supondría un doble gasto de agua.

4. Controlar el tiempo

Los programas de lavado rápido no siempre son los más eficientes, ya que suelen utilizar agua caliente y pueden gastar mucha en todo el proceso, mientras que los programas largos no siempre están activos, se detienen y utilizan menos agua. Es importante consultar la tabla de consumos del libro de instrucciones del lavavajillas, para elegir el programa más eficiente.

5. Capacidad adecuada

Es recomendable no comprar lavavajillas (ni electrodomésticos en general) excesivamente grandes si no son necesarios ya que, por muy eficientes que sean, necesitarán más energía que los más pequeños.

6. Producción local

Comprar un electrodoméstico fabricado localmente, o lo más cerca posible, hará que se eviten las emisiones derivadas de su transporte y, por tanto, se reduzca el impacto ambiental de la actividad.

7. Aprovechar la carga

Hay que llenar el lavavajillas antes de utilizarlo (pero sin que los utensilios se toquen), para reducir el número de veces que se utiliza.

8. Apagar el aparato

Es conveniente apagar el lavavajillas manualmente cuando no se use porque, de lo contrario, queda en estado de espera y continúa consumiendo energía. Aproximadamente, los aparatos en estado de espera consumen entre diez y quince vatios por hora.

9 Prescindir del secado

El ciclo de secado de la vajilla implica un uso innecesario de energía. Es recomendable optar por programas sin secado y secar la vajilla abriendo la puerta del lavavajillas una vez haya terminado el programa, dejando salir el vapor de agua durante diez minutos. El agua se evaporará y, en cuestión de minutos, la vajilla estará seca.

10. Energía verde

Contratar la luz a una cooperativa de energía verde y ajustar la potencia contratada a las necesidades del hogar. De este modo, se fomenta el ahorro energético, el uso de energías renovables y un modelo de servicio no ligado a las grandes corporaciones del sector eléctrico, con más transparencia y participación ciudadana.


Laura Solé Martín

Redactora de Opcions