Funerales sostenibles: féretros, flores y mucho más

El material del ataúd, el origen de las flores, el papel de los recordatorios... Analizamos qué opciones tenemos para reducir el impacto de las ceremonias de despedida.
Funerals sostenibles. Féretre amb flors.

No escogemos cómo será nuestro nacimiento, pero sí podemos decidir cómo queremos que sea nuestro funeral, para no dejar un legado de contaminación a las generaciones que nos siguen. La elección entre la incineración o el entierro es la primera que tendremos que afrontar, pero hay otros que también condicionan la huella ambiental de un funeral.

Los árboles nos acompañan hasta el final

Después del difunto, el féretro es el siguiente protagonista en un funeral. Su forma, ornamentos, color, variedad de la madera, pueden reflejar la personalidad del difunto. Especialmente en servicios de cremación, la corta vida útil de la caja y la cantidad de combustible fósil necesario para quemar entre 40 y 60 kilos de madera harían recomendables otros materiales. Pero hoy es difícil acceder a féretros de cartón, mimbre o algodón, disponibles en otros países. Aunque la legislación funeraria no prohíbe el uso de materiales diferentes de la madera para fabricar féretros, la oferta es anecdótica.

La cantidad de combustible fósil necesario para quemar entre 40 y 60 kilos de madera harían recomendables otros materiales

A pesar de estas restricciones, podemos elegir aspectos del féretro7 que incorporen un compromiso con las generaciones futuras y sean coherentes con nuestros valores. La Fundación Tierra creó un distintivo de excelencia ambiental (EcoTerra Label) para distinguir féretros que cumplían ciertos requisitos. Si consideramos la huella ecológica de un ataúd, lo primero que se debe valorar es la madera con la que se ha elaborado. Hay ataúdes manufacturados con madera certificada, por ejemplo por el sello fsc, que avala que esa madera ha sido extraída de bosques gestionados de manera sostenible, que no han sido desforestados ni sobreexplotados.

También podemos tener en cuenta el origen de la madera para reducir la distancia que ha tenido que recorrer hasta llegar a nuestro funeral. El transporte de tablones de pino catalán o álamo francés habrá generado menos emisiones y contaminación que si optamos por un féretro elaborado con madera tropical africana o paulonia china.

Además de las certificaciones y la proximidad, podemos valorar si queremos que nuestro féretro incorpore barnices embellecedores, tejidos sintéticos en el tapizado o decoración en el exterior. Especialmente si optamos por la incineración, pero también en caso de la inhumación, cuanto más naturales sean los materiales, menor será también su impacto ambiental.

 

Flores del quinto pino

Durante el funeral, las muestras de apoyo a la familia pueden manifestarse en expresiones de pésame como las flores. Desgraciadamente, la mayoría de coronas funerarias y centros de flores que se comercializan aquí contienen rosas, claveles, gladiolos, azucenas o crisantemos, variedades que sobre todo se importan de invernaderos de los Países Bajos y Colombia; un largo trayecto emitiendo gases contaminantes.

Además, las coronas y centros florales incorporan en su interior estructuras de plástico para dar forma al ornamento. Estas estructuras plásticas, con alambres de sujeción, grapas y cintas con dedicatorias, dificultan mucho la separación de la materia vegetal, de forma que ni rosas, ni claveles marchitos entran al circuito de recogida selectiva que permitiría compostarlos.

Y todavía hay más: para mantener las flores frescas, al colocarlas en la corona o en el centro, habitualmente se clavan en un material esponjoso que retiene la humedad. Esta espuma floral es un producto fabricado con una base de plástico no biodegradable que puede contener compuestos tóxicos: sulfatos de bario, formaldehído y negro de carbono. El contacto con algunas de estas sustancias está reconocido como riesgo laboral porque son cancerígenas por exposición prolongada, inhalar su polvo causa problemas respiratorios, y todos los tóxicos se trasladan al agua que retiene.

Si deseamos que nuestra última celebración tenga cierta coherencia ambiental, las flores de nuestro sepelio tendrían que ser flores de cultivos de proximidad y, si puede ser, de agricultura ecológica. También podemos cosechar flores de nuestro jardín, si tenemos, o del entorno natural, si es temporada y las tenemos cerca. Otra opción podrían ser ramos de nuestras flores favoritas colocadas en jarrones. Al final del velatorio, los familiares podrían llevarse estos ramos de flores como recuerdo o depositarlos en el cementerio. Y si todavía queremos dar un paso más, podemos elegir plantas vivas: pequeñas macetas con plantas autóctonas y de temporada. Servirían como decoración en la sala del tanatorio pero también como detalle para ofrecer a los asistentes del sepelio, a modo de recordatorios, sustituyendo la tradicional tarjeta. La empresa Limbo Europe desarrolló en 2017 Green Memory, una estructura de corona funeraria que permite colocar dieciséis macetas de plantas vivas que al final de la ceremonia se entregan a familiares y amigos. También existen urnas funerarias de cartón o de sustrato orgánico con aglutinantes vegetales que incorporan semillas para que crezca un árbol a nuestra memoria.

¿Qué es un ecofuneral?

El impacto ambiental de un servicio funerario se mide en kilos de CO2eq y en la huella ecológica que dejan los productos que participan. Pero un funeral ecológico va más allá de reducir los efectos negativos sobre el medio; busca enmarcarse en una visión de regreso al sentido natural del ciclo de la vida y la muerte.

Una legislación restrictiva, el inmovilismo del sector funerario y la escasa demanda dificultan que exista una opción simétrica al natural burial

La palabra «ecofuneral» todavía no existe en el diccionario. Es la palabra que empleamos para traducir lo que en los países anglosajones denominan green burial, natural burial o eco-friendly funeral. La esencia de un green burial reúne naturaleza y simplicidad. Son ceremonias que rechazan la visión protocolaria y urbana de un funeral tradicional a favor de una mirada más informal y enfocada en el regreso a la naturaleza. Se celebran en medio de un bosque y no entre hileras de nichos. No es la lápida de la tumba la que conmemora la vida vivida, sino la belleza del entorno que la acoge.

De momento, en nuestro país se emplea funeral ecológico o ecofuneral para definir aquellas prácticas que durante un sepelio nos permiten reducir el impacto ambiental de los productos y servicios que intervienen. Una legislación restrictiva, el inmovilismo del sector funerario y la escasa demanda dificultan que exista una opción simétrica al natural burial. Ahora bien, sí que podemos informarnos del impacto que provoca en el medio ambiente cada una de las opciones que tenemos.

 

 

Los 9 principios ecofuneral

Hay muchos productos funerarios sobre los que podemos incidir: el papel clorado de los recordatorios, el saco de recogida del difunto, los productos de tanatopraxia, la ropa, el transporte, etc. Han liderado el camino hacia los funerales naturales entidades como el Natural Death Center en el Reino Unido o Green Burial Council en los Estados Unidos de América. En todo caso, las innovaciones ambientales en materia funeraria están condicionadas por la normativa vigente en cada país.

Aquí, algunas iniciativas han tratado de abrir el debate y abocar luz sobre el sector funerario. Un ejemplo fue la monografía “Ecofunerals” de la revista Perspectiva Ambiental, publicada por la Fundación Terra en 2005 con el apoyo de Serveis Funeraris de Barcelona. En 2011, la misma Fundación Terra firmaba un convenio con el grupo funerario Mémora y la aseguradora dkv para desarrollar el concepto ecofuneral en el Estado. El convenio cristalizó en la creación de una certificación (SFE 07:02) que avalaba el excelencia ambiental de los servicios funerarios que cumplían unos requisitos y la creación de un producto asegurador de decesos llamado “DKV Ecofuneral”, que actúa como palanca de innovación entre los proveedores funerarios de dkv Seguros.

En 2015, para dar un nuevo marco a las acciones que se iban sumando bajo el concepto ecofuneral y reducir la exigencia de la Certificación SFE 07:02, que solo llegó a ser adoptada por una funeraria (Mémora Barcelona), Fundación Terra estableció los “9 principios para la celebración de un ecofuneral”. Estos principios se han convertido en el referente en el Estado español para guiar un sepelio funerario de bajo impacto ambiental

1. Principio de reducción de residuos

Para disminuir los residuos que se generan durante un funeral se pueden evitar productos prescindibles, como recordatorios impresos y ornamentos. También los productos que no se pueden reciclar directamente porque están compuestos por varios materiales.

2. Principio de reducción de componentes artificiales no biodegradables

Optar por incorporar la mayor proporción de productos naturales evitando materiales de síntesis artificial. Los materiales tendrían que provenir de recursos naturales renovables, como la madera, o de recursos minerales disponibles de forma poco limitada, como la sal (se pone en algunas urnas solubles en agua).

3. Principio de incorporación de productos de proximidad

El “kilómetro cero” se puede aplicar a las materias primas de los productos para reducir las emisiones asociadas al transporte, a la conservación o la necesidad de embalaje protector. Por ejemplo, se pueden elegir féretros de madera peninsular y rechazar las flores de importación.

4. Pincipio de reducción de productos químicos tóxicos

Los productos tendrían que evitar contener o incorporar en su proceso de fabricación sustancias peligrosas para el medio ambiente o para la salud. Por ejemplo, sustancias con tóxicos cancerígenos en productos de tanatopraxia o espuma floral en los ornamentos vegetales.

5. Principio de reducción del consumo de energía no renovable

Las instalaciones donde se celebra un ecofuneral tendrían que hacer un uso eficiente de la energía e incorporar energía renovable.

6. Principio de incorporación de materiales naturales certificados

Priorizar el uso de materiales de origen natural que tengan una certificación ambiental reputada y verificada por un auditor independiente.

7. Principio de reducción de emisiones contaminantes

En especial, en los servicios de transporte asociados (féretro, difunto y acompañantes). A menor cantidad de vehículos de combustión desplazándose, menor cantidad de emisiones se generarán. También en los dispositivos de eficiencia en la incineración y control de emisiones presentes en los crematorios.

8. Principio de simplicidad

Promover la simplicidad evita productos y servicios superfluos. También ayuda a centrar nuestra atención en aquello significativo y emotivo. Este principio pone especial acento en una visión moderada del uso de ornamentos o decoración.

9. Principio de experiencia

En un ecofuneral se promueve el valor de la experiencia desde un enfoque vivencial, persiguiendo la idea de un funeral sentido. Durante el sepelio se facilitan oportunidades para participar y espacios para compartir. El objetivo es favorecer la vivencia del luto desde el sentimiento de comunidad y de la muerte como una parte natural de la vida.

 

Llevar la coherencia hasta el final

Hay quien interpreta que cuanto más rosas haya, cuanto más ostentoso sea el féretro, cuanto más coches desfilen en el cortejo, más estamos honorando a la figura del difunto. Pero el coste económico del servicio funerario no es una traducción directa del amor que sentimos por la persona que se ha muerto. Un funeral que refleje la identidad de la persona difunta y que plasme los mensajes que ha legado es, sin duda, una celebración más significativa para honrar su vida que contratar decenas de Mercedes.

Un mal recuerdo de la ceremonia funerària dificulta el proceso de luto posterior

Pero cuando se muere una persona, las decisiones se tienen que tomar tan rápidamente que nos vemos arrastrados a adquirir servicios funerarios tradicionales, predefinidos y estándares que, con algo más de sincera y pausada reflexión, quizás no escogeríamos. La prisa del servicio funerario sería otro tema de debate. Hay familias que piden la máxima celeridad, pero también se puede conservar temporalmente en refrigeración el cuerpo del difunto para ofrecer más tiempo a la familia para decidir como desea que sea la despedida.

Dicen los psicólogos que un mal recuerdo de la ceremonia funerària dificulta el proceso de luto posterior. Por eso, planificar nuestro funeral es uno de los actos más significativos que podemos legar a nuestra familia, porque en un momento de prisas y de emociones agobiantes no tengan que darle vueltas a qué ceremonia hubiéramos preferido.

Dejar por escrito una reflexión podría guiarlos para organizar un sepelio con nuestros valores y los suyos. ¿Qué preferirían los asistentes a nuestro funeral: un coche de acompañamiento extra o un cuarteto de cuerda? ¿Qué les reconfortaría más: recordatorios de papel clorado que acabarán en algún cajón o un catering en el tanatorio que invite a conversar?

Pero para poder reflexionar sobre el propio funeral hay que esquivar el tabú de la muerte, que tanto nos bloquea. Quizás la “visión ecofuneral” puede contribuir a ello: los productos funerarios naturales nos ayudan a superar el tabú de la muerte haciendo presente, en ellos mismos, el ciclo natural de la vida. Y también nos ayudan a personalizar el sepelio y llenar de coherencia ambiental el legado para las generaciones que nos seguirán. Incluso puede ser que, si consiguiéramos celebrar un funeral tan coherente como bonito, la última escena de una vida no faltara nunca en los álbumes de fotos familiares.


Marta Pahissa Espluga

Marta Pahissa Espluga

Ambientóloga experta en ecofunerales


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