Banca ética

Una banca para el cambio

"Aunque pueda parecer un oxímoron, existen bancos éticos o con valores, y depositar nuestro dinero en ellos es una herramienta potente de transformación social y medioambiental"
13 de abril, 2023

La banca desarrolla una labor imprescindible y el dinero es un posibilitador que puede construir una realidad positiva o negativa, según cómo se invierta. Pero el sector bancario convencional actual es de los más opacos del mundo y de los menos democráticos. Algo que resulta paradójico si tenemos en cuenta que rige nuestros designios, con sus lucrativos mercados, siendo el epicentro de sucesivas burbujas y crisis (financiera, inmobiliaria, social, ecológica, alimentaria, etc.).

El sector bancario es también un agente clave de la cultura del beneficio sin cuestionamientos éticos, del suicida “crecimiento sin límite” y de unas finanzas deshumanizadas tan desconectadas de la naturaleza como de la economía real. Un modelo incapaz de satisfacer las necesidades de la mayoría y que está lejos del necesario y tridimensional desarrollo sostenible (económico, medioambiental y social). Un modelo que recompensa la codicia, genera miedo, desconfianza y desgracia, salvo para una élite…

En julio 2012, The Economist acuñó el término Bankster (fusión de banquero y gánster) para definir la mala gestión bancaria contemporánea. La crisis de las subprimes; las preferentes; la caída de Lehman Brothers; el escándalo de las unidades Forex; la manipulación del Libor; la malas praxis fiscales del HSBC desveladas por Hervé Falciani; el caso LuxLeaks, con más de 350 corporaciones famosas eludiendo impuestos por Luxemburgo; los rescates bancarios; la corrupción de las cajas patrias; las tarjetas black; los fraudes de tipos de cambio, y otros tantos sucesos revelados los últimos años dejan claro que el juego de palabras de The Economist es acertado.

En 2014, la prestigiosa revista científica Nature publicó un estudio de la Universidad de Zurich sobre si el banquero corrupto nace o se hace, concluyendo lo segundo: “Nuestros resultados contradicen la idea de que los empleados de banca son los más deshonestos per se. En el grupo de control se comportaron de forma honrada. Sólo cuando activamos su rol de banquero mantuvieron una conducta deshonesta”, apuntó Michel André Maréchal, coautor de la investigación, señalando la raíz del problema: “La banca vive en una cultura de deshonestidad”.

Pero, aunque pueda parecer un oxímoron, existen bancos éticos o con valores, y depositar nuestro dinero en ellos es una herramienta potente de transformación social y medioambiental. Al contrario que la banca convencional, no invierten en proyectos que violen los derechos humanos; que participen en la producción o comercialización de armas; que impliquen impacto negativo medioambiental (energías fósiles, nuclear, etc.); que tengan situaciones de explotación laboral y/o infantil; que estén vinculados a juegos de azar; que mercantilicen el sexo; que hagan investigación científica en sujetos débiles o animales; que practiquen la cría intensiva sin criterios de certificación ecológica; que excluyan a minorías; que estén relacionados con regímenes totalitarios; que se vinculen con la industria peletera; que utilicen sustancias peligrosas para la salud; que estén participados por empresas o entes acusados de corrupción, ni que infrinjan la ley, los códigos de conducta o las convenciones internacionales.

En España existen dos entidades así con estatus bancario: Triodos Bank, que opera desde 2004, con más de 219.000 clientes en 2017, y Fiare que lo hace desde 2005, ya con más 2.646 clientes. Otra de las grandes diferencias es su transparencia radical respecto a cada céntimo ingresado y que no invierten en bolsa, ni en economía financiera y/o especulativa. También hay seguros éticos, como los que facilitan Arç y Seryes, que tampoco realizan inversiones peligrosas y tienen el sello EthSi. Un cambio de modelo económico y productivo requiere unas finanzas que contemplen el mundo de una forma menos codiciosa y dañina que la actual. Y nosotros, como consumidores y consumidoras conscientes, con un simple cambio de cuenta (o de seguro) podemos fácilmente apoyar este deseable cambio.

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