Cómo consumir sin que te consuma el tiempo

"Cuando te regalan un reloj, tú eres el regalado".

“Cuando te regalan un reloj, tú eres el regalado”. Esto lo decía Julio Cortázar, novelista, narrador y traductor argentino, en su cuento Instrucciones para dar cuerda a un reloj, donde reflexiona sobre la temporalidad, el paso del tiempo y la inevitable muerte.

Lejos de hacer un ensayo literario, queremos dar 5+1 consejos rápidos que nos ayudarán a llevar una vida más sosegada y humilde, porque el tiempo, por más relojes que llevamos, no está en nuestras manos.

1. Valora bien tus necesidades y consume lo que necesites

La primera clave del consumo consciente nos dice que tenemos que reducir nuestro consumo, siempre que esto sea posible, está claro. Ir a comprar, revisar facturas, hacer cambios en tu consumo diario para consumir mejor, cocinar… requiere tiempo. Pero, antes de hacer todo esto, parémonos a pensar cuáles son nuestras necesidades y cómo las podemos resolver. Quizás nos daremos cuenta de que dedicamos mucho tiempo a unas falsas necesidades.

2. Planifica para optimizar

Si, por ejemplo, planificamos el menú de toda la semana y preparamos una lista de la compra, cuando vayamos a comprar podremos ser más eficientes, podremos ir al grano y, además, evitaremos compras y gastos innecesarios. El tema alimentario; sin emmargo, un clásico, pero la planificación la podemos usar en todos aquellos ámbitos que lo permitan: las compras navideñas, el trabajo, los estudios… Si conseguimos utilizar el tiempo de una manera óptima, a cambio obtendremos más ratos de tiempo libre.

3. Convierte satisfacer una necesidad en un pequeño placer

A veces, cambiar el punto de vista nos abre posibilidades y nos ayuda a ver las cosas de otro modo. Si nos queremos informar antes de consumir, disfrutemos de la investigación y lectura. Si necesitamos algo que nos puede dejar un amigo o familiar, disfrutemos del encuentro y de la oportunidad de vernos. Si tenemos que ir a comprar comida, hagámoslo pensando en que pasearemos por el barrio o municipio y que charlaremos con las tenderas. Y si sois manitas y os gusta el do it yourself, buscad maneras para resolver vuestras necesidades manualmente, haréis los deberes pasando un buen rato.

4. Piensa en el tiempo real de las acciones

Nos ponemos a correr si oímos que el metro se nos escapa; pero el siguiente no tardará más de 5 minutos al llegar. No podemos esperar que el semáforo se ponga verde; pero la realidad es que de media solo tenemos que esperar unos 40 segundos. Estamos mirando una película y, a la vez, mirando Twitter o Instagram. Y todo esto lo hacemos “porque no tenemos tiempo”, porque nos sentimos más hábiles y con la gran capacidad de estar por encima del tiempo y controlarlo.

Es cierto que estas pequeñas acciones nos hacen sentir que aprovechemos más el tiempo. Pero también contribuyen a crisparnos por dentro, como un gusanillo de la madera que nos come por dentro. Correr, ir con prisas o sumarnos a la moda del multi-tasquing no tienen por qué ser buenas compañeras nuestras. Y esto aplica por aquellas tareas rutinarias del día a día, pero también a la forma cómo vivimos y disfrutamos del ocio.

5. La falta de tiempo, es falta de prioridades

No poder dedicar tiempo a “A” significa que este tiempo lo tienes que dedicar -o prefieres dedicar- a “B”. Hay “prioridades” que son menos controlables, como ir a trabajar, alimentarse, tener cuidados de… Pero sí que podemos jugar con otras acciones que nos permiten más flexibilidad y, lo que es importante, capacidad de decidir qué prioridad y, por lo tanto, tiempo, queremos dedicar. Es importante reflexionar sobre qué obligaciones son reales, cuáles son impostadas o si podemos pedir ayuda para no soportar toda la carga. Liberarnos de estas o reducir el peso nos permitirá reordenar la lista de prioridades y reestructurar nuestro tiempo y agenda.

¡Extraball!

Para la gente que sois fans de los números, las gráficas y las estadísticas, podéis hacer un juego: durante un día, cronometráis cuánto tardáis a hacer aquellas acciones que no os gustan, os molesten o sentís que son obligaciones. Cuando acabéis, sacad conclusiones. ¿Qué y cuántas obligaciones tenemos? ¿Realmente dedicamos tanto tiempo a cosas que no nos gustan y necesitamos? ¿Estamos priorizando cosas que no querríamos?


Joana Ariet Porta

Responsable de comunicación de Opcions