Xavier Giró: «El mercado de la información está sometido a las reglas del capitalismo»

Especializado en periodismo político, ha pasat por varios medios. Ahora, además de ejercer de docente, dirige el grupo de investigación Observatorio de la Cobertura de Conflictos. Defiende un periodismo que nos dé las bases para interpretar el mundo y pasar a la acción.

¿La universidad forma a los futuros periodistas para afrontar los retos de la profesión?

Los planes de estudios van renovándose, en teoría, para adaptarse a los cambios de la sociedad. Pero en realidad es para dar respuesta a lo que pide el mercado, para facilitar que la gente encuentre trabajo en un sistema determinado de producción y una manera de trabajar. Con el agravante de que hay tendencia a despolitizar la tecnificación que ha vivido el periodismo. Pero la técnica tiene repercusiones políticas, económicas y personales.

¿Cuáles serían las bases del buen periodismo?

Hay que saber fundamentar bien las afirmaciones y tener pensamiento crítico, entendido como el pensamiento que explora los problemas y sus soluciones, para exponerlos de forma que se puedan sacar conclusiones analíticas y orientadas a la actuación. Para trabajar así hay que tener en cuenta las emociones de la gente. La vida es lógica y sentimiento. Eso es básico. No digo que eso no se enseñe, en la facultad, pero pierde peso y, en cambio, gana mucho cómo redactar para los medios digitales y escribir tuits.

En el ejercicio de la profesión, a la tradicional tensión entre la inmediatez y el rigor, ahora se ha sumado la servidumbre del clic y el SEO. ¿Queda espacio para el buen periodismo?

Es radicalmente imposible hacer buen periodismo pendiente del SEO. Porque en el fondo quien escribe para el SEO, lo que busca es que la gente lea. Pero más que leer, lo que es fundamental es que la gente sepa. Acumular datos no es saber. Lo importante es saber ponerlos dentro de un modelo mental, saber relacionar la información y poder deducir cómo actuamos en relación con los hechos. Ese tiene que ser el motor fundamental.

Cuando el objetivo principal es el clic, vamos mal. Sí, tendremos ingresos, porque los clics significan que alguien pagará por la publicidad, pero eso no asegura para nada que transmitimos saber, conocimientos. Todo eso es comprensible en un mundo competitivo. Pero ¿queremos un mundo competitivo o queremos un mundo cooperativo?

La información está sometida a un ciclo de producción industrial que no tiene nada que ver con las necesidades de la gente

¿Tenemos más información de la que necesitamos?

La información está sometida a un ciclo de producción industrial que no tiene nada que ver con las necesidades de la gente. No necesitamos saber en cada momento qué pasa en todo el mundo. Ni escuchar la radio tres veces al día. Lo que necesitamos son buenos resúmenes para tomar decisiones; y tampoco los necesitamos cada día. Nos dan muchos detalles repetidos un día y otro. Encontramos páginas y minutos llenos con cosas banales, o peor, cosas que producen beneficio económico pero que son nefastas para los valores humanos. Tienes que producir, tienes que facturar. Esta lógica del sistema capitalista de producción es perversa.

¿Es compatible esta dimensión empresarial de los medios con la función que se les ha atribuido, como cuarto poder, de controlar los tres poderes que emanan del Estado?

Es que eso del cuarto poder no deja de ser un camelo, porque deja al margen otro poder, el económico, que es mucho más importante que el de los medios. Al fin y al cabo, el poder económico también controla los medios, como controla los otros poderes. Ahora bien, en cierta medida, los grandes medios también fiscalizan el poder. Si no lo hicieran, no tendrían credibilidad. El periodismo está obligado a mantener cierto nivel de credibilidad.

Al fin y al cabo, los medios tienen que vender producto, que no es otro que la información. Si el producto que venden está podrido, el negocio se hunde. La información, sin credibilidad, es un producto podrido. Si en los grandes medios hay periodistas que hacen bien su trabajo, el medio no tiene más remedio que publicarlo; se abre una grieta en el discurso. Eso es lo que llamo teoría de las grietas.

Entonces, ¿negocio y buen periodismo son compatibles gracias a que los medios necesitan credibilidad para sobrevivir?

Dentro del sistema comunicativo, a pesar de todo, hay grietas para el buen periodismo, sí. Porque necesitan credibilidad y también porque los sectores críticos del público pueden ser rentables. Constantemente aparecen sectores disidentes, miradas críticas, y también se les tiene que hacer caso porque pueden ser un nicho de negocio.

Sin embargo, no se llega a la raíz. No se cuestiona la lógica interna del beneficio y la competencia. Con la crisis económica cambió un poco. La crisis era tan evidente que en todos los periódicos se podía hablar de crisis del capitalismo, no podían sofocar las voces que ponían en entredicho el sistema.

El poder económico también controla los medios, como controla los otros poderes

De todos los cambios que ha vivido la profesión desde que te dedicas a ella, ¿cuál crees que ha condicionado más su ejercicio?

(Piensa.) La crisis económica, sin duda. Los medios de comunicación han sido siempre una herramienta al servicio de las clases poderosas: explican los conflictos del mundo para saber de dónde sacar el rendimiento, no para arreglar las cosas. La sección de economía de El País y de La Vanguardia es para las empresas, no para los trabajadores. Pero aun así, los grandes periódicos como Le Monde, The New York Times o El País tenían recursos para ofrecer explicaciones profundas de lo que pasaba en el mundo y no siempre estaban orientadas hacia el beneficio. Eran grietas. La crisis ha reducido esta generosidad del sistema. Ahora se tiene que priorizar lo que resulta económicamente eficiente. Eso es más importante que la tecnología.

Pero con la crisis también han proliferado los medios independientes. ¿Son nuevas grietas?

Claro que sí, totalmente. Son grietas, pero pocas veces estos medios son una alternativa total a los grandes medios. No llegan a ser alternativos en el sentido de que podamos tener estos y dejar los otros. Tienen tan pocos recursos que no pueden cubrir como lo hacen los grandes medios. Normalmente tienes que combinar la visión de los medios estándares con la de los medios críticos.

¿Cómo tiene un medio que ganarse la independencia?

Solo eres independiente si los demás no son capaces de condicionar tus decisiones informativas. Los medios críticos son independientes en este sentido: no dependen de los poderes económicos ni de los poderes políticos.

Paradójicamente, la crisis ha producido más y están encontrando una forma de sobrevivir que les hace depender de las suscripciones de sus lectores. Se produce cierta dependencia ideológica, eso sí. En la medida en que un medio sintoniza con unas preocupaciones sociales, implícitamente se le asocia con un movimiento y crea unos vínculos. No son dependientes, en sentido orgánico, de estos movimientos, pero sí que necesitan mantenerse en sintonía.

¿La gran aportación de estos medios es que de vez en cuando hacen saltar temas a los grandes medios o pueden llegar a ser un contrapoder dentro del sistema comunicativo?

Cuando ellos levantan temas, éstos entran a formar parte de la actualidad. Los grandes medios no pueden obviarlos porque se pondrían en evidencia. Son una palanca para que el resquicio se haga más grande. A su vez, ellos mismos son una grieta dentro del sistema. En momentos de movilización social, pueden crecer exponencialmente porque los demás pierden la credibilidad. Así, de repente tienes un medio alternativo con miles y miles de visitantes. Pero eso es coyuntural. Su influencia más importante es sobre los lectores que les siguen y, si son de referencia, también influyen sobre los dirigentes, que los leen con respeto.

Solo eres independiente si los demás no son capaces de condicionar tus decisiones informativas

¿El periodismo ciudadano podría convertirse en un cuarto poder real? Con la llegada de internet y las redes sociales, hay quien vio ahí una oportunidad…

Elaborar información y hacerla circular desde la ciudadanía es sano. Pero también hemos visto que algunas de estas iniciativas no comprenden bien los mecanismos de la información y del discurso, y entonces son pobres, son muy manipulables, hacen panfleto… Con los blogs y las redes, está el peligro de acabar retroalimentando discursos y fomentando las decisiones más viscerales.

Por lo menos abren oportunidades para la verificación y el control, ¿no?

Que los grupos de movimientos sociales que trabajan seriamente utilicen estas herramientas para controlar a los medios es positivo. Estaría bien que los movimientos sindicales también tuvieran unos gabinetes que analizaran lo que se dice sobre sus problemáticas y publicaran lo que se ha hecho mal. A ningún periodista le tendría que dar miedo; si se lo da es que no trabaja bien. Sería una forma de control seria, desde el conocimiento, no desde la visceralidad.

Se acusa a las redes sociales de ser difusoras de desinformación.

Antes también había noticias falsas: el cormorán lleno de petróleo y las incubadoras destrozadas por los iraquíes en la guerra del Golfo, o la atribución del atentado de Atocha a ETA, por ejemplo. Ahora las mentiras parece que se multiplican. Es como si hubiera aparecido el sarampión. Tardaremos un tiempo, pero encontraremos la vacuna y la dolencia desaparecerá. Y aparecerá otra: otra manera de engañar al personal. No es tan nuevo.

La digitalización del sector hizo que cayeran las suscripciones a los medios. Las primeras barreras de pago a los contenidos digitales no funcionaron. ¿Puede ser que ahora, con experiencias como Spotify y Netflix, estemos más dispuestos a pagar por la información digital?

Poner las barreras de pago en los medios funcionó durante un tiempo y después dejó de funcionar y los volvieron a abrir. Ahora vuelven a cerrarlos. Ya lo veremos con el tiempo, porque hay gente dispuesta a pagar por un buen conocimiento, pero entonces entra la competencia: a ver quién ofrece más y lo da más barato. El mercado de la información está sometido a las reglas del capitalismo.

La caída de ingresos por publicidad ha contribuido a agravar los problemas financieros del sector.

Sí, el mercado publicitario se va a pique. El pastel a repartir cada vez es más pequeño. De ahí viene que los socialistas, como un gran favor a las televisiones privadas, eliminaran la publicidad de la televisión pública. Eso dio un respiro a los medios privados. No es una mala decisión siempre que se asegure una financiación suficiente para el medio público.

Aidan White, del Ethical Journalism Network, decía que tenemos que asumir que hacen falta subvenciones estatales para el periodismo.

No es mala idea que los medios sean considerados como un bien público, como el agua. De hecho, la ley lo dice. La deriva mercantilista sería menor. Lo podemos ver en la televisión pública: la española es de las menos degradadas. La degradación la trae el mercado. De hecho, el nacimiento de las privadas ya empujó a las públicas a competir por la audiencia. Pero existen unos límites. Otra cosa es cómo asegurar una pluralidad de medios y de puntos de vista.

¿Qué mecanismos se tienen que prever para evitar que esta dependencia del dinero público haga que los medios estén demasiado pendientes de intereses políticos?

El sindicato de periodistas, y algunas organizaciones, proponen una ley de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales que es bastante progresista, en el sentido de depositar el control de estos medios en la sociedad y no en los poderes políticos.

Entonces, ¿el sistema de garantía de pluralidad de los medios públicos es deficiente?

El que hay ahora es una comedia. No hay pluralidad. Se tiene que reconocer que la redacción es un campo de batalla ideológico, donde se acaba imponiendo lo que dicen los jefes o la ideología mayoritaria.

¿Qué papel tendría que tener la ideología en las redacciones?

Para gestionarla, el primer paso es no negarla. Pero eso no quiere decir que nos permitamos exagerar a favor nuestro o en contra del otro. Tienes que explicar una versión fundamentada. Cuando das datos tienes que explicar por qué son importantes para entender lo que pasa. Cada persona lo interpretará en función de su ideología.

¿Se puede hablar de democracia sin unos medios que hagan de cuarto poder?

No, pero es que el problema no es solo la prensa. Nuestro sistema democrático es muy deficitario. La sociedad organizada tiene mucho menos peso político del que tendría que tener. Otra cosa es que la sociedad tendría que estar mucho más organizada, insisto. Tendríamos que tener muchas más horas para organizarnos y disfrutar de la vida. Hoy lo que se nos pide es que seamos trabajadores y deleguemos las demás funciones.

La mejor dieta informativa es la que te aporta saber para poder actuar

¿Cómo te informas tú?

Intento leer varios periódicos en papel cada día. El País, los titulares de La Vanguardia, a veces El Periódico. También miro Público, Nació Digital y The Guardian.

De los que no son diarios, sigo la Directa, Crític y Viento Sur, que me gusta mucho. Leo un resumen semanal de artículos de prensa, de “Sin Permiso”. Además, escucho mucho Radio5 Todo noticias.

¿Qué dieta informativa recomiendas?

La mejor dieta informativa es la que te aporta saber para poder actuar. No hay que leer cada día lo que está pasando en el Líbano. No puedo hacer nada con eso. Además, crea vicios, normaliza, narcotiza. Sí que va bien leer un periódico diario en papel y mirar unos cuantos más en la web. Pero sobre todo comprar los periódicos de fin de semana, porque los artículos son más largos y más en profundidad. No quiere decir que sean todos buenos. Pero sí que hay análisis. También buscar semanarios o revistas mensuales.


Podéis leer la entrevista completa en el Cuaderno 57 «Quién nos informa», disponible en versión digital a partir de octubre de 2020.


Laia Tresserra

Directora de la revista Opcions (2016 - 2020)