Iolanda Fresnillo: «Construir una alternativa al capitalismo a partir del colapso del sistema generaría mucho sufrimiento»

Ante un panorama social y político tan incierto como el actual, buscamos en las respuestas de Iolanda Fresnillo resquicios de oportunidad para la sociedad.

La crisis de la pandemia llega cuando muchos sectores aún no se habían recuperado de la crisis de 2008. ¿Cómo afecta a la sociedad esta nueva crisis en la que llueve sobre mojado?

La crisis de 2008, y todas las crisis anteriores, lo que han hecho es erosionar progresivamente los derechos económicos, sociales y culturales de la población. Desde un punto de vista de resiliencia económica, y sobre todo en cuanto a los derechos sociales, vamos acumulando crisis de las que no nos acabamos de recuperar.

La crisis de 2008 no rompió ningún período anterior de bienestar absoluto. El concepto de mileurista entra en el vocabulario de los movimientos sociales la década de los 2000, las acciones de V de Vivienda y el No tendrás casa en tu puta vida comienzan antes de la crisis financiera. La población ya perdía capacidad de renta y los salarios ya descendían antes de 2008. Tal vez sí que había más trabajo que ahora, pero el trabajo ya era precario. En este mismo Ateneo de La Rosa de Foc, hicimos un documental sobre precariedad hacia 2004. La crisis de sobreproducción es también anterior a 2008 y el proceso neoliberal de reducción de capacidad del Estado para garantizar los derechos de la población viene de los años 80 y 90. Por lo tanto, las raíces de la crisis actual son mucho más profundas, se remontan a décadas.

La sacudida causada por la pandemia llega en un momento ya abonado por la precariedad, al igual que ocurrió en 2008. En ningún caso se aprovecharon los tiempos considerados de recuperación económica y crecimiento previos a 2008 para construir estructuras económicas al servicio del bienestar de las mayorías. Las clases populares no se vieron nunca beneficiadas, aquellos años, así que, de cada crisis, salimos más debilitadas.

La sacudida causada por la pandemia llega en un momento ya abonado por la precariedad, al igual que ocurrió en 2008

Tenemos una generación, los que nacieron a finales de los 80 hacia adelante, que sólo conoce un contexto económico, el de la crisis.

Ha pasado en nuestro país, pero también ocurre en todo el mundo, es un hecho global. Ha pasado en los países del sur de Europa o en América Latina, donde hubo un período de crecimiento hasta 2010 frenado en seco por la precarización. Esto influye mucho en las expectativas de estas generaciones, en sus esperanzas en la vida pública y en la política. És un gran problema.

Iolanda Fresnillo | Autor: Dani Codina

Iolanda Fresnillo | Autor: Dani Codina

Las crisis de 2008 y la actual han desmentido dos mantras del sistema capitalista. Hemos visto cómo la economía y el sistema financiero colapsaron y ahora es toda la máquina la que se ha detenido, con la pandemia. Queda, sin embargo, otro mantra que perdura: Si no hay capitalismo, vendrá el caos.

La cuestión de las alternativas siempre se nos pone sobre la mesa como una dicotomía. Si no es capitalismo, ¿qué sistema será? A mí me gusta recordar lo que decía al respecto Arcadi Oliveres: «Las alternativas no vienen empaquetadas en una caja, con un lacito». Todo es una evolución y no podemos tener una sola alternativa, sino varias. En los movimientos sociales, siempre ha sido muy tabú la idea de reformar el capitalismo, pero al final lo que hacemos es eso. Ir desplegando varias alternativas para reformar un sistema y, al mismo tiempo, construir otro. La idea es lograr un sistema que responda a las necesidades y que ponga la vida en el centro. No sé, sin embargo, qué nombre debe tener este sistema.

La premisa de que el sistema tiene que colapsar para poder construir uno nuevo es muy angustioso y da miedo, con razón, porque un colapso del sistema genera sufrimiento, hambre y muertes. Lo estamos viendo con el colapso sanitario que hemos vivido en primavera. No lo causa sólo la COVID-19, sino el hecho de no tener un sistema sanitario adecuado para hacer frente a las consecuencias de la pandemia. No es una cuestión de capacidad de los profesionales sanitarios, sino de la falta de estructuras para poder cuidar realmente a toda la población. No está hecho así, el mundo.

Construir una alternativa a partir del colapso del sistema generaría mucho sufrimiento. Significaría aislamiento de los sistemas económicos internacionales, podría haber cortes de suministros básicos, restricciones en el suministro de medicamentos, entre otros. Creo que, entre las que creemos que el sistema capitalista no dará nunca respuesta a la situación de las clases populares, debemos plantearnos llegar a estas alternativas evitando el colapso.

¿La crisis sanitaria ha acelerado el proceso de decrecimiento?

No sólo la pandemia, sino la confluencia de la crisis climática y la pandemia. Durante un período de tiempo limitado, la situación sanitaria impuso un decrecimiento de los procesos económicos y, ciertamente, la máquina del sistema va a un ritmo mucho más lento. Este no es el decrecimiento que nos debe llevar a superar la emergencia climática, pero sí pone sobre la mesa dinámicas aprendidas por la población que sí podríamos aprovechar para el proceso de decrecimiento. 

El confinamiento nos replanteó la forma en que consumimos. Se ha puesto en valor el comercio de proximidad o la comida de calidad. La pandemia también nos ha puesto cara a cara con el hiperconsumismo. Mucha gente ha visto que no era necesario ir a la tienda de ropa cada semana a renovar el modelo de camiseta.

En cuanto al consumo energético, que es lo que debe decrecer con urgencia, la pandemia no lo ha frenado mucho. De hecho, esto y las finanzas internacionales es lo que se ha recuperado con más rapidez después de los confinamientos de la primavera.

El confinamiento nos replanteó la forma en que consumimos. Se ha puesto en valor el comercio de proximidad o la comida de calidad

¿La población no se ha concienciado, estos meses, de la importancia de reducir el consumo energético?

Quizás sí que hay una toma de conciencia por parte de la población, pero esto no ha llevado a establecer un modelo de cambio de las prácticas de consumo. La reducción en el consumo energético ha sido más bien impuesto, no se podía coger el coche porque había que quedarse en casa.

Las matriculaciones en las autoescuelas se han disparado desde que reabrieron después del confinamiento. ¿Una de las causas puede ser el miedo a contagiarse en el transporte público? 

Exacto, tal vez incrementa el nivel de conciencia, pero no hay correlación con el cambio de prácticas de consumo. Aparte, nos bombardean con un mensaje tecno-optimista: «no os preocupéis, tenemos la tecnología para poder sustituir este consumo del petróleo por otras energías que crearán más puestos de trabajo», es decir, la idea detrás del Green New Deal, que propugna salir de la crisis invirtiendo en una transición ecológica y energética. Para ello, propone la explotación de recursos naturales como el fósforo o el litio, que no son suficientes para mantener los niveles de consumo energéticos mundiales. Son recursos, además, que se encuentran en países empobrecidos, de manera que lo que proponen es más explotación.

Iolanda a l'entrevista | Autor: Dani Codina

Iolanda en la entrevista | Autor: Dani Codina

¿El problema de la propuesta de Green New Deal es que no contempla transformaciones sociales?

El Green New Deal vende que se puede hacer una transición ecológica sin un cambio en el modelo de consumo, y no es cierto. No estoy en contra de invertir para cambiar la matriz energética en todo el mundo; y sí, esto puede generar puestos de trabajo. Pero debe ir acompañado de un cambio en el modelo de consumo y un decrecimiento del consumo, entre otros aspectos. Tal como están planteadas, estas transformaciones benefician a los de siempre, ya que serán las empresas energéticas tradicionales las que seguirán haciendo negocio. Esta transición también se puede hacer generando comunidades energéticas o beneficiando el trabajo de cooperativas, pero la tendencia de la Unión Europea y su propuesta de transición verde pasa por salvar estas grandes empresas. Hay que mirar qué hay detrás de los fondos europeos que recibirán las empresas para favorecer su transición verde. Qué empresas serán las beneficiadas y qué tipo de puestos de trabajo se generarán.

Sin embargo, el Green New Deal representa una ventana de oportunidad para los movimientos que buscan una transformación real del sistema. El mensaje de que, de la crisis, tenemos que salir más sostenibles, es constante, y lo dice la Unión Europea, y el Fondo Monetario Internacional, incluso Antoni Brufau, el presidente de Repsol, que hace tres días declaraba que el capitalismo estaba agotado y que ahora hay hacer un crecimiento más inclusivo y más verde. Podemos aprovechar esta situación y llevarla a nuestro terreno, porque la gente está sensible a estas cuestiones, pero tenemos que poner las estructuras sobre la mesa. De hecho, debemos aprovechar esta situación, porque si no influimos desde la ESS y el cooperativismo, lo que tendremos será el modelo menos transformador y más corporativo del Green New Deal.

Si no influimos desde la ESS y el cooperativismo, lo que tendremos será el modelo menos transformador y más corporativo del Green New Deal

Si echamos la vista atrás, desde la crisis de 2008, la ESS ha evolucionado, crecido y diversificado mucho en Cataluña y en el Estado. ¿Cómo crees que continuará esta evolución a partir de la crisis actual?

El crecimiento se ha notado en los últimos años en nuestro país, tal vez no tanto a nivel internacional. Y ese camino no lo haremos solas desde aquí, se deben tejer muchas más relaciones internacionales. Ha sido un auge a pequeña escala, protagonizado por muchas pequeñas experiencias, y también se ha puesto en marcha una infraestructura muy importante como son los ateneos cooperativos en Cataluña.

Deben seguir llevando adelante las pequeñas iniciativas, pero hay que abordar estratégicamente la necesidad de un cambio a gran escala. Un cambio que tenga en cuenta qué infraestructuras de distribución, de financiación y de comunicación necesitamos. Cada una de las cooperativas y otras experiencias, por sí solas, no podrán provocar cambios sustanciales.

Deben seguir llevando adelante las pequeñas iniciativas, pero hay que abordar estratégicamente la necesidad de un cambio a gran escala

¿Qué se necesita, para lograr estos cambios sustanciales? ¿Más incidencia política?

Seguramente más alianzas, incluso, con el sector empresarial. Para hacer la transición hacia la economía que ponga en el centro la vida, no sólo puede tomar parte la ESS, sino también la pequeña y mediana empresa y los autónomos deben tomar parte de este proceso. Debemos poder extender los principios de la ESS al sector empresarial que ahora quizás no los comparte.

¿Ayudaría una ley general de la ESS?

Sí, ayudaría, si se hace bien, porque daría seguridad jurídica, aportaría financiación pública, también ayudaría a movilizar financiación privada. Ayudaría a establecer alianzas para apoyar infraestructuras industriales, por ejemplo.

Necesitamos estrategias generales para afrontar los cambios necesarios. Por ejemplo, criticamos mucho al gobierno catalán porque no tiene una política industrial. La industria, en Cataluña, cae por efecto dominó y un país que aspire a tener una economía diversificada, sostenible y soberana necesita una política industrial. Desde la ESS, no conozco ninguna propuesta que hable de un plan industrial para Cataluña, y necesitamos construir este tipo de propuestas. Es un salto de escala mental, necesitamos pensar más allá, pensar qué queremos ser a diez años vista.


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Gerardo Santos

Periodista