“Es necesario que haya un activismo político que exija un cambio de modelo, tanto a los productores como a los políticos”

Entrevista a Rosa Garcia, directora general de Rezero, realizada en un contexto de plena efervescencia de las alianzas estatales para la nueva ley de residuos.

Rosa García es directora general de Rezero, la organización referente en Cataluña en el impulso de un modelo de residuo cero. Bióloga con una larga trayectoria en el fomento de políticas de minimización de residuos e impulso del consumo responsable, ha asesorado y acompañado a administraciones, empresas, organizaciones, universidades y otros centros formativos.

La entrevista se realiza en un contexto de plena efervescencia de las alianzas estatales en las que participa activamente Rezero para conseguir que la normativa estatal de residuos haga, de una vez por todas, un giro de 180° hacia la prevención y la reutilización.

Estamos tan acostumbradas a bajar la basura a los contenedores que quizá debemos recordar: ¿cuáles son los problemas asociados a la generación de residuos?

El problema más importante es el despilfarro de recursos naturales en un planeta de recursos finitos. Estamos, a día de hoy, en una fase de agotamiento absoluto de materiales que sabemos que ya no estarán nunca más a nuestra disposición. No sólo de las futuras generaciones, sino de las generaciones actuales. Éste es el gran tema a nivel de subsistencia.

De esto se derivan otras consecuencias sociales, económicas y de salud. Las consecuencias sociales tienen que ver con la gestión de los residuos: un vertedero en el pueblo, una incineración que nos afecta, un sistema de recogida que no gusta, etc.. A nivel económico, la gran pregunta es: ¿quién paga? ¿Quién asume los costes de la gestión de residuos? Actualmente, lo asume la ciudadanía, no los que ponen los productos en el mercado. Y, por último, es necesario visualizar que los residuos suponen un problema de salud pública.

Tengo el recuerdo de las campañas de sensibilización de los años 90 que decían “tienes un tesoro en tu basura”. ¿Cuándo empezamos a darnos cuenta, como sociedad, de los problemas de generar tantos residuos?

A nivel de Cataluña, creo que viene de antes de los 90, derivado de la ubicación del vertedero del Garraf y la propuesta de replicabilidad en todo el área metropolitana de Barcelona con la intención de abrir otros vertederos de residuos industriales. Es un caso paradigmático: residuos del área metropolitana de Barcelona que van a una zona que, por sus características geológicas, era la peor para ubicar un vertedero, como se ha demostrado, por ser un terreno muy calcáreo, con muchas filtraciones. Además, hay que tener en cuenta que son residuos generados en el área metropolitana y que se llevan lejos para que no molesten.

El modelo de contenedores, que hace veinticinco años parecía la panacea, al final se ha convertido en un modelo que sólo da respuesta a las necesidades de la industria de un solo uso

La metrópoli que absorbe recursos y exporta residuos.

Sí, y aquí lo positivo respecto a otros territorios es que la gente que se movilizó no se quedó sólo en la denuncia: fueron propositivos. Buscaron qué se estaba haciendo fuera, en Europa y se coordinaron y autoorganizaron. Es el nacimiento de varias coordinadoras contra los vertederos en toda Cataluña, la Plataforma Cívica por la Reducción de Residuos y el CEPA – el Centro de Ecología y Proyectos Alternativos – como entidad referente, que lo que hace es esto: no sólo denunciar una problemática, sino también generar conocimiento y debate y proponer soluciones. Allí hubo mucha gente implicada, vecinos y vecinas, ecologistas, técnicos, científicos y economistas. Destacar la Mercè Girona y también científicos universitarios como Martí Boada o el economista Joan Martínez-Alier.

¿Este caso del vertedero del Garraf pone en la agenda el problema de los residuos en Cataluña?

Sí, y es en Cataluña donde también se redacta la primera ley de residuos del Estado español. Gracias al entonces consejero de Medio Ambiente Albert Vilalta que, cuando nadie hablaba de residuos, impulsó una ley que en su día fue más que pionera. Antes ya había normativa sobre residuos en el Estado pero de forma parcial, para materiales concretos. Y esta norma es la primera que trata la generación de residuos de forma amplia. Después vendrá la normativa estatal de envases de 1997 y la ley estatal de residuos vigente en la actualidad, que es de 2011.

Como sociedad, vivimos la llegada de los contenedores de colores como una evolución. 

Los contenedores llegaron a Barcelona hacia el año 94 o 95. Lo recuerdo porque en Torre Baró, donde vivía mi familia, todavía no los había y, con una colega, pintamos los depósitos de recogida de agua del huerto de mi padre de color verde, para el cristal, y los plantamos en la principal avenida del barrio.

Apuntabas maneras.

Lo mío es vocacional.

Vivimos lo de los contenedores de colores pensando: “por fin lo haremos un poco mejor”. Pero han pasado más de veinte años y estamos estancados. ¿Por qué?

El planteamiento del modelo de los contenedores, que hace veinticinco años parecía la panacea, al final se ha convertido en un modelo que no da respuesta a la problemática real, sino que da respuesta a las necesidades de la industria de productos de un solo uso. Es un modelo que se centra en el reciclaje en lugar de hacerlo en la prevención y la reutilización. Como resultado, el volumen de residuos creció a mayor velocidad que antes, sobre todo en la década de 2000 a 2010. Con la crisis económica se frena (menos consumo, menos residuos) pero después vuelve a crecer.

Este crecimiento en la generación de residuos, insisto, es el resultado de la implantación de los contenedores de reciclaje. Para la industria, es mucho más económica la cultura de usar y tirar y patada hacia delante. Y así estamos: seguimos teniendo vertederos llenos, incineradoras y una gran dependencia de los tratamientos finalistas. El sistema de contenedores de reciclaje no incentiva las dos primeras ‘R’ (reducir, reutilizar).

Rosa Garcia | Autora: Joana Ariet

Rosa Garcia | Autora: Joana Ariet

¿Existen diferencias entre territorios del Estado español?

Hay territorios que están mejor porque han desarrollado propuestas legislativas y programas en temas de residuos. Durante muchos años, Cataluña estuvo a la cabeza. Pero en los últimos años ha sido poco activa y otros lugares como Baleares o Navarra comienzan a despuntar a nivel legislativo, aunque les falta aplicación. Sin embargo, es cierto que estos son la minoría y que, a nivel de Estado español, la situación es bastante preocupante. Hay mucha gente que se plantea ahora recoger la orgánica.

¿Ahora?

Si, ahora, en 2021. Además, esa heterogeneidad que hay en el territorio es un hándicap para algunos legisladores. Porque cuando planteas que se apueste de verdad por la reutilización, o que la orgánica tenga que ir dentro de una bolsa compostable, te dicen que hay territorios que están mucho más avanzados y otros que justo ahora comienzan, y que no podemos hacer una ley extremadamente ambiciosa porque dejaremos éstos fuera. ¿Qué quieren? ¡Los que hace veinte años que no hacen los deberes deben espabilarse! No puede ser que a los que quieren ir más allá, en la línea de lo que dice Europa, se les frene.

Antes has hablado de la coordinación y búsqueda de experiencias en Europa en los inicios del movimiento ecologista. ¿Qué prácticas internacionales inspiradoras conocemos, en el ámbito de los residuos?

Hay muchísimas. Actualmente hay muchas regiones o ciudades que están apostando mucho por la segunda mano, por alargar la vida de los productos en cosas que nos hubiesen parecido de ciencia ficción. Pañales y envases reutilizables, ofrecer servicios a la ciudadanía para que no tengan que comprar cosas nuevas, estandarización de botellas, luchar contra el despilfarro alimentario…

En Francia, a nivel legislativo, se han hecho muchas cosas: la ley de cambio climático o la ley de fiscalidad tocan temas de residuos. Por ejemplo, la Responsabilidad Ampliada del Productor (hacer que el fabricante de un producto sea responsable de todo el ciclo de vida del producto, especialmente la gestión final como residuo) quiere extenderse al mobiliario, colchones, ropa – que será el gran tema después de los plásticos-, en los vehículos…un montón de cosas que aquí todavía estamos discutiendo. También han introducido la obligatoriedad de los envases reutilizables y de la venta a granel.

Hemos mencionado las campañas de sensibilización de los 90. Ahora, Greenpeace ha hecho una que reza “Ecoembes miente”. ¿Qué ha pasado para que cambie así el discurso de las organizaciones ecologistas?

Lo que ocurre es que, durante mucho tiempo, se ha tendido a culpabilizar a la ciudadanía por el problema de los residuos. En vez de que la industria y la administración asuman su responsabilidad, sea legislando o cambiando el modelo de producción, es más fácil culpar a la ciudadanía. Incluso a fecha de hoy, encuentras estos discursos de “es un problema de incivismo ”, “la gente no quiere participar”, etc.

Lo que ocurre es que, hasta que no pones nombres y apellidos a esta responsabilidad, parece que no llega el mensaje.

Un tema que queremos tratar en el cuaderno, y que no es fácil de entender, es el negocio que se hace con los residuos, en buena parte debido a los intereses de la industria y a la dejadez de la administración.

Nosotros partimos de la demanda de garantizar el derecho de las personas consumidoras a consumir sin generar residuos y sin dañar su salud. Pero el sistema funciona justamente al contrario: quienes tienen la mayor capacidad de cambio, que son las empresas, deberían garantizar que los productos fueran reutilizables, reparables, reciclables o compostables y libres de sustancias tóxicas para la salud. Pero esto no ocurre.

Hay mucho interés por parte de la industria en que la ciudadanía esté muy perdida. Cuanto más perdida y cuanta más desinformación hay, más a ganar.

El modelo consiste en sacar el máximo rendimiento económico. Y, además, externalizar las culpas, los impactos y los costes económicos.

Las empresas tienen demasiado poder sobre la manera cómo gestionamos los materiales.

Además, a nivel de medios de comunicación, estas empresas – que son sociedades anónimas – se venden como ONGs. Hay mucho interés por parte de la industria en que la ciudadanía esté muy perdida. Cuanto más perdida y más desinformación hay, ellos tienen mucho más a ganar. No olvidemos para qué funciona Ecoembes: para que las empresas que forman parte tengan el menor coste posible y para perpetuar el modelo de los envases de usar y tirar.

Durante muchos años, la legislación y los políticos les han permitido funcionar así. Ahora llega Europa y dice “señores, señoras, ustedes no están cumpliendo sus objetivos, les penalizaremos”. Y parece que España va a pagar una gran multa… ¡Pero es que a España le da igual, porque está en la parte más alta de la lista de incumplimientos!

Ah, sí?

Sí. A nivel medioambiental, España es uno de los países que tiene más incumplimientos y paga más multas… que asume la ciudadanía.

Multar un estado no acaba de ser un incentivo de cambio, porque paga a la ciudadanía vía impuestos y no pasa nada.

Exacto. Nadie dimite por un incumplimiento.

Dan ganas de quemar contenedores.

El problema de fondo, volviendo a la información que tiene la ciudadanía al respecto, es que la ciudadanía tiene pocos recursos para tener una visión crítica de los hechos. Una revista como Opcions es uno de los pocos referentes que tenemos si queremos ir un poco más allá, pero lo que encuentras con mayor facilidad son estas mega campañas de todos estos sectores empresariales.

Me temo que nosotras no tenemos ni la milésima parte de presupuesto para comunicación.

Ni nosotras, ni los gobiernos.

Volviendo a los materiales. Hemos hablado de Ecoembes y los envases, pero la variedad de materiales que se utilizan y que terminan como residuos es muy alta.

Nos focalizamos en ocasiones en el plástico y no tenemos en cuenta otros residuos que tienen, también, un impacto importantísimo. Tenemos la percepción de que el vidrio desechable que acaba en el contenedor verde es mejor que el plástico pero olvidamos que este contenedor verde ha hecho desaparecer los envases reutilizables, que son la opción más ecológica y de producción local. O los aparatos eléctricos y electrónicos (AEE), por todas las materias raras que contienen y por el impacto de emisiones y consumo que hay detrás. O el textil, que también es muy importante: España es el inventor del fast fashion y es donde están los grandes productores de esta industria. El lavado de ropa es la segunda fuente más importante de generación de microplásticos. Seguramente será el siguiente tema, después de los plásticos de los envases que, a nivel de ciudadanía, empresas y legislación, pondremos sobre la mesa.

Pero, más allá de la variedad de materiales, yo creo que la cuestión es que no basta con focalizarse en un material, sino que debemos ir detrás de un problema, que es la cultura de usar y tirar. Y también el de esa sociedad que, para sentirse satisfecha, para llenar determinados vacíos existenciales, está optando por el consumismo. Debemos ir a la raíz de este problema y debemos ver, como ciudadanía y como sociedad, qué debemos cambiar de este modelo de producción. Porque si no, siempre nos quedaremos con la problemática de este producto o de ese otro, y le pondremos la etiqueta de producto malo… Tenemos que ir más allá.

Con la dificultad que comporta cambiar el modelo de producción y consumo.

Sí, es un cambio de paradigma importante. En positivo, creo. La misma situación planetaria nos llevará hacia aquí. Ahora ya sabemos que hay muchos elementos que consumimos actualmente que ya no los tenemos o se están agotando, o estamos viendo, con la pandemia, que estamos tardando mucho más en tener un nuevo ordenador o lo que sea. Los expertos ya nos están indicando que la tendencia es hacia esta escasez de materiales. Por tanto, sí o sí, la industria debe ir hacia otro modelo de producción.

Nos adaptaremos a otra relación con los productos de consumo. Consumir menos y consumir de mayor calidad, de mayor durabilidad. Y no ser poseedoras, sino ser usuarias, como en las library of things de Inglaterra que aquí en Barcelona estamos replicando con la Biblioteca de las Cosas de Sant Martí, por ejemplo.

¿Hasta dónde crees que podemos avanzar en estas nuevas formas de producir y consumir si no es por una crisis que nos obligue a cambiar?

Creo que la clave es que haya un marco normativo que establezca el precio real de las cosas, porque ahora no existe. Ahora se externalizan los costes ambientales y necesitamos un giro: que realmente las cosas valgan por los impactos sociales, ambientales y sobre la salud y que esto regule el mercado. Y que sea más económico hacer las cosas bien. Por ejemplo, que sea mucho más caro producir un brik (que sabemos que es muy complicado de reciclar) que un envase de vidrio reutilizable. O que reparar no resulte más caro que comprar nuevo. Esto pasa por un nuevo marco normativo y por una fiscalidad ambiental.

Rosa entrevistada per Jose M. Alonso | Autora: Joana Ariet

Rosa entrevistada por Jose M. Alonso | Autora: Joana Ariet

Ahora hay una nueva ley estatal de residuos en fase de redacción.

Ahora está en el Congreso de los Diputados en fase de ponencia y en febrero habrá un debate. Seguramente se aprobará hacia mayo de 2022. Esta es la ley que debe replantear el modelo actual, así como realizar la transposición de muchas de las directivas europeas pendientes de implementar, como la directiva de plásticos desechables que entró en vigor este pasado 3 de julio. Aunque parcial, es un primer paso hacia el residuo cero. Lo cierto es que es una ley que, desde el primer borrador a la última versión que hay ahora en el congreso y con las enmiendas que han entrado ahora, seguramente será mucho mejor (esperamos) que la idea inicial que había planteado el MITERDE (Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico). Y junto a esta ley de residuos, irá asociado el real decreto de envases que debe actualizar el vigente, que es de 1997.

Háblanos un poco de esta nueva ley de residuos y del real decreto de envases: ¿qué demandas recogen?

Por lo que respecta a la ley, pensamos que, en este momento del proceso, debemos hacer una lectura positiva porque introduce aspectos de prevención y -tímidamente – aspectos de reutilización, aunque es mejorable.

El real decreto de envases sí que parece dar un giro de 180º y empieza a plantear la obligatoriedad del granel, la distribución de fruta y verdura sin sobre-envasado, la obligatoriedad de aceptar los envases de la ciudadanía (fiambreras, bolsas), se establece la obligatoriedad de tener productos en envases reutilizables en los supermercados, se introduce, por fin, el sistema de depósito, devolución y retorno para plástico y para latas… Aún así, enmendaremos todos los aspectos mejorables, como el número de referencias en envase reutilizable que los supermercados deben tener, o que el sistema de depósito y retorno debería ser también para envases de vidrio y briks y que se implemente antes de 2025-2027, que es lo que está previsto.

En resumen, hay cosas del real decreto de envases que pueden mejorarse. Y respecto a la ley de residuos, aunque podría ser peor, nos parece muy planteada desde el relato del reciclaje, que es un discurso que no da respuesta a los retos a los que, como civilización, debemos hacer frente en esta primera parte del siglo XXI. Y a nivel de Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP), se queda corta. Francia ha ido mucho más allá, incorporando un amplio abanico de productos y pensamos que hay que dar pasos en esa misma dirección. Y tenemos territorios como Baleares, como Navarra, como Cataluña que ahora están trabajando su nueva ley autonómica, que quieren realizar la transición hacia esta nueva distribución de responsabilidades por justicia ambiental, social y económica.

¿Las comunidades autónomas podrán ir más allá? 

Tal y como está planteada ahora la ley, es uno de los problemas que estamos denunciando, porque podría frenarla. La competencia de establecer la RAP se la queda el ministerio, y nos consta que algunas CCAA no están de acuerdo. Si Baleares, por ejemplo, quiere implantar la RAP en algunos residuos que le puedan ser problemáticos por su singularidad turística, como pueden ser los colchones o las barcas recreativas, por ejemplo, que pueda hacerlo. Esto denota que la visión de la ley ha sido, hasta este momento, muy centralista y que es necesario un cambio de concepción para no limitar las competencias de los territorios en un tema tan crucial como éste. Desgraciadamente, tenemos malas experiencias porque no olvidemos que los gobiernos centrales ya han intentado varias veces frenar iniciativas de los gobiernos autonómicos (y a veces con éxito) en relación a iniciativas normativas de Cataluña, Baleares o Navarra, por citar algunos ejemplos. Esperemos que la ley que finalmente se apruebe no quiera ser un “café para todos” y que no dinamite los posibles avances ambientales de los territorios más motivados.

Ahora se habla mucho de economía circular pero hay organizaciones que llevan décadas haciendo economía circular sin haberse puesto la etiqueta

Hablando de colchones. La reutilización de voluminosos (ropa, muebles, electrodomésticos) ha sido históricamente un eje de trabajo de empresas sociales y solidarias. En Opcions nos preguntamos cuáles son las posibilidades para estas organizaciones en la gestión de otros residuos urbanos. ¿No podrían aspirar a contratos más importantes?

Sí, y de hecho hay varias organizaciones que llevan años trabajando y que han denunciado las dificultades que tienen para acceder a determinadas licitaciones. Yo creo que, por capacidad, podrían, y también por lo que supone a nivel de proyecto social. Ahora se habla mucho de economía circular pero hay organizaciones que llevan décadas haciéndola, sin haberse puesto la etiqueta y que deberían poder acceder a estos contratos y a los futuros fondos europeos sin tantos obstáculos. Más aún, teniendo en cuenta el valor añadido y el capital humano que aportan.

Con menos publicidad y más humildad.

Exacto. Y hace mucho tiempo que lo hacen. Yo creo que el potencial no es sólo la gestión de residuos, sino en temas de prevención y reutilización. Si algo se ha hecho para aprovechar la ropa en este país ha sido gracias a estas entidades que gestionan toneladas y toneladas de este problemático residuo. A veces, con un zapato y una alpargata (nunca mejor dicho), porque no se les ponen los recursos. También en temas de recogida de residuos puerta a puerta, en temas de servitización (bibliotecas de las cosas), sistemas de depósito y retorno… en todas estas actividades pueden jugar un papel.

El problema es cómo está planteado en la ley y cómo se vuelve a poner este sistema en manos de las grandes empresas productoras sin dar espacio a estas organizaciones o con un espacio anecdótico.

Una anécdota para terminar. Hice una búsqueda en Internet de las palabras “Residuo Cero” y me sorprendió ver, en los primeros resultados, una tienda de productos residuo cero. ¿Qué piensas del peligro de mercantilización de los estilos de vida sostenibles?

Creo que es el problema del modelo de sociedad que tenemos. Que todo lo que se vea como un potencial de negocio acabe siendo absorbido por determinados intereses. Nosotros llevamos muchos años intentando que “residuo” sea algo “sexy” (ríe). Lo que ocurre es que no podemos quedarnos sólo con esta visión del estilo de vida si no pasa por una reivindicación de cambio de modelo. Es algo que siempre decimos en los talleres. Muy bien que vayamos todas a comprar con tupper y que seamos las más modernas haciéndonos nuestra pasta de dientes casera, pero necesitamos que haya un activismo político que exija un cambio de modelo a los productores y políticos. No quedarnos en la superficie, sino tomar conciencia y hacer activismo político con estas demandas.

Hacer propuestas de estilo de vida sostenible siempre tiene el peligro de caer en propuestas identitarias de “yo me identifico con ese estilo de vida” que no solucionan el problema global.

Éste es un debate que tenemos mucho en Rezero. Cuando vimos que el término “residuo cero” tenía ese impacto y que ahora todo el mundo quiere ser residuo cero, decíamos: “¿Contribuiremos a que esto sea una moda y que dentro de dos años venga otra cosa?”

Por eso dedicamos tantos recursos a la incidencia y la normativa porque, si no, nos quedaremos igual. Y la industria tiene esa capacidad de fagocitarlo todo y de volverlo hacia sus intereses que, si no establecemos ese marco, es muy difícil. Y estamos intentando esto, que la gente entienda que debemos hacer activismo, cada uno a su ritmo y con sus intereses, obviamente sin caer en decirle a la gente lo que debe hacer.

 

Esta entrevista forma parte del Cuaderno 61, El negocio de los residuos. Si quieres leer el cuaderno entero, únete a Opcions con la modalidad Impulso.


Jose M. Alonso Opcions

Jose M. Alonso

Responsable de contenidos