“La ley de residuos es una oportunidad para cuidar el medio ambiente y crear ocupación. Toda Europa va en esta dirección”

Entrevista a Joan Marc Simon, coordinador de Zero Waste Europe.

Foto portada: Archivo entrevistado

Joan Marc Simon vive en Bruselas y coordina Zero Waste Europe, la coalición de grupos que impulsan el objetivo “residuo cero” por todo el continente europeo. Orador habitual, tanto en reuniones con la industria y las ONG en Bruselas como a nivel local, ha elaborado numerosos estudios y libros como «Residuo Cero – Cómo reactivar la economía sin destruir el planeta».

¿Qué es Zero Waste Europe (ZWE)?

ZWE es una organización que trabaja a nivel europeo, tanto influenciando políticas europeas como en la implementación de estrategias de residuo cero. Esto último lo hacemos trabajando con nuestros grupos locales (los tenemos en 25 países), con los municipios y hasta cierto punto con pequeñas empresas e industrias. En la actualidad, trabajamos con 450 municipios en la implementación de estas estrategias: prevención de residuos, cambio de sistemas de recogida, sistemas de reutilización…

Además, intentamos conectar diversos actores en acciones de impacto. Por ejemplo, hemos impulsado el movimiento Break free from plastic (libérate del plástico), que promueve alternativas al plástico de un sólo uso y que ahora mismo tiene más de 1.000 puntos adheridos a nivel mundial. Intentamos tener influencia más allá de nuestra propia organización y podemos llegar a generar grupos que son más grandes que ZWE.

Jose M. Alonso entrevistando a Joan Marc Simon

Jose M. Alonso entrevistando a Joan Marc Simon | Foto: Joana Ariet

Háblame de Contarina, Veneto. Lo citáis en vuestro sitio web como un ejemplo muy avanzado.

Contarina es la práctica más avanzada en Europa en la actualidad. Es una empresa pública de gestión de residuos, que trabaja en la región del Veneto, en la zona de Treviso. Son 52 municipios, en los que se ha conseguido no sólo llegar a niveles de recogida selectiva de cerca del 90% para casi un millón de personas, sino reducir la fracción resto a menos de 50 kg por habitante y año.

Aquí estamos generando 300 kg por hab/año de esa fracción.

Sí, entre 250 y 300 kg sería lo habitual. Así que ellos generan cinco veces menos que la media europea. Y claro, eso lo utilizamos como comparación: si ellos lo hacen, esto sería lo que el resto se debería comprometer a conseguir. Obviamente, no es fácil, pero la experiencia demuestra que es posible.

En vuestra página web dice que queréis impulsar las políticas de residuos del siglo XXI y dejar atrás las del siglo XX. ¿Cómo definirías cada una?

El gran titular que resumiría la gestión de residuos del siglo XX sería haber intentado evitar que la generación de residuos tuviese un impacto negativo sobre la salud de los ciudadanos.

Quitarlos de enmedio, vaya.

Quitarlos de, por ejemplo, un vertedero en medio de la ciudad, donde se han acumulado, y llevarlos a un sitio donde no molesten. Esto, en el peor de los casos, puede ser exportarlos o tirarlos al mar. En el mejor de los casos, sería intentar recogerlos selectivamente y reciclar lo que se pueda.

La gestión de residuos del siglo XXI tiene que priorizar la prevención, reutilización y gestión local de los residuos.

El siglo XXI es diferente: un siglo en el que estamos notando ya la escasez de recursos, el precio de la energía está subiendo, etc. con lo que ya no tiene sentido el hecho de generar residuos. La gestión de residuos en el siglo XXI tiene que consistir en invertir la pirámide y poner la prevención y la reutilización como prioridades. Lo que implica reducir al máximo la generación de residuos, porque los productos consumibles tienen que durar mucho más. Y localizar la gestión: reparar y reutilizar localmente, que sea fácil de hacer o que la gestión de la orgànica sea lo más local posible.

Un objetivo ideal para final del siglo XXI sería éste: el único residuo que se tendría que generar debería de ser el orgánico.

Volviendo a ZWE y vuestra trayectoria reciente. A menudo se ha dicho que, con el proyecto político europeo, se hace necesario que los movimientos sociales europeos trasciendan su contexto de acción local y cooperen con otros. Vosotros os habéis puesto manos a la obra.

Esa ha sido la clave. Al principio, en 2005, había grupos ambientalistas en distintos países con narrativas y estrategias distintas, atomizados. Nosotros dijimos “mirad, hay un marco legislativo europeo que, con todos sus fallos, se puede utilizar y no está siendo explotado.”

Así que sumamos nuestros esfuerzos a nivel local con los esfuerzos a nivel de Bruselas para intentar convencer a los que tienen el poder ejecutivo para implementar las soluciones a nivel local, regional y estatal. Y trabajar con las buenas prácticas. Porque, en lugar de tener ideas que no se habían implementado en ninguna parte, decíamos “mira, en Italia hay un municipio que está implementando una estrategia de residuo cero que ha conseguido estos resultados en cinco años. ¿Por qué no vamos a visitarlos?”. Y así, lo que hemos conseguido es avanzar muy rápidamente en una dirección concreta.

Hemos conseguido coger lo mejor que había a nivel europeo sobre residuos y transformarlo en una norma. Hemos construido sobre lo que ya había, unificando la narrativa de los distintos grupos y haciendo que trabajen juntos. Ahora vemos mucha colaboración de la sociedad civil, mucha más que entre administraciones de distintos países o en la industria. Y esto es una ventaja porque, si estamos más conectados, significa que tenemos acceso a más información, nos podemos anticipar y podemos tener más impacto.

¿Qué victorias ha traído esta metodología?

Muchas. A nivel europeo, por ejemplo, todo lo que es economía circular. Del 2014 -2015 hasta 2018 se ha aprobado una parte del paquete de economía circular con los nuevos objetivos de reciclaje, la obligación de recogida selectiva de la orgánica en 2023, una metodología uniforme para el cálculo del reciclaje, etc.

Jose M. Alonso entrevistando a Joan Marc Simon

Jose M. Alonso entrevistando a Joan Marc Simon | Foto: Joana Ariet

También hemos conseguido parar todos los fondos europeos que iban para incineradoras; hemos cambiado la política de subvenciones a la energía que se genera quemando residuos (“valorización energética”); conseguimos la directiva de bolsas de plástico de un sólo uso en 2014 y hemos conseguido la directiva para plásticos de un sólo uso de 2019.

A nivel local, hemos conseguido que países como Eslovenia o Rumanía – que entraron en la UE en 2004 y 2007 respectivamente – estén ya mucho más avanzados que países como España. En Rumanía, no a nivel estatal, pero hay regiones y municipios implementando estrategias de residuo cero similares a las de Italia, las del País Vasco o de algunos municipios de Cataluña, que son muy avanzadas. En Eslovenia, hemos conseguido que la capital (Ljubljana) sea la primera de Europa con estrategia residuo cero, ha dejado atrás la incineración y tiene tasas de reciclaje del 70%.

También hemos influenciado mucho las grandes empresas, como las envasadoras de refrescos (Coca-Cola, Pepsi) con la campaña Break free from plastic, al identificar de qué marcas son los envases que se encuentran abandonados en las playas. Hemos conseguido que se impongan objetivos de materiales reciclados o que ahora mismo estén apoyando el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), cosa que boicoteaban completamente hasta hace tres años.

A nivel global, ¿avanzamos a buen ritmo hacia un modelo de residuo cero?

Estamos avanzando más rápido de lo que avanzábamos antes. Pero estamos yendo demasiado lentos y hay muchísimos ejemplos de eso. Yo creo que vamos en la buena dirección, pero vamos demasiado lentos. 

El caso del Estado español, es exasperante. Hay países que han entrado a la UE veinte años después que España y están mucho más avanzados.

¿Nos cuesta alterar las inercias que nos vienen del siglo XX?

Es así, lamentablemente. Continuamos con un sistema incrementalista de cambios cuando la velocidad de la destrucción es exponencial. Tenemos un problema de escala: el cambio climático y la crisis de recursos no trabajan a nivel aritmético, trabajan a nivel exponencial, con toda la retroalimentación de sucesos y catástrofes.

Ahí está la contradicción, todavía no estamos trabajando a la velocidad adecuada. Estamos en un transatlántico y nos cuesta virar la dirección y coger velocidad de crucero.

En el caso del Estado español, es exasperante. Porque como hemos dicho antes, hay países que han entrado a la UE veinte años después que España y están mucho más avanzados. Un país con el nivel de inversión y el conocimiento que tiene España en gestión de residuos, que a día de hoy esté tan retrasado, llama la atención.

Esto duele un poco de oír.

Nosotros hablamos con las federaciones europeas y nos dicen lo problemático que es trabajar con países como España. Donde tienes organizaciones como Ecoembes que van a la suya y que básicamente están quitando credibilidad a sus homólogos de otros países.

Te quería preguntar por el término de moda, “economía circular”. En Opcions, causa cierto recelo usar términos “nuevos y brillantes”, aunque reconozco que, desde el punto de vista de la comunicación, “economía circular” tiene mucho sex-appeal como expresión. ¿Cómo os posicionáis vosotros? Sospecho que de una manera más pragmática.

¿Se abusará del término y dentro de diez años no significará nada? Puede ser. Pero ahora mismo tiene esa utilidad.

De manera pragmática, sí. Esto son marcos de trabajo, marcos lógicos. Economía circular está bien como oposición a economía lineal, de usar y tirar. Yo creo que, si sólo sirve para eso, ya es algo. Es hacer explícito algo que nosotros ya decíamos hace tiempo pero los mass media o la industria no estaban acostumbrados a oír. El hecho de que esto sea “el nuevo normal” de la política europea yo creo que es útil. Hay gente comprometida con la economía circular que lo está haciendo bien y yo creo que es útil en ese sentido.

¿Se abusará del término y dentro de diez años no significará nada? Puede ser. Pero ahora mismo tiene esa utilidad. También pasa que, en países como España, se está tergiversando más que en otros. Por ejemplo, estás quemando residuos y dices “la incineración forma parte de la economía circular porque siempre tendrás residuos y algo hay que hacer con ellos, y lo que no se puede reciclar se tiene que quemar. Esto es economía circular”. Esto lo que es es un greenwashing como una casa. Pero, como no hay una definición de economía circular que esté aprobada a nivel legislativo, no pasa nada. Y claro, es más fácil coger las palabras de moda y retorcer su significado que cogerlas y darles un significado real.

Antes has hablado de Coca-Cola y Pepsi. Las grandes corporaciones podrían, paradójicamente, generar procesos de economía circular técnicamente muy potentes, pero al mismo tiempo están insertadas en una lógica de negocio súper capitalista.  ¿Cómo os posicionáis ante estas grandes empresas?

Aquí hay dos cosas. Una, nosotros apoyamos, prioritariamente, a las empresas locales que trabajen con recursos locales en modelos circulares (no queremos una “circularidad global”) y con respecto a los derechos de los trabajadores. A nivel de estrategias de residuo cero, queremos que estas pequeñas empresas locales se multipliquen. Creemos más en una Europa llena de empresas locales de gaseosas y refrescos con envases que circulan localmente y anclados en la comunidad que tener dos o tres multinacionales que, de forma súper eficiente y muy ecológicas, te suministren a nivel europeo.

Jose M. Alonso entrevistando a Joan Marc Simon

Jose M. Alonso entrevistando a Joan Marc Simon | Foto: Joana Ariet

Dicho esto, y a partir del trabajo que hacemos con las empresas locales, también somos conscientes del impacto que tienen estas grandes empresas sobre el medio ambiente y los impactos sociales que generan. Nuestra estrategia es hablar con ellas, para intentar minimizar el daño que hacen. Entonces, si conseguimos que  los envases de Coca-Cola, Pepsi etc., en lugar de acabar en el medio ambiente, se pasen a un sistema de envase reutilizable, podemos hacer que sean un poco menos dañinas. También porque cuando se trata de cambiar infraestructuras y paradigmas, si cambiamos una infraestructura de reutilización de envases que funciona para estas grandes empresas, también funcionará para las pequeñas. De la misma manera que si construyes carreteras para coches, también se pueden utilizar por bicicletas. La infraestructura podría ser utilizada por todos. Esa es la filosofía.

Somos conscientes de la contradicción pero creemos que, dado el impacto actual de estas empresas, es importante minimizarlo.

En España, se está elaborando la nueva ley de residuos y estamos preocupados porque, al parecer, al texto aprobado en el Congreso le falta ambición y profundidad para introducir medidas potentes de prevención y reutilización. ¿Cuál sería tu mensaje para nuestros representantes políticos?

Creo que es importante que vean realmente la oportunidad. Que vean que esta ley no es una ley de restricción, sino que es una ley que permitirá mejorar el estado del medio ambiente, crear ocupación, ayudarnos en la lucha contra el cambio climático y a ser más eficaces. Entonces, si realmente les preocupa el futuro del país, yo creo que es una ley que es importante que se apruebe con el máximo de ambición. 

Que no dejen pasar otra oportunidad para ponerse al día en todo lo que es una sociedad residuo cero (o economía circular), porque toda Europa va en esta dirección y España tiene que seguirla. Y que, si pueden tomar la iniciativa y, por una vez, no ser los últimos, sería bienvenido.

 

“Esta entrevista ha sido extraída del Cuaderno 61 “El negocio de los residuos”. Si quieres leer la entrevista completa o todo el Cuaderno, puedes comprar-lo aquí y te lo enviamos a casa o unirte a Opcions.”


Jose M. Alonso Opcions

Jose M. Alonso

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