Ropa deportiva: alternativas sostenibles para las personas y el planeta

Algunas pequeñas marcas de ropa deportiva empiezan a asomarse al mercado apostando por una producción sostenible ambiental y socialmente e incentivando un consumo consciente, pero todavía están lejos de hacer sombra a las grandes marcas internacionales como Nike, Adidas o Decathlon.
Yoga | Autor: Free To Use Sounds

Decathlon, líder mundial del sector de la venta al por menor de material deportivo, con una facturación de 1.952 millones de euros solo en el Estado español en 2019, tiene hasta 15 páginas diferentes de su web para explicar, con todo tipo de detalles, por qué se consideran una empresa sostenible. Nike, líder mundial en venta de ropa y calzado deportivo, con una facturación por encima de los 39.000 millones de euros en 2019, incluso tiene en su web un curioso video dónde en 17 segundos se puede ver como de unos cuántos plásticos viejos y cuatro hilos de residuos textiles sale una glamurosa y atractiva zapatilla deportiva que,  dicho sea de paso, al mercado puede llegar a venderse entre los 100 y los 200 euros.

Pero ¿es realmente sostenible la ropa deportiva que encontramos al mercado? Ya no solo desde el punto de vista ambiental, sino también social, y del consumo consciente. Antes de que nada, por lo tanto, habría que concretar qué se entiende por ropa deportiva sostenible. Laura G. Arriaga, que después de más de 10 años trabajando para la industria de la moda y de la belleza como comunicadora, en noviembre de 2019 fundó ActandBe, la describe así: «La definición de moda sostenible la podemos resumir como una corriente de la moda nacido en el siglo XXI que fomenta el diseño, la producción y la distribución de ropa con criterios ecológicos, de respecto al medio ambiente y a las personas».

La moda sostenible es aquella que fomenta el diseño, la producción y la distribución de ropa con criterios ecológicos, de respecto al medio ambiente y a las personas

El último matiz que hace Laura G. Arriaga, añadiendo el respecto a las personas al del medio ambiente, es la clave para ir acotando el concepto de ropa deportiva sostenible. Y es que la industria de la moda, y la ropa deportiva no es ninguna excepción, no solo es la segunda más contaminante del mundo, según datos de las Naciones Unidas, sino que también ha sido señalada desde hace décadas por campañas como Ropa Limpia como una de las que más vulnera los derechos de las personas que trabajan en las fábricas que proveen las grandes marcas, ubicadas en China y el Sudeste asiático. De hecho, las grandes firmas deportivas ya fueron objeto de las primeras campañas globales de denuncia cuando a mediados de los noventa la publicación de fotografías de niños cosiendo pelotas de fútbol de la marca Nike provocó un boicot internacional hacia los productos de la firma norteamericana.

La industria de la moda causa un 8% de los gases de efecto invernadero

A pesar de los esfuerzos de la industria de la moda para presentarse como sostenible, los datos que aporta el mencionado informe de Naciones Unidas, de 2019, son deprimentes: al reconocido problema del consumo de agua o pesticidas (ver Opciones nº 39), hay que añadir que cada año se abocan en el mar medio millón de toneladas de microfibra, que equivalen a 3 millones de barriles de petróleo. En conjunto, la industria de la moda es responsable del 20% del derroche total de agua a escala global y la producción de ropa y calzado produce el 8% de los gases de efecto invernadero. Y es que no es para menos, ya entre 2000 y 2014 se duplicó la producción de prendas de ropa. Y según el Informe McKinsey sobre el Estado de la Moda 2019, cada persona conserva las prendas de ropa, de media, la mitad de tiempo que hace 15 años.

La moda deportiva, también en el punto de mira de campañas como Ropa Limpia

Pero ¿y las cuestiones sociales? En 1989, una manifestación ante unos grandes almacenes en Holanda denunciaba las condiciones laborales indignas de las trabajadoras a la fábrica de Filipinas donde se producía la ropa que se vendía. De la manifestación nació la Clean Clothes Campaign (CCC), que desde 1997 tiene su referente en el Estado español con la campaña Ropa Limpia, impulsada desde la Federación SETEM. Las múltiples acciones de la campaña han conseguido señalar las reiteradas vulneraciones de los derechos laborales de las personas que fabrican la ropa deportiva en países asiáticos y que la mayoría de ellas hayan ido asumiendo compromisos de mejora. Publicaciones como «Moda: industria y derechos laborales. Guía para un consumo crítico de ropa» (2011), «Guía para vestir sin trabajo esclavo» (2013), «Quedan bien estos zapatos? Una visión general de la producción mundial de calzado» (2015) o «La hoja de parra de la moda. De como la auditoría social protege las marcas y se desentiende de las personas trabajadoras» (2019) aportan abundante y contrastada información sobre la evolución del sector en la última década, con un papel destacado de las grandes marcas de ropa y calzado deportivo como Nike, Adidas, Converse, Puma o Umbro.

Análisis del precio de un par de zapatillas de deporte | Fuente: Setem

Análisis del precio de un par de zapatillas de deporte | Fuente: Setem

Centrémonos, sin embargo, en dos estudios recientes que dan una idea bastante fidedigna del estado de la situación actual. Por un lado, «Salarios dignos. Análisis de los salarios en la industria textil global» (2019), donde ya aparece, aparte de las grandes marcas internacionales de ropa deportiva, la cadena Decathlon, y del otro, «Foul Play. Sponsors Leave Workers (still) on the Sidelines» (2018, de momento solo en versión en inglés). Este último con datos demoledores sobre cómo las grandes marcas evitan pagar salarios dignos a los miles de personas que participan en la cadena de fabricación de sus productos y que después gastan en unas pocas estrellas del deporte profesional.

Salarios dignos para las trabajadoras de los proveedores de las grandes marcas

El estudio sobre salarios dignos tumba de manera estrepitosa lo lavado de cara de los últimos años de la industria de la moda, incluidas las grandes marcas de ropa deportiva como Nike, Adidas, Puma o Decathlon. Para profundizar en el concepto de salario digno -que no todo el mundo interpreta del mismo modo- es interesante la definición que hace la campaña Ropa Limpia en este enlace. A grandes rasgos, un salario digno tendría que ganarse con el trabajo realizado durante la semana laboral estándar (no más de 48 horas), y tendría que ser suficiente porque una trabajadora del sector textil compre comida para sí misma y para su familia y para que se pueda pagar la vivienda, la atención médica, la ropa, el transporte y la educación, y tendría que quedarle una pequeña cantidad de ahorros para poder hacer frente a posibles imprevistos.

Pues bien, el estudio partía de uno similar del año 2014, y a partir del cual algunas marcas se comprometieron a trabajar para proporcionar salarios dignos. Cinco años después, la campaña Ropa Limpia quería comprobar la evolución de aquellos compromisos. De aquí que se hiciera el mismo análisis a 20 de aquellas compañías, entre ellas cuatro de ropa deportiva: Nike (también propietaria, entre otras, de Converse y Umbro), Adidas (también propietaria de Reebok), Puma y Decathlon. Las conclusiones no dejan lugar a dudas: «Todavía no hay ninguna marca que pueda afirmar que las personas que elaboran su ropa estén cobrando un salario digno», ni ninguno pudo demostrar que esté avanzando para garantizar que pagan bastante a las trabajadoras para vivir.

Decathlon, la peor parada entre las marcas de ropa deportiva

De entre las marcas de ropa deportiva, la que sale peor parada del informe es Decathlon, que como las otras no dispone de indicadores de referencia sobre salarios dignos, ni calcula si el precio que se paga por cada unidad es suficiente para permitir un salario digno. También suspende en transparencia, puesto que no solo no informa sobre los salarios de las personas empleadas por sus proveedores, sino que, a diferencia de Adidas y Nike, que sí que lo hacen, tampoco publica los nombres de los proveedores de primer nivel y de su red ampliada. Decathlon es una de las cinco marcas que no lo hace, y de entre las deportivas, la única que no lo publica. En cuanto a la libertad de asociación de las personas trabajadoras, la mayoría de marcas afirmaron que la promovían activamente, así como el derecho a la negociación colectiva, considerada clave por parte de la campaña Ropa Limpia de cara a avanzar en las mejoras laborales. Solo Decathlon y tres empresas más -Amazon, PVH y Zalando- no pudieron demostrarlo.

Decathlon traspasa a sus proveedores la responsabilidad de garantizar que los salarios cubran las necesidades básicas

Más allá del historial de vulneraciones de los derechos laborales de grandes empresas como Nike o Adidas, extensamente detallados en los informes de Ropa Limpia de las últimas décadas, sorprende la irrupción de una compañía como Decahtlon en este tipo de informes. En concreto, el de salarios dignos de 2019, califica de «decepcionante» que no presentara ninguna acción destinada a aumentar significativamente la remuneración de las personas trabajadoras de sus proveedores ni un plan claro para proporcionar salarios dignos. Su estrategia, añade, se basa en hacer inspecciones e impartir algunos programas formativos para aumentar las habilidades y la productividad del personal, pero en realidad, según el informe de Ropa Limpia, esto solo ha servido para conseguir un incremento máximo del 10% de los salarios de un proveedor clave. «Decathlon tiene que dejar de traspasar a sus proveedores la responsabilidad de garantizar que los salarios cubran las necesidades básicas y asumir un compromiso de acuerdo con la influencia que sus procesos de compra tienen sobre los salarios», concluye el informe.

El patrocinio de Adidas a Messi y los salarios indignos del sudeste asiático

El informe «Foul play» («Juego sucio») pone énfasis en el gasto en patrocinios de las grandes marcas de la ropa deportiva en contraste con la precariedad absoluta con que trabajan las personas que fabrican sus productos. Y se fija en algunos ejemplos muy ilustrativos. Como el patrocinio de Leo Messi por parte de Adidas. Una cifra como muestra: en 2017 Adidas pagó 11 millones de euros más a Leo Messi que lo que pagó 15 años antes a Zinédine Zidane, entonces el mejor jugador europeo. Con estos 11 millones de euros, Adidas habría podido pagar salarios dignos a 44.170 personas trabajadoras de Indonesia o a 52.600 de vietnamitas en fábricas de confección durante todo un año.

Con el dinero que se paga para patrocinar estrellas del deporte, se podrían pagar salarios dignos a más de 40.000 trabajadoras cada año

Pero el caso de Messi y Adidas no es una excepción. Según datos de la revista Forbes que cita el informe, Cristiano Ronaldo obtendrá de su asociación con Nike cerca de mil millones de dólares. Una persona con el salario mínimo europeo medio tardaría seis años en igualar lo que gana Ronaldo en un solo día con este patrocinio. Así mismo, si Nike y Adidas hubieran mantenido los gastos de marketing y patrocinios de 2017 a niveles de 2012, cuando ya eran «extremadamente significativos», el dinero ahorrado habrían permitido pagar salarios decentes durante un año a sus trabajadores en los países donde se hace la mayoría de su fabricación, como Indonesia, Vietnam o Camboya.

En cambio, según el mismo informe, lo que se destina a la retribución de las personas que trabajan en la cadena de fabricación de la ropa y calzado deportivo de estas dos grandes marcas ha caído un 30% entre 1995 y 2017. Y no parece que vaya a cambiar si, como también se explica en «Juego sucio», la selección alemana de fútbol renegoció en 2016 su contrato con Adidas y ahora cobra 65 millones de euros por año. Y el mismo año Cristiano Ronaldo se convirtió en el primer futbolista  al firmar con Nike un contrato de patrocinio de por vida, que le permitirá ganar 25 millones de dólares al año.

Laura G. Arriaga, fundadora d'ActandBe

Laura G. Arriaga, fundadora de ActandBe

¿Hay alternativa a la #ModaBasura?

Y ante este escenario que, vista la evolución de los últimos años, no parece que tenga que cambiar a corto o medio plazo, hay alternativa? ¿Qué papel le queda al consumidor para forzar ni que sea un pequeño giro a la situación? Por un lado, colaborar en campañas como las de Ropa Limpia u otros como #ModaBasura, que está impulsando actualmente Carro de Combate a través de una campaña de micromecenazgo en Goteo para llevar a cabo una investigación sobre «el impacto socioambiental de nuestro frenético consumo de ropa». En el marco de la misma campaña, Carro de Combate ha publicado a finales de septiembre un completo directorio de moda sostenible en España, en el cual se detallan muchas de las alternativas que han ido surgiendo en los últimos años y que interpretan la sostenibilidad desde todas sus vertientes, desde el ambiental a la social, pero también aplicando criterios de consumo consciente. Otras iniciativas como «RevESStim el tèxtil», impulsada desde la agencia pública Barcelona Activa, con la colaboración de SETEM, que busca reforzar las iniciativas de moda sostenible con criterios de economía solidaria, y que el marzo pasado organizó una interesante jornada en Barcelona, van también en esta dirección.

Centrándonos en el ámbito de la ropa deportiva sostenible, las iniciativas, a pesar de ser todavía pocas y modestas, empiezan a asomarse al mercado, sobre todo de la venta en linea. Es el caso, por ejemplo, de ActandBe, La Mandinga, Leser o Veraluna, esta última no estrictamente de ropa deportiva, pero una de las marcas de comercio justo con más recurrido en el Estado español. Todas ellos trabajan solo con materiales sostenibles, si no directamente procedentes de la agricultura ecológica, y garantizan un trabajo digno a las personas que trabajan en el proceso de producción, al tiempo que evitan la fabricación de piezas de baja calidad o muy vinculadas a la moda del momento para hacerlas más duraderas y no someter el consumidor a una renovación constante del armario e incentivar un consumo más consciente. Son las marcas de la slow fashion, en contraste con la fast fashion de las grandes marcas. «Consumir menos para consumir mejor», en palabras de Laura G. Arriaga, de ActandBe. Y es que en el otro plato de la balanza continúa habiendo el debate sobre el precio de venta de las piezas, normalmente más alto que el que puede encontrarse, por ejemplo, en una tienda de Decathlon u otras grandes superficies.

La vuelta al pueblo y a la producción sostenible

Actandbe nació en noviembre de 2019, y a pesar de su juventud, se presenta como «la primera marca de ropa deportiva ecológica y hecho 100% en España». Su impulsora, Laura G. Arriaga, se reafirma como la primera por el hecho de trabajar con talleres exclusivamente ubicados en el Estado español, a pesar de que durante el último año ya han surgido otras marcas que también lo hacen. La suya tiene la sede en Miguelturra, un pueblo de la provincia de Ciudad Real, donde Arriaga volvió después de años de vivir en varias capitales europeas trabajando para varias marcas internacionales de la moda. «Aquí, en el pueblo, la vida slow es simplemente la vida», explica

Si una pieza dura poco, está hecha para que nos guste solo una temporada o se echa a perder pronto, no es sostenible

Ella, que había conocido la industria por dentro, apostó para hacer un giro y apostar por una moda sostenible desde el punto de vista ecológico y social, pero también del consumo. «Se trata de hacer piezas de mejor calidad y con diseños que sean válidos durante muchos años», recalca. En opinión de Arriaga, «cualquier pieza que dure poco, que esté hecha para que nos guste solo una temporada o que se eche a perder al cabo de unas semanas, no se puede considerar sostenible». Actandbe solo trabaja con talleres de proximidad, a los cuales conoce y de los que tiene garantizado un trato digno en las personas que  trabajan. Los materiales son o bien ecológicos, como el algodón, o el bambú, que crece deprisa y necesita poca agua, o bien el poliéster reciclado hecho a partir de plásticos y residuos textiles. «Las marcas sostenibles velamos por todos los procesos, desde el cultivo del algodón, hasta la gestión de las tiendas o la publicidad o el uso de las redes sociales, también en esto tenemos que ser sostenibles», añade Arriaga.

Las producciones de Actandbe, además, son de medida reducida para evitar otro de los males de la fast fashion, la superproducción de ropa que nunca llega a venderse ni estrenarse y que va directamente a los vertederos. ¿Y los precios altos que encontramos frecuentemente en marcas de ropa deportiva sostenible y que actúan de freno a determinados consumidores? Arriaga confía que está habiendo un punto de inflexión y que si aumenta el consumo los precios tienen que bajar a la fuerza, pero tampoco cree en precios ultrabaratos: «Una camiseta de 5 euros o unos pantalones de 9 euros quieren decir algo, que falla alguna de las fases del proceso, o te puedes encontrar con ropa mal cortada o mal cosida, y además, que el consumidor acaba no valorando porque le ha salido tan barata que prefiere cambiarla al cabo de poco tiempo».

Arriaga también se muestra muy crítica con el greenwashing que practican algunas grandes marcas de la moda deportiva, presentándose como sostenibles, cuando solo usan un 20% de algodón ecológico en muchas piezas, «a la vez que fomentan el consumismo con un exceso de producciones de moda que se pasa en pocas semanas», o usan procesos de contaminación química. «¿De que sirve teñir con químicos una pieza de algodón orgánico?», se pregunta.

Cuidar el planeta y cuidar las personas

Son algunas de las cuestiones que también aparecen en la conversación con Lorena Giménez, que junto con Mario Minuesa, fundaron La Mandinga también a finales de 2019. En este caso en Las Rozas de Madrid: Lorena y Mario se conocieron entrenando y a partir de su afición común por el deporte y la vida saludable, empezaron a dar forma a lo que ha acabado siendo La Mandinga, otra marca de ropa sostenible, toda fabricada en el Estado español. «Si queremos incentivar hábitos de vida saludable a través del deporte, también tenemos que mirar por la salud del planeta», dice Lorena Giménez.

Plantació de cotó de Chetna Organic

Plantación de algodón de Chetna Organic

En este caso, a pesar de que también usan algodón ecológico, a La Mandinga la singulariza su implicación en el reaprovechamiento de plásticos procedentes del Mediterráneo, en un proyecto colaborativo donde participan 165 barcos de pesca que limpian el mar de residuos plásticos. De estos sale el poliéster reciclado, del cual Lorena Giménez defiende la utilización por su impacto medioambiental bajo, al ayudar a la reducción de residuos y requerir menos gasto energético en su fabricación. Así mismo aplican tintes ecológicos y acabados basados en el ahorro de agua y energía, «completando un proceso vertical ecológico».

Lorena Giménez también contempla el futuro con optimismo. «Es cierto que todavía hay muchos consumidores que condicionen sus compras de acuerdo con el precio, el diseño, las marcas, etc., pero también cada vez más que tienen en cuenta sus principios y convicciones, hoy por hoy en el mercado hay espacio para todos», opina.

Precisamente especializada en yoga es otra marca catalana jovencísima, nacida en marzo de 2020, en pleno confinamiento. Leser está especializada en ropa sostenible de yoga para mujeres. La diseñadora Xènia Rosales es la impulsora de esta marca que trabaja exclusivamente con talleres de Mataró, desde el que corta la ropa hasta los que hacen la estampación y la serigrafía, todo muy manual, con bajo consumo de agua y con tinta ecológica. Aparte de algodón orgánico, trabaja con dos materiales naturales más, algas de mar, extraídas a 200 metros de profundidad para no dañar el ecosistema, y zinc lyocell, material procedente del eucalipto. Según explica Rosales, tanto las algas como el zinc actúan sobre el cuerpo, aportando hidratación natural, protección y regeneración a la piel a la vez que se hace deporte. «Queremos que las piezas sean sostenibles, para cuidar el planeta, pero también para cuidarnos a nosotros como personas», explica Rosales. Una filosofía, como la mayor conciencia por la sostenibilidad, muy en consonancia con muchas practicantes de yoga. Finalmente, Rosales recalca que cuidan que las piezas puedan perdurar en el tiempo, que sean atemporales y de producciones muy básicas, y así incentivar un consumo consciente «y no verte obligada a hacer un cambio de armario constante».

Comercio justo para dignificar la vida en la India

La misma filosofía es la que guía Veraluna, la marca de ropa -no exclusivamente deportiva- impulsada desde la ONG Oxfam en 2012. Nació para mejorar las condiciones de vida en India, no solo pagando salarios dignos a las personas que trabajan el algodón en los campos y produciendo las prendas de ropa en los centros de producción, sino también asociando proyectos sociales y de educación para empoderar la población autóctona, y más concretamente la femenina. Trabajan con algodón 100% ecológico y con procesos de producción respetuosos con el medio ambiente, y en el sector de la ropa deportiva, fabrican piezas destinadas al yoga y el pilates, además de bolsas de deporte. En India colaboran con la asociación de campesinos de Chetna Organic, que también fabrica las prendas de ropa, y con otras cooperativas de mujeres y artesanos. «El objetivo es apoyar a grupos de productores, a este tipo de cooperativas e iniciativas a pequeña escala», explica Eduard Sagrera, responsable de las tiendas ciudadanas de comercio justo de Oxfam.

Treballadores de l'Índia a les plantacions de Chetna Organic

Trabajadorass de la India en las plantaciones de Chetna Organic

Un estudio de 2015 publicado en el cuaderno «Tira del hilo» de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo incluía una comparativa sobre el destino del dinero cobrado en la tienda por un polo de Massimo Dutti -una de las marcas de Inditex- y uno de Veraluna. El primero se vendía por 22,95 euros, y el segundo, por 24,90. Si bien el precio de venta era similar: 

  • Lo que se destinaba a la mano de obra era sustancialmente diferente: 0,14 € por confeccionar el polo de Massimo Dutti, por 1,96 € en el caso de Veraluna: 10 veces más.
  • En el beneficio de fábrica y los intermediarios los porcentajes se invertían, mostrando un perfil mucho más explotador en el caso de Massimo Dutti (1,86 € para beneficio e intermediarios) y mucho más igualitario por Veraluna (0,17€ para estos conceptos).
  • El beneficio para la marca también era muy superior en el caso de la multinacional gallega: 2,86 € por polo, por 0,99 € en el caso de Veraluna.

En resumen, y más allá de los porcentajes, los informes, las campañas y las marcas, queda la poesía, que también ha dicho la suya. Como Patricia Olascoaga, con el poema Pobreza incluido en su libro Tenemos la canela, editado por Neopàtria:

«Detrás de una camiseta de tres euros
hay dos pobres:
el que la compra
y el que la cose.
Cada uno en una parte del mundo.
En el medio el explotador,
que une la necesidad de dos pobrezas
en su beneficio».


Josep Comajoan

Josep Comajoan

Periodista