Organización popular y economía solidaria para que nadie quede atrás

El movimiento vecinal y popular se organizó el año pasado para responder al nuevo embate socioeconómico que provocó la pandemia. El consumo consciente y el cuidado de la comunidad se convirtieron estandarte en la resistencia y solidaridad, que también fueron protagonistas del 2020. Las iniciativas y los proyectos que se llevaron a cabo sirven como ejemplo para mirar hacia un futuro con organización y apoyo mutuo para que nadie quede atrás.

14 de marzo de 2020, el presidente del Estado, Pedro Sánchez, declara el estado de alarma. Días antes, risas nerviosas por las calles, bromas sobre el fracaso del Mobile World Congress y la sensación de estar ante la pantalla inmersos en otro capítulo de series distópicas. Pero aquel 14 de marzo, sin darnos cuenta de ello, marcó un antes y un después en cientos de miles de personas en todo el país y del Estado.

Algunos en pisos pequeños, otros con una terracita, un balcón o una ventana. En pareja, con amigos, difícilmente pudiendo vivir solas y canalla y familias y tribus, muchas desmontadas. Somos seres sociales, criaturas destinadas a vivir en sociedad, que poco esperábamos, pequeñas y grandes, ver y vivir como todo se helaba a nuestro alrededor. Pero pasó, y el bloqueo fue colectivo y las dudas eran montañas que muy pocas personas supieron resolver.

Como siempre, sin embargo, el movimiento popular se activó y se crearon mecanismos y engranajes de apoyo popular para las que más lo necesitaban. La activación responde no sólo a un aprendizaje constante sino a una memoria colectiva que arrastramos, entre otros, desde la crisis de 2008, que se convirtió en un polvorín de iniciativas y redes de apoyo en Cataluña y el Estado español.

Vínculos y confianza contra la burocracia

Vuelve a ser lunes. La puerta de hierro y malla abre con rabia y esperanza cuando antes lo hacía con alegría. Más de cincuenta personas otra vez. Vivienda, papeles, trabajo, comida. Necesidades diversas y situaciones infinitas, ruedas de pobreza, vulnerabilidad y exclusión. Ahora, más que nunca, «que nadie quede atrás» es el lema colectivo por la supervivencia. Sillas de plástico, gel hidroalcohólico y mascarillas. De tela y de colores, por poco que pueda, colores. «Para nosotros no tenía sentido montar espacios asistencialistas como setas, aquí queríamos construir comunidad. Necesitábamos vínculos y a partir de ahí ha nacido el compromiso», dice Emma Puig entre reunión y asamblea.

La militante Emma Puig: «Para nosotros no tenía sentido montar espacios asistencialistas como setas, aquí queríamos construir comunidad. Necesitábamos vínculos y a partir de ahí ha nacido el compromiso».

Las paredes de Can Sanpere, la antigua fábrica de Premià de Mar ocupada desde 2013, acoge cada lunes la Red de Vivienda del Baix Maresme nacida en 2018. Este 2020, sin embargo, las estructuras populares necesitan nuevas herramientas para la comunidad . El confinamiento domiciliario del pasado mes de marzo provocó, como tantos otros lugares, la creación de grupos de Apoyo Mutuo para dar espacio a la colaboración vecinal y ciudadana ante la situación general de bloqueo. «El confinamiento generó que las iniciativas con más burocracia se abrieran a otros grupos no registrados como nosotros», explica Emma, ​​militante de la Red de Vivienda. Así se creó el Banco Popular de Alimentos en el Baix Maresme, concretamente en Premià de Mar, El Masnou y Vilassar de Mar, donde se mantienen activos hoy en día.

En coordinación con los sindicatos de barrio y a través del contacto con Espigadores y el Banco de los Alimentos, el Banco Popular de Alimentos comenzó a recoger comida todos los lunes. «Aparte de los alimentos, una de las carencias más importantes que encontrábamos era la de productos de higiene, por ello, y gracias a los seis mil euros que recogimos de donaciones de personas a título individual, pudimos abastecer de diversos productos las familias que se han ido acompañando «, añade. Por otra parte, desde el colectivo de Apoyo Mutuo que ha acabado formando parte de la estructura de la Red de Vivienda, se ha asumido, desde el mes de septiembre, la gestión del armario solidario, un proyecto nacido en 2014 ubicado en la antigua fábrica y que consiste en un pequeño almacén de ropa en buen estado para dar ropa o coger.

El Banco Popular de Alimentos comenzó a recoger comida todos los lunes, y también han solventado carencias de higiene en muchas familias.

Emma valora positivamente esta activación popular y reconoce que el modelo vigente de los bancos de alimentos se basa en el asistencialismo que la Red trata de evitar, «la gente se ha organizado a partir de sus necesidades, esto va mucho más allá de una entidad registrada. Aquí no revisamos los papeles de la gente, ni ponemos condiciones, para que la relación y el vínculo están basados ​​en la confianza y la comunidad».

#TodasALaMesa

Equip Abarka Catering. Foto: GUIDO LANESE

En este sentido, Emma valora positivamente las experiencias de coordinación con el comercio local y la Economía Social y Solidaria (ESS) de toda la comarca a pesar de remarcar que hay que profundizar más. El pasado mes de agosto, ya raíz de la campaña #TotesATaula, el Banco Popular de Alimentos del Baix Maresme recibió cientos de kilos de fruta y verdura fresca por parte de EcoMaresme que repartirse entre la comunidad.

La campaña, liderada por Opcions y acompañada por varias entidades de la economía solidaria, consistía en destinar el 80% del importe recaudado por altas de socias de consumo, aumentos de cuotas y donativos, tanto de personas como de empresas, a un fondo para comprar alimentos de iniciativas agroecológicas locales y darles a los colectivos que se encuentran en situación vulnerable. Además, pretendía combinar el apoyo a personas en situaciones de vulnerabilidad y al tejido agroecológico y de la economía social y solidaria.

Desde el lanzamiento de la campaña y durante el estado de alarma, #TotesATaula ha recaudado más de 20.000 € de todo el estado -Palma, Valencia, Canarias, Madrid, Barcelona, ​​Zaragoza-y ha puesto en contacto pequeñas productoras locales y grupos de distribución de alimentos con diversos colectivos.

Mapa del pequeño campesinado

El destino de los fondos de la campaña #TotesATaula se agilizó gracias a la labor de recopilación de datos con el que ha estado trabajando Arran de Terra con la campaña «Abastecimiento agroecológico«. Entendiendo el estado de alarma como una oportunidad de cambios, entre Arran de Terra, una cooperativa que promueve la agroecología y la soberanía alimentaria, y Pam a Pam, mapa colaborativo de la economía social y solidaria en Cataluña, lanzaron este proyecto con el objetivo de dar apoyo a las redes agroecológicas en un momento en que gran parte del pequeño campesinado estaba teniendo dificultades para dar salida a su producción, debido al cierre de comedores escolares, restauración y otros co lectivitats.

Entendiendo el estado de alarma como una oportunidad de cambios, Arran de Terra y Pam a Pam lanzaron el proyecto «Abastecimiento agroecológico» con el objetivo de dar apoyo a las redes agroecológicas.

El proyecto, que sigue activo a arrandeterra.org/ abastecimiento, tiene varios públicos y motivos. Por un lado, se erige como una apuesta para hacer presión política que refuerce la pequeña producción y de otra, apoya en la búsqueda de soluciones urgentes a medio plazo para garantizar la distribución. En este sentido, pretende facilitar enlaces con otras productoras, distribuidoras, grupos de consumo, pequeño comercio y supermercados cooperativos.

Además del mapa web, recoge contactos y localiza los proyectos agroecológicos para personas consumidoras interesadas. Asimismo, la campaña ofrece lazos con la administración y los grupos de apoyo mutuo con guías adaptadas para la difusión y la práctica del consumo consciente.

Confinamiento sin casa ni papeles

La fuerza expansiva del capitalismo en esta segunda crisis de los últimos veinte años ha afectado de forma grave a las personas migradas de Cataluña y España. Con la implantación del estado de alarma y el confinamiento domiciliario, se hizo evidente la mala gestión de las administraciones y de muchas entidades del tercer sector con respecto a uno de los colectivos más vulnerables y estigmatizados de ese momento, la juventud migrante. Durante meses, la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA) y algunas entidades habían ido expulsando jóvenes de centros que, sin más alternativa, habían quedado en la calle. Concretamente en Girona, las restricciones de la movilidad llegaron en plena campaña de la Tancada per drets (Cerrada por derechos), una iniciativa de varios movimientos sociales, como el Espacio Antirracista de Salt, que exigía pan, papeles, techo y trabajo para decenas de jóvenes ex tutelados en una ocupación de la Universidad de Girona hasta que se alcanzaran los objetivos. La situación de la Covidien-19 hizo trasladar la protesta a un albergue municipal, ligado a la dificultad de gestión sin poder salir a las calles y al mismo tiempo a la persecución policial que sufrían y sufren los jóvenes.

Durante meses, la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA) y algunas entidades habían ido expulsando jóvenes de centros que, sin más alternativa, habían quedado en la calle.

La presión pública y política, sin embargo, encontrar salidas de alojamiento, mentoría y acompañamiento en la regularización por los jóvenes, gracias a la presión y a la capacidad de sostener la campaña a pesar de la situación excepcional que se estaba viviendo. Además, desde la misma ciudad de Girona, otras iniciativas sociales han conseguido llegar donde nadie ponía el foco. Desde #ComprasAntiracistas, que comenzó a funcionar a principios de abril, se han recogido donativos de particulares y entidades a través de Bizum, Paypal y transferencias para poder, según dicen, para llegar allí donde el sistema falla.

Karim Sabni, uno de los impulsores y miembro de la cooperativa de inserción Idar, explicaba que «ante la avalancha de llamadas recibidas de personas en situación de riesgo por el estado de alarma, hemos decidido crear una campaña solidaria a través de las redes sociales «. Por eso crearon el grupo motor Social Project 4.0. La campaña asegura ser «una caja de resistencia que, a partir de las donaciones, permite hacer ingresos de entre 50 y 200 € en función de la situación de cada núcleo familiar».

Impulsor de #ComprasAntiracistas, Karim Sabni: «Ante la avalancha de llamadas recibidas de personas en situación de riesgo por el estado de alarma, hemos decidido crear una campaña solidaria a través de las redes sociales».

Por otra parte, huyendo del asistencialismo, como dice Karim, «consideramos que dar la ayuda económica en metálico es una forma de dignificar el apoyo y que las personas sean libres en decidir y escoger en que quieren invertir estos dinero. Muchas personas que reciben ya alguna ayuda de alimentos, reclaman la opción de poder acceder a productos frescos como frutas y verduras «. La campaña, que ha recogido ya más de 11.000 € y ha atendido a más de 300 personas, ha contado con el apoyo de Girona Acoge, Coop57, La Plaga y La Pirata que, además, ha creado una cerveza por la causa.

Máquinas de coser y Banco de Alimentos Manter

Pero Girona no ha sido el único lugar donde personas migradas han hecho visible la extrema vulnerabilidad del colectivo en tiempos de pandemia. También el Sindicato Manter ha denunciado las condiciones de compañeros y compañeras. Uno de los portavoces, Aziz Fayé, asegura que con esta crisis sanitaria todo ha empeorado, ya no es sólo un tema de no poder salir a vender y quedarse en casa, sino de quien tiene casa donde quedarse. Algunos de sus compañeros de la venta ambulante han tenido que quedarse en centros habilitados, afirma. «La situación ha llegado al límite», continúa, «hay personas que no tienen trabajo, ni documentación, ni un lugar donde vivir. No podemos esperar a que llegue una pandemia para pensarlo «.

Es por ello que el Sindicato ha estado trabajando en la protección y el cuidado de la comunidad con diversas iniciativas. Por un lado, el impulso del Banco de Alimentos Manter que, en la línea de #ComprasAntiracistas, recogía donativos y apoyo para el acceso a productos básicos del colectivo. Por otra parte, el colectivo ha estado produciendo mascarillas en el taller de la calle de En Rojo para servir el Hospital de Granollers, el Ayuntamiento de Sentmenat y el Ayuntamiento de Barcelona.

Cajas de resistencia para sostener los cuidados

Otra de las caras más oscuras de esta crisis sociosanitaria ha sido la gestión de los cuidados. En este sentido, el año 2016, y siendo un polo fuerte para afrontar la situación actual, nació la Asociación Mujeres Migrantes Diversas. La Daybelyn Juares, fundadora y portavoz del colectivo, comenzó a movilizarse con cuatro compañeras más en la organización de una marcha en protesta por las políticas en Honduras, su país de origen. Eran varias, pero aquella lucha compartida era sólo una de las cosas que las unía. Todas cinco se dedicaban a los cuidados del hogar y las personas, compartían inquietudes políticas, orígenes y energías. Así nació en Barcelona la Asociación Mujeres Migrantes Diversas, que atiende demandas de todo el territorio y actualmente, a partir de dos grupos de whatsapp, son más de 400 mujeres organizadas.

Foto: CÈLIA APPEL

Esta crisis, como asegura Juares, las golpea de una manera brutal en muchos sentidos. En la esfera laboral, muchas de las mujeres han sido despedidas y, a pesar de tener un contrato verbal, los trabajos eran irregulares y muchas de ellas, en situación administrativa irregular, se encuentran completamente desamparadas a nivel legal y con unos efectos económicos que derivan en dificultades para pagar los alquileres. La situación global llevó el colectivo crear una caja de resistencia para las trabajadoras del hogar y los cuidados que, desde abril hasta ahora, ha recogido más de 21.000 €.

Visibilizar en la red

Desde la sororidad y el apoyo mutuo, aparece la Red de Mujeres Costureras que, en el mes de mayo, presentó de forma pública en un intento de darse a conocer para aglutinar más mujeres y poder gestionar encargos de grandes dimensiones. Tal como dice el nombre, se trata de una iniciativa comunitaria que apuesta por el autoempleo de mujeres de grupos de diversa tipología de la ciudad de Barcelona en el ámbito de la costura y que, durante el confinamiento, llegaron a producir más de 13.000 mascarillas profesionales para más de 40 centros esenciales. El grupo, sin embargo, pretende ampliar horizontes y crear colecciones con material reciclado, dado o recuperado de la calle.

La Red de Mujeres Costureras está formada por trece grupos de costura, entre los que encontramos movimientos sociales, cooperativas y fundaciones y aseguran, como lema, que «en red nos hacemos visibles, en red nos abrazamos, en red intercambiamos telas, máquinas , hilos, conocimiento y experiencias. En red damos valor y ponemos precio y en red queremos asumir pedidos, distribuir y facturar «.

Mujeres, ganaderas y organizadas

Son muchos los sectores en los que la crisis ha impactado, y muchos los que han encontrado en la colectividad una manera de organizarse y hacer frente. Es el caso de este otro grupo de mujeres, las Mujeres del mundo rural, un colectivo nacido a principios de 2019 que trabaja «para fomentar el consumo de productos de proximidad favoreciendo la economía social y local además de ser un acto de respeto, valorización y contribución al territorio ya sus profesionales «. Además, el colectivo pretende dar visibilidad al trabajo de labradores, ganaderas, pescadoras, forestales, productoras y otros profesionales del mundo rural y el sector primario.

Más allá de todo el trabajo de sensibilización y recuperación de un espacio aparentemente masculinizado, estos últimos meses han lanzado una nueva iniciativa de intercooperación entre productoras de todo el territorio. Se trata de los lotes de productos alimenticios elaborados por las socias de Mujeres del mundo rural, unos productos de calidad, del territorio y con una apuesta social que remarca el trabajo de la diversidad de productos y profesiones de esta asociación de mujeres que se dedican al sector primario.

Mujeres del mundo rural han lanzado una nueva iniciativa de intercooperación entre productoras de todo el territorio.

Entre todas, todo

En estas páginas, hemos recogido algunas de las iniciativas que hemos podido conocer, palpar y vivir. Pero el territorio está vivo y hay decenas y cientos de iniciativas por descubrir. Lejos de intentar ver cosas positivas en una situación que ha empobrecido las personas y evaporado derechos fundamentales, es interesante observar el poder popular, la organización, la comunidad, el movimiento y la colectividad, atado de las posibilidades de la economía social y solidaria en todo el país. A menudo hablamos de que otra economía es posible sin asumir con firmeza que otra economía ya existe y que esta alternativa es un bastión de resistencia, de la mano de los movimientos sociales, de la protección y el cuidado del «nosotros» y debemos mantener entre todas. Ahora más que nunca, entre todas, todo.

Foto: CÈLIA APPEL

Este reportaje lo publicamos en el Cuaderno 59 de Opcions “Consumo en tiempo de crisis”. Si quieres leer el cuaderno entero, únete a Opcions i te lo enviaremos gratuitamente.