Más allá de la recesión económica

La pandemia ha amplificado otras crisis globales como la ambiental, la de valores o la psicosocial, que tienen su raíz en los efectos del neoliberalismo.

En 2008 estalló la peor crisis económica a escala mundial desde el llamado “crack” de 1929, que hizo que el mundo entrara en una profunda recesión económica que ha tenido un impacto devastador, incrementando las desigualdades socioeconómicas de la ciudadanía y provocando recortes en los servicios públicos, destrucción de puestos de trabajo, desahucios, pobreza e incluso la muerte de muchas personas.

Cuando hablamos de “crisis”, es habitual, pues, que lo asociemos a la crisis económica y financiera y al sufrimiento asociado a ésta, que aún dura. Una crisis que amenaza con repetirse como consecuencia del coronavirus, con unos efectos aún imprevisibles. Pero la COVID-19 también ha puesto sobre la mesa que estamos viviendo otras crisis globales, interconectadas también con la
economía y el agotamiento del sistema capitalista y que, aunque ahora se agudicen sus efectos, tienen su raíz antes de la pandemia y tienen que ver también con nuestro modelo de consumo.

Crisis ambiental: más cerca del colapso

El origen y expansión de nuevos patógenos no se explicaría sin una progresiva degradación del medio ambiente que va ligada, desde antes de la pandemia, al sistema económico capitalista globalizado. Éste ha llevado a la humanidad a una crisis climática que amenaza con desencadenar un colapso del planeta en un futuro no muy lejano. Incluso el Informe de Riesgos Globales que publicaba el Foro Económico Mundial en enero de 2020, antes del esparcimiento planetario del virus, ya incluía, por primera vez en su historia, el cambio climático y la pérdida acelerada de la biodiversidad como unos los riesgos percibidos más urgentes que amenazaría la economía mundial y la misma humanidad en los próximos años. El coronavirus es, por tanto, un síntoma más de un planeta ya enfermo.

El canvi climàtic i la pèrdua accelerada de la biodiversitat són els riscos més urgents que amenacen l’economia mundial i la humanitat

El modelo de crecimiento económico permanente que requiere el capitalismo ha desencadenado tres problemas que sitúan el mundo en una emergencia sin precedentes: el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y el agotamiento de los recursos
fósiles y energéticos y también materiales (agua, minerales o la misma tierra).

En el informe «Caminar sobre el abismo de los límites: Políticas ante la crisis ecológica, social y económica«, Ecologistes en Acció ya apuntaba que hay muchos indicadores que, desde diversos organismos internacionales y parte de la comunidad científica, confirman la emergencia climática y ecológica si se mantiene la espiral de producción y consumo capitalista.

Las previsiones más “optimistas” apuntan que en el año 2024, como mucho, se habrá llegado al pico de extracción de hidrocarburos como el petróleo. El permafrost del Ártico se destruye a un ritmo acelerado y libera a la atmósfera grandes cantidades de CO2 y gas metano, que impulsan el calentamiento global y equivalen a las emisiones de décadas de nuestras sociedades industriales.

Además, la crisis climática también desencadena problemáticas de emergencia social. La FAO apunta al aumento de las sequías y los fenómenos meteorológicos extremos, a una mayor intensidad de presiones de plagas y enfermedades y a la pérdida de biodiversidad, así como consecuencias graves en la producción alimentaria a partir de 2030. Esto se suma a la estimación de Naciones Unidas, que cifra en 64 millones de “refugiados climáticos”, es decir, de personas que se ven forzadas a desplazarse por los efectos del cambio climático.

El escenario es tan desolador que las entidades ecologistas plantean que, sólo con cambios radicales de la economía y de nuestro modelo de vida y de consumo, podemos volver a los límites que nos marca el planeta. “Existe la creencia de que, con un cambio de movilidad, de modelo de alimentación, de tipo de urbanismo o de nivel de producción energética podremos superar estos retos, y no es tan sencillo: el problema es tan grande que, si queremos mantener nuestras sociedades en este planeta y en armonía, nos hemos de plantear soluciones drásticas para cambiar por completo nuestra economía, que impliquen varios actores y que, además, sean democráticas “, apunta Kike Molina. El portavoz de Ecologistas en Acción en Cataluña explica que, a veces, se apuntan “falsas soluciones que son más nuevos nichos de negocio para las grandes
corporaciones y estados capitalistas que soluciones a medio plazo”.

La federación ecologista plantea líneas de acción que considera “drásticas pero necesarias” y que recopila en el informe “Propuestas ecologistas para un mundo postcovid”. Los frentes de actuación exigen condicionar las políticas de recuperación a la lucha contra la pérdida de la biodiversidad, el cambio climático y la contaminación; construir un nuevo modelo productivo en el que el turismo, la construcción, la minería o la industria automovilística se reduzcan y se fomente la agroecología, la industria de la recuperación y de las energías renovables; corregir desigualdades sociales, repartir el trabajo y reducir la jornada laboral para emprender una transición ecológica más justa; e impulsar un modelo cultural que haga valer el cuidado de la Tierra y de las personas.

Només amb canvis radicals i d’arrel de l’economia i del nostre model de vida i de consum, podem tornar als límits que ens marca el planeta

“Necesitamos un movimiento amplio para aumentar la autonomía de la población respecto a las cadenas de distribución del capitalismo global, que son insostenibles, y para poder transicionar hacia una nueva economía ecológica y justa”, concluye Molina.

Crisis de valores: economía contra la salud

Durante esta pandemia también han aflorado dilemas éticos de gran envergadura. ¿Es correcto privar a la gente de su libertad de movimiento? ¿Se debe proteger la salud y los servicios sanitarios por encima de la economía? El profesor de Ética Médica de la Universidad de Oxford, Dominic Wilkinson, apuntaba en una entrevista a la BBC que la ciencia nos puede indicar qué podría pasar si actuamos de una manera o de otra, pero que las decisiones las debemos tomar de acuerdo con los valores éticos que tenemos como sociedad.

En este sentido, vivimos en una sociedad en la que los valores de la economía dominante son los del capitalismo neoliberal. Entre otros, el consumismo, que es el motor de este sistema, el culto a las personas ricas y poderosas como modelo a seguir o la competitividad y el individualismo para buscar el máximo beneficio económico. También el neoliberalismo impulsa los valores de la mercantilización de todos los aspectos de la vida humana, la privatización de los servicios públicos, la meritocracia y la explotación del medio natural por un objetivo de ganancia económica.

Per aconseguir una societat més empàtica i cohesionada, cal educació en valors i esperit crític

Il·lustració de Lluís Ràfols

Ilustración de Lluís Ràfols

“Nunca en la historia de la humanidad, la ciudadanía había estado más sujeta a manipulación que con este capitalismo neoliberal. En nuestra sociedad, hemos ido evolucionando hasta el punto de que el sistema económico, la publicidad, las redes… todo está orientado a manipular a la gente para que hagan, no lo que quieren, sino lo que quiere la empresa”, asegura Ismael Quintanilla, filósofo y psicólogo social y autor del libro ¿Valores o valores económicos? ¿Qué necesitamos?.

Quintanilla cree que, con la COVID-19, todo este sistema de valores neoliberal se está confrontando constantemente con valores sociales más tradicionales. “El debate entre economía y salud está presente, pero a diferencia de los valores con los que se gestionó la anterior crisis, esta vez sólo podremos salir de esta crisis con un enfoque no egoísta, participativo y colaborativo, basado en valores como el compromiso social, la solidaridad, la empatía y la responsabilidad. Cuando hay crisis colectivas como ésta, la única manera de recomponernos es con soluciones también colectivas”, apunta el filósofo.

Crisis psicosocial: contención y autoestima colectiva

La crisis de la COVID-19 también ha puesto de manifiesto que nos enfrentamos ahora, y de manera más contundente en un futuro próximo, a una crisis psicosocial de gran envergadura.

“La COVID-19 ha puesto de manifiesto cómo las sociedades individualistas y capitalistas como la nuestra atacan directamente el campo relacional y comunitario”, explica Irene Moulas, psicóloga social y comunitaria y miembro de la cooperativa Etcèteres. “Hay que entender la salud no como tener o no una enfermedad, sino como algo global, que se basa también en otros indicadores como la calidad de vida, el desarrollo personal o espiritual, o los afectos. Somos seres vulnerables e interdependientes”, expone Moulas.

Ens hem d’enfocar ara en la contenció i la supervivència. Més endavant ja avançarem cap a la resiliència comunitària i la transformació

La psicóloga de Etcèteres destaca que perder los puntos de relación, como los bares o centros sociales, puede tener, a la larga, consecuencias negativas. “Para garantizar una buena salud mental, es esencial tener puntos de encuentro relacionales para desarrollarse, para prevenir posibles situaciones complicadas, por politizar el malestar y no vivir las problemáticas de manera individualizada sino ver que hay, en muchos casos, una raíz estructural… perder este punto de contacto físico es nefasto”, señala.

La intervención comunitaria se convierte, pues, en un trabajo imprescindible para amortiguar los efectos sociales y en la salud mental de la población en momentos de crisis. Incluso el panel de expertos en salud de la Unión Europea ha destacado la  importancia del trabajo comunitario para llegar a grupos vulnerables y combatir las desigualdades socioeconómicas. “Es importante enfocarse en el barrio, establecer relaciones y redes de calidad y mantenerlas. Nos debemos enfocar ahora en la contención y la supervivencia. Más adelante ya avanzaremos hacia la resiliencia comunitaria y hacia la transformación. Necesitamos una autoestima colectiva fuerte para mantener una sociedad cohesionada “, concluye Moulas.


Este artículo forma parte del Cuaderno 59: Consumo en tiempo de crisis. Si quieres que sigamos investigando y publicando artículos como este, ¡únete a Opcions! | Foto de portada: Anna Shvets.