El planeta grita y los gobiernos hacen oídos sordos

Esto es lo que piensan muchas de las organizaciones nacidas para hacer frente a la emergencia climática. Y es que, después de la acumulación de catástrofes naturales y de pasar un invierno en manga corta, llama especialmente la atención la ausencia de debate climático.
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Las causas del cambio climático son conocidas e identificables por la acción humana. Una acción amparada y potenciada por un sistema económico a menudo ilógico.

A pesar de que cada vez hay más personas y colectivos concienciados para detener el cambio climático, y que este último año ha habido movilizaciones sociales sin precedentes a nivel mundial para pedir acción ante la emergencia climática, cada vez hay más voces que reclaman corresponsabilidad para evitar lo que es un problema colectivo y no individual. Un problema que, según aseguran las organizaciones ecologistas, sólo se puede solucionar a través de la acción común y colectiva, es decir, a través de decisiones políticas que afecten al corazón del sistema económico.

 

El fracaso de la COP25 y la inacción de los gobiernos

Había esperanzas depositadas en la 25ª Conferencia de las Partes de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático (COP25), celebrada en diciembre pasado en Madrid. Lo decían desde Juventud por el Clima-Fridays for Future España,tras las movilizaciones multitudinarias de 2019 por todo el planeta lideradas por Fridays For Future, la declaración de emergencia climática en un gran número de países y las masivas acciones de protesta que rodearon la COP25: «se esperaba que en esta cumbre el problema se empezara a abordar como la emergencia que es».

Lejos de lo esperado, sin embargo, el fracaso de las negociaciones dejaba, según la valoración de Juventud por el Clima, «unos compromisos insuficientes para mantener por debajo de los 1,5 grados el aumento de temperatura sobre los niveles preindustriales, un lenguaje débil que no incluye referencias a los derechos humanos, fundamentales para que la justicia climática sea real, y el aplazamiento de muchas decisiones para la futura COP26».

El principal reto de la COP25 era que los gobiernos fuesen más ambiciosos en su respuesta a la emergencia climática pero, lejos de cumplirlo, el bloqueo impuesto por los principales países contaminantes ha supuesto que incluso esté en entredicho el cumplimiento de los acuerdos tomados en la cumbre de París de 2015.

Fracaso absoluto. Según Ecologistas en Acción, «ni siquiera se ha logrado concretar con compromisos reales el insuficiente Acuerdo de París». La organización ecologista también denunció que se han aplazado aspectos importantes como el refuerzo a la financiación por parte del Fondo de Adaptación, del Fondo Verde para el Clima y la creación de otro fondo por parte del Mecanismo Internacional de Varsovia sobre pérdidas y daños, herramientas pensadas para que la transición ecológica sea justa y no se cargue sobre los países y sectores con menos recursos.
Tal y como explicaba en un artículo Marc Cerdà, miembro del Observatori Crític del Canvi Climàtic en La Directa, «quién sale más reforzado de este espectáculo son las grandes multinacionales energéticas, incluyendo las petroleras que, por voz de varios estados, fueron un elemento más de bloqueo en las negociaciones. Sin embargo, algo está cambiando en el modelo energético sobre el que se ha estructurado el capitalismo en los últimos tres siglos «.

 

¿Qué medidas acompañan la declaración de emergencia climática?

En Enero, el Consejo de Ministros aprobó la declaración del Gobierno de España ante la emergencia climática y ambiental que, según dice, marca una de las prioridades de esta legislatura y pone sobre la mesa la necesidad de actuar en todos los sectores de la economía y de proteger la biodiversidad y los recursos naturales. La declaración consta de 30 medidas que incluyen 3 nuevos planes, 5 nuevas leyes y 8 estrategias.

Establecía cinco puntos prioritarios para los 100 primeros días de Gobierno: la Ley del Cambio Climático, la Estrategia de Descarbonización para el 2050, el Plan de Adaptación, la participación ciudadana y la transición ecológica justa. Organizaciones como Greenpeace consideran las medidas muy poco ambiciosas y lejanas al cumplimiento del Acuerdo de París, «como el logro de un sistema eléctrico 100% renovable para el 2050 o los objetivos de reducción de emisiones planteados». Según la entidad, «la ley debería contemplar la descarbonización completa de la economía en 2040, así como el objetivo de reducción de emisiones del 55% en 2030 respecto al 1990. Esto mismo debería pasar con el Plan Nacional Integrado de Clima y Energía (PNIEC), cuyo borrador sólo preveía la reducción del 20%». Si estos números continúan así, dicen, «la declaración de emergencia tendrá un escaso impacto real sobre el cambio climático. Mientras, el coste económico de la inacción será infinito”.

 

Políticas públicas para frenar la emergencia climática

Algunas administraciones públicas, sin embargo, han dado un paso adelante en la lucha contra el cambio climático. Baleares, por ejemplo, aprobó el pasado mes de enero la Ley de residuos, que impulsa la eliminación gradual de productos de un solo uso, como las bolsas y vajillas de plástico. La norma pretende que hasta 2020 se deje de generar un 10% de los residuos en general. El objetivo es que en un plazo de dos años no haya ningún plástico de un solo uso: bolsas, tazas, cubiertos, pajitas, bastoncillos de las orejas o palitos para caramelos. Todo esto sólo se podrá comercializar si son elementos compostables, dice la ley.

La norma se fundamenta en la prevención. Sebastià Sansó, director general de Educación Ambiental y Residuos del Gobierno de las Islas Baleares dice que «todos tenemos la imagen que, para comer una hamburguesa, generamos un kilo de residuos, y esto es algo absolutamente evitable. O grandes fiestas donde vemos, cuando se acaban, kilos y kilos, casi toneladas, de residuos por la calle que, en vasos retornables o vendiendo las bebidas al por menor a granel, serían evitables «.

Margalida Ramis, del grup ecologista GOB, ve en la ley una gran oportunidad: «lo más importante es la prohibición de plástico de un solo uso y la responsabilidad ampliada del productor. Básicamente, estas dos cuestiones son las que cambian radicalmente la gestión de residuos en esta comunidad autónoma «. 

La regulación también establece que los municipios deben adaptar sus ordenanzas para promover la reducción de residuos con medidas concretas e impulsará la instalación de fuentes de agua potable en los edificios públicos, donde debe haber alternativas a la venta de bebidas envasadas. Los objetivos de la ley son ambiciosos, ya que pretende llegar al 75% del reciclaje de envases en 2030. La recogida separada, esencial para cumplir estas aspiraciones, debe estar implantada en los establecimientos públicos y privados dentro de dos años y los consistorios deberán ofrecer recogida diferenciada a domicilio de materia orgánica, aceites y residuos textiles y peligrosos. El gobierno también plantea bonificaciones para las buenas prácticas.

 

Coronavirus y clima

La epidemia provocada por la Covid-19 tiene una larga lista de efectos negativos, pero parece que también tiene algunos efectos secundarios que podrían suponer beneficios para el medio ambiente en general y para el clima en particular. No existen estudios oficiales al respecto, pero el portal especializado en información sobre crisis climática CarbonBrief ha publicado un artículo en el que se indica que, durante las últimas semanas, la crisis de la Covid-19 puede haber provocado una reducción del 25% en las emisiones de China a la atmósfera de CO2, gas de referencia en el efecto invernadero y el cambio climático. El autor del artículo, sin embargo, advierte que este recorte de las emisiones será con toda probabilidad sólo un efecto temporal, hasta que China recupere su actividad habitual.

De hecho, según publica Europa Press esta misma semana, las emisiones de dióxido de carbono (CO2) llegarán este año a un nuevo máximo histórico debido a la acumulación de gases de efecto invernadero que sigue creciendo a nivel mundial y la posible reducción de emisiones a la atmósfera a consecuencia del confinamiento para paliar el coronavirus tiene un efecto «ridículo» o «insignificante», según el director del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña, Emilio Cuevas. 

Cuevas asegura que «el efecto de la Covid-19, para nosotros (la medición de gases de efecto invernadero), es ridículo. Habrá una reducción de emisiones por coronavirus, sí, pero igual que la hubo en otras etapas, como durante la crisis del petróleo de los años 70. Esta rebaja no se nota a la atmósfera «. Tal y como decíamos al principio: El planeta grita y los gobiernos hacen oídos sordos.


Sara Blázquez

Periodista