Aprovechar alimentos: un ingrediente básico en la lucha contra el cambio climático

Las pérdidas y el despilfarro alimentario son un problema global con unas consecuencias muy severas que requieren acciones conjuntas y transversales para ponerle punto y final.

Las pérdidas y el despilfarro alimentario

Entendemos por pérdida y despilfarro alimentario todos aquellos alimentos que son aptos para el consumo humano y que se descartan a lo largo de la cadena alimentaria, desde el sector primario hasta la despensa de cada casa. Las pérdidas son las que se producen en los campos del sector primario, y el despilfarro es el que se da en el resto de los eslabones de la cadena.

Si bien en el año 2011 la FAO estimó que se descarta 1/3 de los alimentos a escala global, tenemos estudios e informes posteriores que han acotado este dato a escalas más reducidas. El estudio del proyecto europeo Fusions señala que en Europa se desechan 88 millones de toneladas de alimentos anualmente. Para conocer la realidad catalana, por ejemplo, contamos con un estudio de la Agencia de Residuos y la UAB que indica que, de media, se desechan 35 kg de alimentos por persona y año solo teniendo en cuenta los sectores de la restauración, del comercio y el ámbito doméstico.

Las causas de esta problemática son sistémicas, extensas y están interrelacionadas. Esto provoca que sea difícil enumerarlas, pero podemos señalar las principales:

  1. En el campo, las pérdidas alimentarias están muy relacionadas con el sistema de producción agrícola imperante, centrado en obtener la máxima producción al mínimo coste, y con las políticas impuestas por el mercado de distribución alimentaria. En esta línea, los requisitos estéticos y de tamaño imposibilitan la comercialización de muchas cosechas, y también lo hacen las fuertes fluctuaciones de precio, que en algunas ocasiones caen por debajo de los costes de producción y recolección.
  2. La mala planificación y cuantificación es una problemática que afecta todas las fases de la cadena alimentaria, especialmente a la distribución y comercialización.
  3. Finalmente, el despilfarro alimentario doméstico, el más extenso de todos, tiene causas relacionadas con una falta de sensibilización, el grado de importancia que se da a la alimentación y con los aspectos de carácter más práctico, como el espacio disponible en la nevera.

Detrás de todas estas causas particulares, se esconde una causa estructural responsable de gran parte de las pérdidas y el despilfarro: la pérdida del valor de los alimentos. Actualmente nos encontramos en un sistema de producción, distribución y comercialización que percibe los alimentos como mercancías y no como un bien común. Esto genera una desconexión de la tierra, del territorio y de los productores. Es precisamente esta percepción la que justifica la imposición de la ley de la oferta y la demanda, de los requisitos estéticos y de calibre de frutas y verduras, y explica, también, la cantidad tan elevada de pérdidas y despilfarro.

Una problemática ambiental y social

La problemática ambiental que se esconde tras este fenómeno no recae exclusivamente en los miles de toneladas de alimentos desechados. Y es que cuando un alimento se despilfarra, convierte en residuo todos los elementos que se han utilizado en su producción – el agua, el suelo y la energía- y genera igualmente la emisión de gases de efecto invernadero. Impactos ambientales que ni siquiera generan bienestar, pues los alimentos nunca serán consumidos: un fenómeno insostenible por partida doble.

Las pérdidas y el despilfarro son las responsables del 8% de emisiones de CO2 y de una huella hídrica de 250 km3 de agua

De acuerdo con un estudio de la FAO del año 2013, las pérdidas y el despilfarro son las responsables del 8% de emisiones de CO2 a escala global. También lo son del uso de 1.400 millones de hectáreas, un espacio superior a 24 veces la superficie de la Península Ibérica, y con una huella hídrica de 250 km3 de agua cada año, una cifra que equivale a cien millones de piscinas olímpicas. De hecho, sus efectos son tan severos, que según un informe de la ONG Drawdown Project que se ha publicado en 2020, reducir las pérdidas y el despilfarro alimentario es la solución con más fuerza para mantener el cambio climático por debajo de los dos grados, tal y como se pide en el Acuerdo de París.

También debemos prestar atención a las consecuencias sociales de las pérdidas y el despilfarro: son una realidad que choca con las dificultades de acceso a una alimentación sana y saludable que padece buena parte de la población. Si bien no son dos problemas interrelacionados y es necesario combatirlos por sí solos, se pueden entender como contradictorios.

La respuesta de entidades y administraciones

El hecho que cada día existan más conocimientos sobre esta problemática y que se sitúe, cada vez más, como una de las principales causantes del cambio climático, ha provocado que varias administraciones empiecen a trabajar de forma enérgica.

En marzo del 2020, el Parlamento de Cataluña aprobó la primera ley para la Reducción de las Pérdidas y el Despilfarro Alimentario. Es un texto pionero en Europa centrado en la prevención y cuantificación, que establece que los excedentes alimentarios se tienen que destinar, en primer lugar, a garantizar el derecho a una alimentación saludable de las personas en situación de riesgo de exclusión social.

En Europa, recientemente se ha aprobado la estrategia De la Granja a la Mesa para un sistema alimentario justo, saludable y respetuoso con el medio ambiente, que busca alcanzar sistemas alimentarios con un impacto ambiental neutro o positivo. Este objetivo ocurre, inevitablemente, por poner fin a las pérdidas y despilfarro alimentario. Así mismo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible marcados por las Naciones Unidas también tienen en cuenta este problema e incorporan un hito para reducirlo en un 50% el año 2030.

Reducir las pérdidas y el despilfarro alimentario es la solución para mantener el cambio climático por debajo de los dos grados

Son también muchas las entidades e iniciativas que, desde hace años, trabajan para reducir las pérdidas y el despilfarro alimentario en varios eslabones de la cadena alimentaria. Algunas lo hacen a través de la sensibilización y campañas de asesoramiento, otras a través de la transformación de los excedentes alimentarios, y también hay algunas que han recuperado la actividad de recolectar para aprovechar los alimentos en los campos del sector primario.

¿Qué está en nuestras manos?

Como personas particulares podemos emprender varias acciones para contribuir a la prevención de las pérdidas y el despilfarro alimentario, tanto individualmente como colectivamente. No obstante, es importante tener en cuenta que, aunque podemos cambiar algunas dinámicas de comportamiento y de consumo, gran parte de la responsabilidad de las pérdidas y el despilfarro recae sobre las causas sistémicas que lo provocan. Es por eso que en este apartado no nos centraremos únicamente en aquellas acciones concretas que podemos emprender a nivel micro, sino que también queremos plantear algunas con impacto de carácter sistémico.

Soluciones globales: activarse para aprovechar alimentos

  1. Recuperar el valor de los alimentos. Una forma de trabajar para el aprovechamiento alimentario es dejando atrás la concepción de los alimentos como simples mercancías. Es bueno conectarlos con su origen y ser conscientes de la tarea que conlleva producirlos.
  2. No caer en los cánones estéticos que marca el mercado. Cuando consumimos frutas y verduras, es bueno recordar que su silueta o tamaño no determinan ni el gusto ni las propiedades nutritivas. Debemos atrevernos a probar los alimentos que rompen con los cánones de belleza.
  3. Defender la agricultura local. Si queremos crear sistemas alimentarios resilientes, es necesario asegurar un trabajo digno para quienes se encargan de producirlos. Es importante consumir productos locales y hacer posible que la agricultura local, un agente clave del territorio, pueda seguir desarrollando su tarea. Este consumo, además, también trabaja para la sostenibilidad ambiental: los alimentos locales tienen una huella de carbono mucho menor.
  4. Impulsar los canales cortos de comercialización. Es también un requisito esencial para trabajar por la sostenibilidad ambiental.

En casa y en la cocina, no dejemos perder ningún alimento

El ámbito doméstico es el eslabón de la cadena alimentaria donde más se despilfarra. Pero por suerte, también es uno de los espacios donde más incidencia pueden tener las acciones que emprendamos sin que estén fomentadas por cambios sistémicos y legislativos.

  1. Planificar bien el consumo de alimentos. Una de las causas más comunes del despilfarro alimentario doméstico es el exceso, tanto de consumo como de cantidad de alimentos cocinados. Para evitar que esto pase, tenemos que planificar bien las compras y las raciones que se sirven. Algunos de los parámetros a tener en cuenta para hacerlo son el número personas que comen en casa, la frecuencia de las comidas y la cantidad media que se consume. Esta planificación tendrá que ser más exhaustiva cuando se consumen productos frescos.
  2. Conservar correctamente los alimentos. No todos los alimentos se conservan de la misma forma, debemos prestar atención a sus especificaciones. Algunas frutas y verduras, como por ejemplo las acelgas, se pueden guardar en la nevera. Otras, como el plátano, se ponen negras si lo hacemos. También tenemos que tener en cuenta que hay alimentos que es mejor separarlos bien: los gases que emite la cebolla hacen que las patatas se estropeen rápidamente y, por tanto, es conveniente tenerlas separadas. Las manzanas, en cambio, es mejor que estén cerca de estos tubérculos.
  3. No confundir la fecha de consumo preferente y la de caducidad. La primera se refiere a la finalización del periodo durante el cual se garantiza que las propiedades como el gusto, el aroma y olor de los alimentos son óptimas. La de caducidad, en cambio, marca el día a partir del cual el producto se empieza deteriorar y, por tanto, la seguridad de su consumo deja de estar garantizada.
  4. Crear recetas de aprovechamiento. Cuando tengamos un alimento en la cocina que esté a punto de estropearse, no lo echemos perder. Sacad vuestro lado más creativo y preparad recetas de aprovechamiento. Ahora que es verano, recomendamos que preparéis helados y batidos frescos con toda la fruta que tengáis madura. Y si tenéis verduras frescas, podéis preparar ensaladas. Además, también es un momento excelente para hacer conservas de tomate para poder disfrutar durante todo el año de las propiedades de esta fruta tan sabrosa y versátil.

Anna Cornudella

Técnica de Comunicación de la Fundación Espigoladors