Descarbonizar nuestro consumo

"Apostar por estilos de vida más frugales en lo material pero más complejos y ricos en lo colectivo, será la opción para enfrentar el reto climático"
Cambio climático

Para la mayor parte de la población, el cambio climático causado por la actividad humana es una evidencia incuestionable y uno de los retos que debemos de enfrentar con celeridad. Es evidente la influencia del actual modelo de producción y consumo en la huella de carbono, especialmente en los países enriquecidos. La construcción de estilos de vida que pongan en el centro el bien común y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero serán una garantía ante el futuro de incertidumbre climática que nos espera.

Menos cosas, más vida colectiva

La sociedad de consumo es la sociedad de la acumulación. Atesoramos una media de 10.000 objetos frente a los 236 que poseen comunidades como la de los indios Navajo de Norteamérica (1). Cada una de nuestras cosas es fruto de un proceso industrial de extracción de materias primas, transporte, manufactura y generación de residuos que calienta el clima.

Por ejemplo, teniendo en cuenta todo el ciclo de vida, para producir una camiseta se emiten 2,5 kg de CO2 a la atmósfera, 6 para unas zapatillas deportivas, 30 para un teléfono móvil y 195 para un ordenador portátil. Hagamos un cálculo aproximado multiplicando por el contenido de nuestro ropero y por los aparatos electrónicos que tenemos en casa. Unas emisiones asociadas a muchas cosas que ni siquiera usamos.

Para producir una camiseta se emiten 2,5 kg de CO2 a la atmósfera, 6 para unas zapatillas deportivas, 30 para un teléfono móvil y 195 para un ordenador portátil

La publicidad invisibiliza esta huella climática, transmitiendo aspectos simbólicos a objetos y servicios mercantilizados. Alimentando una insatisfacción crónica que es ciega a los límites que impone la biosfera. Los 3.000 impactos publicitarios a los que estamos sometidos diariamente nos conducen a una bulimia consumista que  promete éxito, belleza, libertad y, en definitiva, una forma de estar en el mundo que nos lleva al colapso climático.

Es por ello que apostar por estilos de vida más frugales en lo material pero más complejos y ricos en lo colectivo, será la opción para enfrentar el reto climático. Construir opciones colectivas para resolver nuestras necesidades, basadas en la reducción material, compartir, reutilizar,  prestar, cocinar, cuidar, cultivar… Desmercantilizar nuestras vidas, promoviendo estructuras comunitarias que liberen tiempo para lo verdaderamente importante, los cuidados y la vida en común.

Por una alimentación que enfríe el clima

El modelo alimentario global es petrodependiente y, por tanto, con una gran huella de carbono. Los pesticidas, los fertilizantes, los invernaderos, el envasado, el transporte de larga distancia, el procesado, la distribución, las cámaras de conservación, el modelo de gran superficie, los alimentos desechados… Todos estos factores agreden el clima de la Tierra. Así, se calcula que una tercera parte de las emisiones globales de gases de efecto invernadero se puede atribuir al sistema alimentario global.

La agroecología apuesta por un modelo alimentario de cercanía, temporada, lentitud y ecológico. Un cambio cultural alimentario necesario y urgente para reducir el impacto climático. Una relación de confianza entre las personas consumidoras y las personas productoras, a través de mercados de cercanía, certificación participativa y grupos de consumo.

En los países enriquecidos, consumimos demasiada proteína animal

Además, necesitamos reducir nuestro consumo de carne y productos lácteos. En los países enriquecidos, consumimos demasiada proteína animal y esto tiene graves efectos sobre el clima. Por ejemplo, para producir 1 kg de tomates se emiten a la atmósfera 1 kg de CO2, 2 kg para el brócoli, 13,5 kg para el queso y 27 kg para la ternera. El clima no soporta una dieta carnívora generalizada, disminuir nuestro consumo de proteína animal será fundamental para reducir la huella de carbono.

Menos consumo energético y menos transporte motorizado

Para descarbonizar la economía será fundamental una reducción drástica de las tasas de consumo energético, en los países enriquecidos, así como una transición hacia un modelo basado en energías renovables. El transporte es el sector que más energía utiliza, alcanzando un 40% del total nacional. El uso masivo del vehículo privado supone la emisión de hasta 75 millones de toneladas de CO2. La ciudad se diseña para favorecer el uso del coche, en contra del clima y de la calidad del aire de las urbes.

La ciudad se diseña para favorecer el uso del coche, en contra del clima y de la calidad del aire de las urbes

Estilos de vida que primen la cercanía, la relocalización de la economía, la vida de barrio y la conexión entre la ciudad y el medio rural próximo, supondrán reducir la necesidad de transporte de personas y mercancías. Promover accesibilidad para cubrir nuestras necesidades colectivas, consolidando un transporte a pie, en bicicleta y transporte colectivo que transformen las ciudades y los pueblos para una vida comunitaria y de proximidad.

Además, apostar por la Economía Social y Solidaria, que produce bienes y servicios de utilidad social, basadas en la reciprocidad, la solidaridad, la sostenibilidad ecológica y la cooperación. Cooperativas de energía renovable, de soberanía alimentaria, de reciclaje y recuperación o de finanzas éticas son alternativas en marcha. Iniciativas que construyen una sociedad mejor y que suponen una menor huella de carbono.

Ciudades y pueblos respetuosos con del clima

Existen otras iniciativas de mayor relevancia como las Ciudades y Pueblos en Transición que ven en el cambio climático y el pico del petróleo una oportunidad de transformación. Una oportunidad de generar resiliencia colectiva, promoviendo comunidad y economía local.

Ser amigables con el clima a través de la participación en comunidades y barrios, que generen procesos de transformación empoderadores y satisfactorios. Vidas más plenas y felices frente a la insatisfacción crónica y suicida que imponen los valores individualistas y competitivos de la cultura consumista. En definitiva, menos cosas, más comunidad.

 

Nota

(1) Latouche, S. (2006). La apuesta por el decrecimiento. Icaria.


Charo Morán

Área de Consumo de Ecologistas en Acción.

Bióloga, especializada en educación, ecología, consumo y sostenibilidad. Forma parte de la cooperativa Garúa de REAS Madrid. Coordina el área de consumo de Ecologistas en Acción