Las ventanas y puertas más sostenibles

¿Cuáles son los mejores cierres para protegernos del frío? ¿Con cuáles ahorraremos más energía? ¿Qué materiales es preferible evitar?
Finestres sostenibles

El invierno se está acercando y en casa deberemos protegernos del frío. La forma de hacerlo determina en gran parte el consumo energético de nuestro hogar y, hablando de energía, las 3R de la sostenibilidad se transforman: la primera es Reducir, la segunda es Reducir y la tercera es Reducir.

Existen muchos pequeños hábitos que podemos incorporar para combatir el frío. Algunos  de ellos son: no estar en casa en mangas de camisa, tener una pequeña manta en el sofá, comer sopa, beber infusiones, colocar alfombras, bajar las persianas y correr las cortinas… Pueden parecer medidas anecdóticas, pero son detalles prioritarios: tienen un sobrecoste nulo o muy bajo y, por el contrario, representan un ahorro energético significativo. Lo primero que hay que hacer es reducir la demanda de energía y podemos conseguirlo con estos gestos.

Cada euro invertido en la mejora del aislamiento de nuestro hogar será más rentable que instalar el sistema de calefacción más eficiente

Más allá de estas medidas, lo siguiente más importante es aislar la vivienda: es imprescindible si pretendemos conseguir en casa una temperatura distinta a la del exterior. El aislamiento se consigue adecuando la envolvente de la casa que está formada por los cierres (puertas y ventanas), las fachadas y los techos o tejados. En este artículo nos centramos en los cierres; sobre el resto de los elementos y otras medidas para optimizar le eficiencia energética de la calefacción, podéis encontrar indicaciones en nuestro número 52, y de manera más detallada en el número 49.

Es comúnmente aceptado que por las ventanas se puede perder hasta un tercio del calor de una vivienda si tienen unas condiciones de aislamiento deficientes. Para optimizarlas hemos de insistir en tres aspectos: los materiales de los marcos y bastidores, los cristales y otros puentes térmicos.

Los materiales de los marcos y bastidores

Para las puertas y también para las ventanas tenemos cinco grandes opciones:

1. Aluminio

Es, sin duda, una mala opción por dos razones de peso. La primera es que no aísla en absoluto, al contrario, conduce el frío de fuera hacia dentro de la casa. Un cierre de aluminio constituye lo que se denomina un puente térmico: una conexión entre las temperaturas interior y exterior. Todos los metales son muy buenos conductores de la temperatura y el aluminio de los que más. Que los marcos y bastidores estén fríos, en contraste con elementos que estén calientes como pueden ser los radiadores, genera corrientes de aire que, además de frío, provocan desconfort. Esto es debido al hecho que entre dos puntos a distinta temperatura, el aire se mueve desde el punto frío hacia el caliente. Caso de tener ventanas o puertas de aluminio y, por el motivo que sea, no se pueden substituir, se puede estudiar el colocar una doble puerta o ventana que se comporte como una barrera entre el frío del aluminio y el interior de la vivienda. La segunda razón que hace desaconsejable el aluminio virgen es que es un recurso mineral asociado a problemáticas ambientales importantes, que describimos en este artículo.

2. Aluminio con ruptura del puente térmico

Es una opción que permite salvar el primero de los dos grandes inconvenientes del aluminio pero el del impacto ambiental se mantiene. Consiste en partir los marcos y los bastidores en dos trozos independientes, la cara interior y la exterior y, entre ellas, colocar una barra de material aislante que suele ser poliamida (un plástico) reforzada con fibra de vidrio. Esta barra intercalada implica que antes de reciclar el aluminio deberá retirarse pero esta separación no es más compleja que la de separar la pintura del propio aluminio, por ejemplo.

Actualmente la mayoría de cierres nuevos de aluminio incorporan rotura del puente térmico dado que el Código Técnico de la Edificación establece unos mínimos de aislamiento obligatorio que son más difíciles de cumplir sin la ruptura.

3. PVC

El cloruro de polivinilo o PVC es un material bastante aislante (es decir, es un mal conductor de la temperatura) y, por tanto, es funcionalmente apropiado para los cerramientos. Pero entre las numerosas familias de los plásticos que derivan del petróleo, que es un recurso no renovable, el PVC se distingue por el hecho de contener cloro. La industria del cloro es altamente contaminante. Además, el PVC, como los plásticos en general, no es fácil de reciclar. Puede hacerse pocas veces y el material resultante tiene propiedades muy inferiores a las del material sintetizado originalmente. Por ello, no puede usarse  para las mismas aplicaciones que el PVC de primera síntesis.

4. Madera

Es una opción muy sostenible. Tiene buenas cualidades aislantes (aproximadamente como el PVC), es un recurso renovable y reciclable, es cálida a la vista y al tacto y existe mucha variedad de tonos naturales. A su vez, los avances tecnológicos han mejorado sustancialmente su durabilidad, la estanqueidad y las posibilidades de diseño.

Pero es importante que la madera provenga de explotaciones forestales sostenibles. La mejor manera de garantizarlo es que tenga el sello certificador FSC. También está muy extendido el sello PEFC que ofrece menos garantías ya que está más controlado por la industria y más lejos del escrutinio público. Otro parámetro que otorga puntos de sostenibilidad a la madera, es que sea de origen local.

Un inconveniente respecto al resto de materiales de cerramiento es que precisa mantenimiento para preservarla del efecto desgastante del sol y la lluvia. Lo mejor es impregnarla con aceite de linaza que penetra en la madera y la nutre. En el mercado existen aceites reforzados con algunos elementos extra para climas fríos o húmedos. Será necesario hacerlo una vez al año si el cierre está muy expuesto al sol y menos a menudo si está resguardado.

Es importante no colocar barnices sintéticos dado que pueden contener sustancias tóxicas y, especialmente, porque no penetran sino que forman una capa adherida al exterior de la madera. Además, esta capa se encostrará con el tiempo y entonces será necesario decapar antes de aplicar un nuevo tratamiento. Y, además, con el transcurso del tiempo la madera se resecará y debilitará.

5. Mixtos de madera y aluminio

Son cierres de madera recubiertos de aluminio por la cara exterior y así se reduce la necesidad de mantenimiento. La cara interior es conveniente barnizarla pero no con la frecuencia que exige la madera al exterior.

Los cristales

En lo que se refiere al aislamiento térmico y acústico, hay una gran diferencia entre los cristales simples y los dobles. En uno de los dobles, entre los dos cristales puede haber aire que es más aislante que cualquier material y también gas.

El aire es un aislante excelente. De hecho, los materiales más aislantes como el corcho, lana, paja, cáñamo, plumas, fibra de vidrio o porexpan) lo son porque contienen mucho aire.

Podemos afirmar que el doble cristal reduce a la mitad el calor que se fuga por una ventana con vidrio simple y el cristal triple la divide por tres. El tipo triple se aconseja en las aperturas de las fachadas que estén orientadas hacia el norte, especialmente en climas fríos.

Actualmente en el mercado encontramos cristales con una capa adherida que refleja el calor con el objetivo que en verano entre menos. Tiene el inconveniente que también en invierno entra menos, es decir, que hemos de estudiar y asesorarnos sobre esta prestación nos interesa: depende de la particularidad de nuestro caso.

Localmente hay una buena producción de cristal. Un ejemplo de empresa familiar: Vidres Viola. Un ejemplo de multinacional: Climalit, que pertenece a la francesa Saint-Gobain.

Otros puentes térmicos

En las puertas y ventanas la temperatura interior puede conectarse con el exterior por unos cuantos puntos:

  • A través de las cajas de las persianas. Para evitarlo o reducirlo, podemos forrar interiormente la tapa de la caja con un material aislante (corcho, porexpan, etc.). Si hay suficiente espacio podemos aislar todas las paredes de la caja.
  • A través de los alfeizares de una sola pieza y de materiales conductores. Por ejemplo los que son de una sola pieza cerámica y que van desde el exterior al interior. Recordemos que el aire circula desde el punto frío al caliente y dado que la cerámica estará fría y en el interior el ambiente será más caldeado, se creará una corriente permanente. Para evitarlo podemos forrar los alfeizares con ropa de lana, corcho o espuma. Si esta opción no es posible, ubiquémonos lejos del punto o pongamos algún obstáculo entre el alféizar y nosotros porque en caso contrario notaremos continuamente la corriente de aire.
  • Por infiltraciones de aire. En invierno por cualquier “canal” por donde pueda circular aire, lo hará desde fuera de la casa hacia el interior. Es típico que pase por debajo de la puerta de entrada de la casa. Lo podemos evitar colocando un ribete o una bolsa con arena. Otros ejemplos serían los pasacintas de la correa de la persiana o incluso los interruptores que se encuentren en un muro que tengan algún contacto con el exterior. Es necesario tapar de alguna forma todos estos canales, por ejemplo con masilla o silicona. Para localizar infiltraciones podemos pasar por todas las juntas con una cerilla encendida, idealmente en un día ventoso; de esta forma veremos cómo se mueve el aire.

Todas estas medidas de aislamiento no son efectivas sólo contra el frio. También son útiles para dejar afuera el calor del verano. Para luchar contra las altas temperaturas también es conveniente cerrar puertas y ventanas, bajar persianas y extender toldos allá donde bata el sol y abrir ventanas o puertas que queden a la sombra para crear corrientes de aire. Si esto no es suficiente, se puede colocar un ventilador, que consume mucho menos que un equipo de aire acondicionado. Además, como es un aparato sencillo, su huella ecológica es mucho menor.


Montse Peiron

Responsable de investigación de Opcions.

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