Consumo de ropa: por un cambio radical de paradigma

La moda tiene un precio y no es el que marca la etiqueta. Detrás la oferta y la 'fast fashion', hay las pésimas condiciones laborales y los enormes impactos ambientales de la industria textil.

La primera clave del consumo consciente es consumir menos, y la segunda es consumir sin comprar. En el caso de la ropa estos dos principios son doblemente perentorios, porque el volumen de producción de ropa nueva, y las maneras como se lleva a cabo, llevan la magnitud de los impactos sociales y ambientales de la industria textil a una órbita seriamente preocupante. Lo argumentamos a continuación.

Pero antes mencionamos algún recurso para llevar a la práctica las dos primeras claves:

  • El Proyecto 333 propone un juego-rete por autolimitarnos el uso de ropa y hacer más visible el contraste entre el consumo y las necesidades.
  • Nuestro número 40 contiene una recopilación extensa de consejos para tratar la ropa de forma que nos dure al máximo posible.
  • Pasarnos prendas de vestir entre familiares y amigos o acudir a mercados de intercambio son maneras de adquirir ropa sin comprar.

La moda es una voraz depredadora

El sector textil es tristemente famoso por las pésimas condiciones laborales que se dan en las maquilas de países de mano de obra barata. Se ha hablado bastante de ellas, pero verlas con nuestros ojos marca una diferencia notoria. Nos da la oportunidad de hacerlo el documental China Blue. En 2013 en Bangladesh murieron más de mil trabajadoras de una fábrica de confección porque sus responsables dejaron que se derrumbase. Las imágenes del drama aparecieron en pantallas y portadas de periódicos. Después supimos que empresas como Primark, El Corte Inglés o Benetton tenían relación con empresas locales implicadas en el siniestro.

Contenedores para la ropa usada

La ropa que ya no vayamos a utilizar todavía puede alargar su vida útil. Hay entidades que la recogen para hacerla llegar a personas con pocos recursos o al mercado de segunda mano. Estas mismas entidades la seleccionan y la que ya no es aprovechable como prenda de ropa entra en el circuito de reciclaje de fibras. Podemos encontrar contenedores para la ropa en mercados o en puntos municipales de recogida de residuos, por ejemplo.

 

Pero las personas gravemente perjudicadas por la industria de la moda no se acaban aquí, ni mucho menos. El documental The True Cost repasa muchos factores que forman parte del coste real de la ropa. Como por ejemplo miles de niños y niñas que nacen con graves malformaciones debidas a los pesticidas que se tiran en los campos de algodón, o miles de agricultores indios que se suicidan por las consecuencias que comporta el modelo transgénico que se les impone (esto lo reporta con más detalle el documental Bitter Seeds).

Igualmente nefastos son los impactos ambientales. Por citar solo unos cuantos: se calcula que, a nivel mundial y en 2015, la industria textil generó más emisiones de CO2 que todos los vuelos internacionales y el transporte marítimo juntos. Consume muchísimo agua, emplea químicos tóxicos para las trabajadoras y para el medio –y en algún caso para el consumidor–, y se considera la industria que introduce más plásticos en los océanos.

 

¿’Fast fashion’ circular?

Estos pisotones de gigante que aplastan el planeta y miles de personas han crecido exponencialmente al compás de la aceleración de la fast fashion. Así es como se conoce el nuevo modelo, impulsado en buena parte por Inditex, que ha difuminado las clásicas dos temporadas de la moda para ofrecer nuevas colecciones con mucha más frecuencia. En los últimos quince años, la producción de ropa se ha duplicado y el tiempo que la usamos se ha reducido en un 36% –y hasta en un 70% en el caso de China. Ya no es extraño deshacernos de una prenda después de llevarla apenas una docena a veces. En España, el 70% de los productos textiles se venden con descuento, después de que en 2012 se liberalizaran los periodos de rebajas. Añadamos al cóctel el factor crecimiento demográfico, y obtenemos la perspectiva alarmante que señalábamos al principio.

Es tan alarmante que incluso las grandes multinacionales se han puesto en guardia. C&A, H&M, Inditex, Burberry y Nike, entre otras, han financiado “A new textiles economy: redesigning fashion’s future”, un estudio hecho para la Ellen MacArthur Foundation. Esta fundación reúne la flor y nata de los poderes empresariales globales y propone una economía circular (una moda circular en el caso del textil), en contraposición al modelo lineal “toma-haz-tira” hegemónico hasta ahora.

No sabemos si la iniciativa acabará siendo otro caso de apropiación de términos que los vacía de sentido. Pero no hay lugar a dudas de que en el mundo del textil está ganando terreno la conciencia de que es necesario un cambio radical de paradigma, y con urgencia.

Por la parte que nos toca, una buena manera de ponernos manos a la obra es empezar aplicando las dos primeras claves del consumo consciente, como decíamos. Y, cuando tengamos que comprar ropa, recurrir a alguna de las múltiples opciones que proponemos en este artículo.


Montse Peiron

Investigadora en consumo consciente y transformador.


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