Sobre las huellas de los paneles solares

No parece que el impacto ambiental de su fabricación sea en global negativo. La manufactura está deslocalizada al Sureste asiático.
Petjada de les plaques solars.

Cada vez más personas optan por generar en su casa la energía que necesitan. Varias iniciativas de compras conjuntas de paneles solares refuerzan una tendencia al alza: la generación distribuida de electricidad para autoconsumo mediante módulos fotovoltaicos. Esta proliferación de paneles, ¿es sostenible? ¿Dónde y en qué condiciones se fabrican?

Daremos un vistazo a tres aspectos importantes relacionados con estas preguntas. En resumen, parece que la manufactura puede recibir valoraciones positivas desde el punto de vista ambiental, mientras que en el terreno social no se escapa de la carrera hacia abajo en condiciones laborales que se emprendió con la globalización y la deslocalización industrial.

 

Dan mucha más energía de la necesaria para fabricarlos

La llamada tasa de retorno energético (TRE) son los años que un panel solar tiene que haber estado funcionando para que haya generado tanta energía como la que se ha gastado en su fabricación. Hace cincuenta años un panel podía tardar veinte años a llegar a este umbral. Sin embargo, desde entonces ha llovido mucho. Los incesantes avances tecnológicos permiten emplear bastante menos material por cada célula fotovoltaica, a la vez que mejorar su rendimiento. El plazo de la TRE es más corto o más largo según la tecnología concreta de la placa y de la cantidad de radiación solar que recibe (y, claro está, del rato que está en funcionamiento). El Instituto de Energía Solar de la Universidad Politécnica de Madrid considera que actualmente, en las instalaciones más comunes, la TRE está alrededor de dos años (si bien en algunos casos puede ser de seis meses). Los módulos suelen estar en garantía 15-25 años, y fácilmente pueden durar más.

 

El estrés sobre los recursos naturales no parece excesivo

Otro aspecto importante es el origen y disponibilidad de las materias primas. Una célula fotovoltaica contiene sobre todo silicio, uno de los elementos más abundantes de la Tierra: es el principal componente de la arena. Pensando en la inmensidad de los desiertos puede parecer que la arena es un recurso inagotable o que tienen que pasar décadas antes no haya problemas de abastecimiento. Sin embargo, no es así: el documental Sand Wars nos muestra que ya hace unos cuantos años que hay escasez, sobre todo por la demanda del sector de la construcción. Ello origina los abusos de poder habituales en estas circunstancias, y problemáticas graves para la ciudadanía de determinadas áreas.

De todos modos, el silicio empleado en las células fotovoltaicas (y también en los chips de la microelectrónica), que se denomina silicio metalúrgico, no se obtiene de arena sino de yacimientos de cuarzo. El cuarzo se tiene que ultrapurificar mediante una transformación química que tiene lugar a 1.900ºC de temperatura. Si bien, como hemos visto, los paneles nos darán más energía de la que ha costado fabricarlos, este dato es un recordatorio elocuente de que toda manufactura tiene un precio en recursos naturales, y de la máxima de la sostenibilidad en el caso de la energía: reducir, reducir y reducir.

En cuanto a otras materias primas, y a diferencia de lo que ocurre en el terreno de la microelectrónica, para fabricar células fotovoltaicas no hacen falta minerales críticos, es decir en peligro de agotamiento o con dificultades para el abastecimiento, según nos informa el Instituto de Energía Solar.

Ahora bien, la sostenibilidad obliga a sustituir los recursos planetarios por los reciclados, como fuente de materias primas. En el caso de los paneles solares, el vidrio y el marco de aluminio son fácilmente separables y 100% reciclables al final de su vida útil (que, como decíamos, puede durar treinta años fácilmente). En cuanto al silicio y otros minerales, como la plata para hacer los contactos, en la manufactura se están haciendo muchos esfuerzos para maximizar su futura recuperación. Hay que pensar que hoy todavía son pocos los paneles que pueden ser reciclados, puesto que la mayor parte de los que se han fabricado siguen en funcionamiento.

 

Explotación probable en la manufactura

Como pasa en tantos otros sectores manufactureros, la gran mayoría de células y placas fotovoltaicas se fabrican en China u otros países asiáticos. No hemos encontrado ningún informe sobre las condiciones laborales en este sector. Sí es sabido que en estos países abundan las condiciones laborales cercanas a la explotación y que, en China, se da una vulneración generalizada de los derechos humanos.

También se fabrican paneles en Europa. Fuentes del sector indican que, en general, el precio es más elevado que el de los asiáticos, aunque en ello también interviene la calidad del fabricante, sea de una u otra región económica.


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