El futuro de los arrozales

¿Cómo afecta la emergencia climática a la producción de arroz del Delta? El mar gana terreno a los arrozales, pone en riesgo el consumo de arroz de proximidad y compromete el futuro de los pueblos de la zona.

Quien más quien menos ha ido alguna vez a contemplar sus paisajes y su biodiversidad. El Delta del Ebro, tramo final del segundo río más caudaloso de la Península Ibérica y segundo delta en extensión del Mediterráneo occidental, es un lugar único en el litoral catalán. Pero, sobre todo, y quizás sin saberlo, todo el mundo ha comido sus arroces.

El cultivo del arroz es la principal actividad económica del Delta. A su alrededor, giran otros sectores, como el agroturismo, la restauración o el mejillonero. Si la geomorfología de la zona ya hace del Delta un lugar complejo y frágil, la interdependencia entre sus sectores económicos lo hacen una zona compleja también socioeconómicamente. Por si esto fuera poco, se la considera una zona de riesgo de inundación en los próximos años. El temporal Gloria ya ha anticipado los efectos a principios de este año. Según la Oficina Catalana del Cambio Climático (OCCC), ningún otro territorio de Cataluña de estas dimensiones corre, hoy, un riesgo similar, un dato que corrobora el Global maps for multiple scenarios and elevation datasets, elaborado por Surging Seas.

Desde el territorio, sin embargo, el campesinado y las entidades ecologistas defienden que los problemas que tienen que afrontar no solo son causados por el cambio climático, sino que son fruto de décadas de inacción política. A pesar de las adversidades, el sector arrocero tiene muy claro que el Delta se puede salvar y que todo el mundo debe implicarse para hacerlo.

 

El origen del arroz que comemos

Actualmente, viven en el Delta del Ebro más de 61.000 personas. Viven en él y viven de él. Los arrozales ocupan más del 65% de la superficie del Delta y un 77,6% de las tierras labradas (unas 21.000 hectáreas), con una producción media de 6.512 kilos de arroz por hectárea, según datos de la Oficina Catalana del Cambio climático (OCCC) en Accions per al Clima al Delta de l’Ebre (ACDE).

La cooperativa Arrossaires del Delta de l’Ebre es una de las más grandes del Estado español. Gestiona 50 millones de kilos de arroz aportados por sus casi 2.000 socias dedicadas al cultivo. De ahí proviene la mayor parte del arroz producido en el Delta, tanto el redondo como el bomba, que se comercializa a través de la empresa Nomen. En el Delta, además, también se produce arroz ecológico. Con 42 hectáreas de cultivos y una producción más reducida (130.000 kilos de arroz este 2019), Riet Vell es una de las empresas que puede vivir de ello. Aparte de 200 socias, tiene como accionista la organización SEO/BirdLife, que trabaja para la conservación del Delta desde los años noventa. Juan Carlos Cirera, director de Riet Vell, comenta que «el cultivo ecológico es más complicado que el convencional» pero, aun así, observa que «hay interés; antes éramos los únicos y ahora ya hay siete u ocho productores «.

El arroz cultivado en el Delta –l’Illa de Riu, el Nomen, Montsià, Bayo o el Riet Vell, entre otros- se consume «en la zona, en el resto de Cataluña y en España, y una pequeña parte se exporta», explica Raúl Arques, agricultor socio de Arrossaires del Delta y miembro de la sectorial del arroz de la Unió de Pagesos de Catalunya (UP). «La gente que vive en el Delta consume un porcentaje superior de arroz de la zona, comprado en cooperativas, respecto a la gente que no vive en el Delta», observa Cirera. Su arroz ecológico se vende en Cataluña (55-60%), en el resto del Estado (40%) y una pequeña parte se exporta a países europeos (10%).

Desde 2013, la exportación de arroz ha disminuido casi un 70% y ha aumentado gradualmente el volumen de importación

Hay, pues, un cierto nivel de autoconsumo. Aun así, Arques comenta que «nos estamos quejando de la intrusión en el mercado de un arroz más barato que viene de otros países, como ocurre con otros sectores». Según datos del Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat de Cataluña, desde 2013, la exportación de arroz ha disminuido casi un 70% y ha aumentado gradualmente el volumen de importación. El arroz que nos llega, ordenado por el volumen de importaciones en 2019, viene de Camboya (22,89%), Tailandia (21,29%), Pakistán (13,08%), Italia (10,79%), Francia (10,09%), los Países Bajos (6,91%), Guyana (4,31%) y la India (4,26%). El 6,38% restante corresponde a exportaciones de otros países no especificados.

«Por supuesto que me preocupa», afirma Lourdes Gisbert, payesa de Sant Jaume d’Enveja que trabaja como administrativa en una explotación agraria. Gisbert defiende que la diferencia de precio, además, no es nada elevada: «Un kilo de arroz cuesta 1 euro. Si miras para comprarlo a 0,85 … va de céntimos «. El etiquetado de origen no es muy exigente y «no resulta fácil saber el origen de determinadas partidas; puede pasar perfectamente que Italia compre arroz en Alemania, pero que Alemania lo haya comprado en Camboya», explica Cirera.

Más allá del consumo, sin embargo, la producción de arroz se enfrenta a otras problemáticas en el presente, que la amenazan de cara al futuro. El temporal Gloria ha tenido efectos devastadores en la zona, pero desde el territorio denuncian que es debido a las medidas (no) tomadas en el pasado, por lo que se ha visto tan afectada. El fuerte viento de Levante sufrido, dicen, habrá servido para evidenciar una realidad existente desde hace mucho tiempo.

 

El Gloria, la punta del iceberg de los problemas del Delta

Pérdidas ruinosas, medidas de estar por casa, un 20% de pérdida de producción en las hectáreas afectadas, 2.600 hectáreas inundadas por el mar. Son algunos de los datos y valoraciones que hace el campesinado afectado por el temporal. «Prevemos que se perderán unos 4 millones de kilos de arroz; esto significa unos 1,2 millones de euros», denuncia Albert Pons, responsable del sector arrocero de Unió de Pagesos.

El mar, durante el Gloria, subió 70 cm. Desde la Plataforma en Defensa de l’Ebre (PDE), Susanna Abella considera que el temporal «ha concienciado a mucha gente, sobre todo fuera de las tierras del Ebro, que ahora ha visto que, en una noche, el mar puede entrar muchos kilómetros adentro. Pero nosotros, esta alarma, la tenemos interiorizada».

El impacto del Gloria en el Delta del Ebro, desde el aire | Fuente: Bombers

Desde el territorio, de momento, se puede hacer una valoración económica. En cuanto a la morfología del Delta, Eloi Nolla, coordinador del área de energía de Ecologistas en Acción y militante del grupo de Tarragona, pide que «no avancemos catástrofes; muy probablemente el mar se retirará, volverá a salir el cuerno y, tras el verano, se podrá hacer una valoración definitiva de cómo ha quedado». Y es que un Delta «es un ecosistema vivo, en continuo movimiento», recuerda. «Gana terreno por un lado y se acorta por otro, de una forma totalmente natural. Sus movimientos dependen de muchos factores, como son los limos que bajan del río o las corrientes marinas». Este equilibrio río-mar, sin embargo, vive una situación crítica.

 

El problema del Delta, río arriba

Es una evidencia que los impactos relacionados con el cambio climático -el aumento de la temperatura, menos lluvias durante el verano, menos espesor de nieve en los Pirineos, subida del nivel del mar, más plagas- tienen un efecto importante en el Delta. Pero son, sobre todo, la escasez de agua del río y la falta de sedimentos actuales lo que casi todo el mundo apunta como problemas más urgentes a resolver.

Son la escasez de agua del río y la falta de sedimentos lo que casi todo el mundo apunta como problemas más urgentes a resolver

«El 95% del agua potable en la cuenca del Ebro se destina a la agricultura, y la parte más importante de esta son los arrozales», explica Nolla. «Hay un gasto de agua sobredimensionado, pero la parte positiva es que retiene la cuña salina»; es decir, contribuye a contener el mar y evitar que se cree un terreno salinizado. Pero las limitaciones de agua en el tramo final del Ebro perjudican la viabilidad del cultivo. La estimación de cara a los próximos años, según datos de SEO/BirdLife, es que para el periodo 2040-2069 se reduzca el caudal medio del Ebro en un 20%. En cuanto a la salinidad, en el peor de los casos planteado en el documento ACDE del OCCC, «se incrementaría hasta 3 veces el 2100». Como la producción de arroz es opuesta a la salinidad del suelo, «la tendencia común en todos los escenarios es una disminución de la producción del orden del 10%».

La subida del nivel del mar también preocupa a la agricultura y a las entidades en defensa del Delta. Desde Arrossaires del Delta, Arques afirma que es «el enemigo número uno». No obstante, desde la PDE, Abella evidencia que «la subida del nivel del mar será difícil de evitar, ya que es una cuestión global» y, en cambio, «no abordar la cuestión de los sedimentos del río sí que es renunciar a como se ha creado el Delta». Con el viento fuerte de Levante, han aparecido muchas voces que hablan de los embalses con inquietud. Y es que el Delta, dice, «está desapareciendo día a día por cada grano de arena retenido en los pantanos».

Los datos hablan por sí solos. Más de 120 embalses de más de un hectómetro cúbico retienen el 99% de los sedimentos que deberían llegar al Delta, según SEO/BirdLife. Se estima que, antes de la construcción de los pantanos, el Ebro aportaba entre 400.000 y 2.000.000 de toneladas de sedimentos por año al Delta. En la actualidad, se estima que aporta 1.600. «Aunque los pantanos hacen su función de reserva de agua y de contención del río, desde Ecologistas en Acción hace años que reivindicamos que se pueda provocar que bajen más limos», denuncia Nolla.

Más de 120 embalses retienen el 99% de los sedimentos que deberían llegar al Delta

La mayoría de los embalses, además, fueron creados durante la dictadura. Desde entonces «en la cuenca del Ebro ha habido problemas», denuncia Abella. Esta opinión es bastante compartida entre el campesinado. «Me sorprende mucho cuando dicen que nosotros no tenemos que modificar el Delta, que lo tenemos que dejar hacer», dice Lourdes Gisbert. «La mano del hombre ya ha influido durante años!». Raúl Arques también lamenta que «la forma de gestionar los embalses esté orientada a hacer energía eléctrica, no a regar. Se aprovechan las empresas hidroeléctricas, que quizás deberían cambiar la forma de hacer energía. Aquí, todos estamos cambiando la forma de hacer las cosas, de forma más ecológica. Y ellos, no «, critica.

 

La desaparición del Delta, una responsabilidad política

La Oficina Catalana del Cambio Climático ya apuntaba, en el Estudio del Delta del Ebro (2008), que el Delta se podía preservar aplicando las medidas adecuadas. Una década después, en el documento ACDE, exponen que «la desaparición de este pedazo de país es causada por cuatro factores», y que tan sólo uno de ellos es natural. Queda bastante claro, pues, que es la acción política la que puede frenar la desaparición del Delta.

«La palabra desaparición es muy fuerte», considera Albert Pons, de la UP. «De momento, hablamos de regresión. En el siglo XXI, tenemos muchos medios a nuestro alcance para revertir esta situación». Arques, sin embargo, comenta que «una de las cosas que decimos es que no queremos ser los primeros refugiados por el cambio climático en Europa. Esto lo dice todo».

El Delta del Ebre a vista de satélite el martes, 22 de enero| Fuente: Satéllite Sentinel-1

La Confederación Hidrográfica del Ebro acaba de abrir el período de seis meses de consulta pública del Esquema Provisional de Temas Importantes, la siguiente fase de revisión del Plan Hidrológico del Ebro. «Será la última oportunidad para que las administraciones demuestren que apuestan por una transición ecológica justa en materia de aguas», consideran desde SEO/BirdLife. No obstante, desde la PDE, Abella expone que están «muy decepcionadas con la Confederación, porque niega tácitamente que la subsidencia exista. Es una irresponsabilidad», afirma.

La crítica a las administraciones es una constante. «La palabra que las define es inacción», afirma con contundencia Albert Pons, de Unió de Pagesos. Abella también critica que los planes de gestión medioambiental de la Generalitat sean tan genéricos. «No concretan cuáles son las necesidades de cada espacio natural». Incluso la Oficina Catalana del Cambio Climático, aunque expuso que «el marco de políticas existentes es amplio», evidencia que «la falta de coordinación institucional dificulta el planteamiento integrado del territorio y se convierte en una barrera para la optimización de las mismas». Desde Ecologistas en Acción, Nolla opina que «no hay ningún partido sensible a la batalla contra el cambio climático. Dudamos que haya sensibilidad política como para hacerle frente».

 

Medidas políticas, a corto y largo plazo

Desde el territorio, a corto plazo y sobre todo para los que han sufrido los efectos del temporal, se piden medidas compensatorias. Raúl Arques comenta que «el departamento de Agricultura se reunió con el sector arrocero y se comprometió a hacer un seguimiento». También existen las Ayudas de Estado para casos extremos. «Pedimos medidas compensatorias, que podrían revertir en el IRPF, en el IBI o en exenciones de las cuotas de la Seguridad Social», explica Albert Pons, de la Unió de Pagesos.

En cuanto a las medidas a medio y largo plazo, actualmente todos los sectores socioeconómicos del Delta y sus ayuntamientos forman parte de una Mesa de Consenso. «Estamos tratando de depositar la confianza en ellos, parece ser que ahora sí tienen gente preparada», comenta Lourdes Gisbert, con cierto recelo. Dentro de las medidas que se proponen también desde la Oficina Catalana del Cambio Climático hay, por un lado, hacer que llegue más agua y sedimentos al delta y, por otra, las alternativas de ingeniería clásica, como espigones, escolleras, muros perimetrales o diques. Este último tipo de medidas es criticado por los grupos ecologistas. Eloi Nolla considera que «es importante no caer en la tentación de poner barreras artificiales: produces al lado una serie de cambios, por ejemplo, en las corrientes marinas». Desde la UP, Pons pide «medidas más duras para proteger el camino de guarda, el espacio natural de arena que separa el mar de los campos de cultivo».

Dentro de las medidas hay hacer que llegue más agua y sedimentos al delta y alternativas de ingeniería clásica

A todo esto, surge la pregunta de qué pasará con el arroz y como se adaptará a las nuevas condiciones del Delta. «Se está empezando a plantear otro tipo de cultivo con menos gasto de agua y variedades de arroz que se adapten a la salinización», explica Nolla. Desde Arrossaires del Delta, sin embargo, Raúl Arques comenta que «de momento, el sector no lo contempla. Es tirar la toalla, es asimilar que nos deberá entrar el mar». Lourdes Gisbert tampoco se muestra partidaria: «La regresión continuará y, entonces, ¿qué haremos? ¿que el arroz crezca en el mar?».

 

¿Qué podemos hacer las consumidoras?

Mientras campesinado, entidades y administraciones buscan consenso sobre cómo revertir la situación crítica en el Delta, las consumidoras podemos aportar nuestro grano de arroz para poder seguir consumiendo un producto de proximidad y contribuir a su preservación.

Desde Arrossaires del Delta, Raúl Arques explica que «el discurso de la agricultura catalana hoy en día es el de concienciar al consumidor de comprar producto de proximidad, que además habrá cultivado siguiendo las restricciones de la Unión Europea en relación a los productos químicos para el cultivo, y será más sostenible a nivel de combustibles para el transporte». Por su parte, Juan Carlos Cirera pide que las consumidoras se preocupen de asegurarse de que el arroz que compran es cultivado, elaborado y envasado en el Delta.

También se puede contribuir a iniciativas del Delta y para el Delta, como la de la marca Segadors del Delta, que desde 2010 destina el 1% de los beneficios de la comercialización a la conservación del Parque Natural. También desde Nomen ha impulsado recientemente Nomen Earth, un producto con el que la empresa se compromete a invertir el 100% de los beneficios de sus ventas a financiar acciones a favor del medio ambiente.

En cuanto al producto ecológico, podemos consumir el arroz de Riet Vell, que, además, trabaja desde los criterios de la economía social y solidaria. Desde Arrossaires del Delta, Raúl Arques comenta que «cada vez se produce más», de arroz ecológico, pero que «no todo el mercado está dispuesto a pagar la diferencia; la producción podría ser toda ecológica si hubiera más gente dispuesta a comprarla o si, desde la administración, se nos compensara. Hoy por hoy, todavía no puede serlo «.