Comercio digital: una comodidad muy cara

Cada vez compramos más a través de la pantalla. Inmediato y cómodo. Lo veo, lo pido, me lo traen. Pero, ¿qué hace posible esta magia? ¿Qué se esconde tras la compra a golpe de clic?
Comercio digital en la pantalla de un portátil cuyo usuario tiene una tarjeta de crédito en la mano

Comprar en linea: pulsas unos cuantos botones y al cabo de poco, o de muy poco, te aparecen los deseos en la puerta. En el comercio digital, el consumidor participa con pocos clics en un engranaje que complica la movilidad urbana y precariza las personas que trabajan en él. Molestias, explotación y contaminación están al servicio de un rey que parece el consumidor, pero es la empresa comercial en linea.

 

El comercio digital estresa las ciudades

Se calcula que la distribución de mercancías, tanto para establecimientos como para particulares, representa entre el 10% y el 20% del total de desplazamientos de una ciudad (medidos en kilómetros) y ocasiona del 25% al 50% de las emisiones contaminantes, además de bastante ruido.

La distribución de mercancías a particulares, es decir, la que hace realidad el comercio digital, está particularmente asociada con el llamado “tráfico de agitación”: vehículos que buscan lugar para aparcar o que se paran de forma no reglamentaria en doble hilera o en la acera. Y es que no hay tiempo para hacerlo como es debido: hay que servir, a muchos domicilios dispersos, pedidos hechos con poca o poquísima antelación, se tienen que servir dentro de la franja horaria escogida por el comprador, y a menudo hay que añadir viajes para las devoluciones o reintentos de entregas.

Un dato para hacernos una idea de cómo se incrementa el tiempo durante el que los vehículos se mantienen en marcha debido a la congestión generada por la distribución comercial: según la Asociación de Fabricantes y Distribuidores AECOC, si los repartos se hacen por la noche, las emisiones de CO2 y de NO2 (uno de los principales contaminantes) disminuyen entre un 15% y un 30%. El dato también nos dice que los problemas para la salud que provoca tanto tragín van más allá del estrés, y que su incidencia sobre el cambio climático no es anecdótica.

Justamente, incentivar que los repartos se hagan al atardecer o por la noche es una medida que se quiere ensayar en el área Metropolitana de Barcelona. Pero cuando esta medida se probó en tres grandes ciudades de China, el resultado fue que los repartos se seguían haciendo a las mismas horas pero con coches no identificados como comerciales y pequeños, que pueden cargar mucha menos mercancía; con lo cual había todavía más tránsito.

Los puntos de conveniencia o taquillas que ya encontramos en muchos lugares públicos (como estaciones de metro, gasolineras o centros comerciales) y en algunas sedes empresariales son un instrumento para pacificar el tráfico, puesto que permiten reducir el número de destinos finales de las compras digitales. Pero, en países europeos donde el comercio digital está mucho más extendido que en España y hay el triple o cuádruple de puntos de conveniencia, se considera que el número de éstos ya ha tocado techo, porque muchos consumidores no quieren ir hasta ellos si no les quedan muy cerca de casa.

 

Los más perjudicados: los que hacen el trabajo

Este desorden en el sistema de movilidad pone muchas dificultades a la viabilidad económica de las empresas transportistas, tanto de las pequeñas como de las más grandes, por varios factores. La inmediatez y la dispersión obligan a trabajar de manera ineficiente y, en consecuencia, con mayores costes. Las tarifas para las entregas domiciliarias, que suelen ser paquetes ligeros, son bajas, y más aún si se trabaja para un comercio digital grande, como Amazon o Alibaba: dan un gran volumen de trabajo pero, precisamente por eso, imponen al transportista unas tarifas ajustadísimas.

Así, el sector de la paquetería es probablemente el más perjudicado por el gran aumento de las compras en línea, y a la vez depende de ellas: según UNO, patronal de la logística y el transporte, ya le proporcionan alrededor del 60% de los repartos y un 55% de los ingresos. La situación es tan crítica que varias empresas de paquetería ya han decidido no trabajar más para Amazon.

Por otro lado, para el transporte, las empresas de comercio digital recorren cada vez más a los llamados falsos autónomos: personas que trabajan por su cuenta para empresas, en teoría para hacerle trabajos puntuales pero, a la práctica, a jornada completa y en unas condiciones laborales pésimas. Los medios ya se han hecho eco de denuncias, sobre todo en el caso de la compra en linea de comida a domicilio, que es servida por riders que trabajan para empresas como Deliveroo, Uber Eats o Glovo. Esta última, por ejemplo, tiene previsto cobrar a sus propios riders un tanto (4€ al mes) en concepto de uso de la app a través de la que reciben los encargos que tienen que servir. La empresa lo justifica diciendo que con lo que recaude con esta medida contratará un seguro para ellos.

 

La cara oscura del éxito de Amazon

El pasado noviembre, el fundador y máximo responsable de Amazon, Jeff Bezos, relevó a Bill Gates en el lugar de persona más rica del mundo, con una fortuna de más de 84.000 millones de euros.

Uno de los factores que le han posibilitado la pujanza es justamente el hecho de optar por falsos autónomos para hacer repartos; los recluta a través de la web repartidorautonomo.com. Pero hay otros factores, como por ejemplo la evasión fiscal (reconocida por la misma empresa en su informe anual de 2012) o las condiciones en que trabaja el personal de sus almacenes. Sólo un botón de muestra: a media mañana los trabajadores tienen treinta minutos de descanso, de los cuales Amazon paga quince.

Hace poco podíamos leer en Opcions que Amazon ha incorporado la alimentación, fresca o no, en su catálogo, y que ha comprado la cadena de supermercados estadounidense Whole Foods, de productos de calidad y ecológicos. El gigante no para de crecer.

 

El papel de los consumidores conscientes

No sabemos hasta qué punto el comercio electrónico transformará las calles de las ciudades, quitando de ellas las tiendas y llenándolas de vehículos autónomos, propulsados por energías renovables y silenciosos repartiendo paquetes a los domicilios. Quién sabe si las tecnologías llegarán a acabar con uno de los entretenimientos más apreciados de la sociedad de consumo: ir de compras.

Si queremos contribuir poco o nada a las dinámicas y realidades que hemos visto, podemos hacer cuatro cosas:

  1. Moderar las compras en linea con transporte asociado, o prescindir de ellas.
  2. Hacerlas con el máximo de antelación respecto al día o momento de recepción.
  3. Como punto de recogida, indicar una taquilla en un lugar público (o en el trabajo, si las hay).
  4. Si el lugar de entrega tiene que ser nuestra casa, dar una ventana amplia de horas para recibir la compra.

 

NOTA:
Podéis encontrar una versión más extensa de este artículo, con las informaciones más detalladas, cuantificadas y documentadas, en el Cuaderno número 54 que publicamos en papel. Para recibir los Cuadernos en casa te puedes subscribir a Opcions.

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Montse Peiron

Responsable de investigación de Opcions.

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