La cara oculta de los alimentos veraniegos

Horchata, helado, sandía y melón. He aquí algunos de los clásicos del verano. Sin embargo, no todo es tan dulce ni tan local como parece.

¿Qué hay detrás de aquello que comemos? ¿Cómo se ha elaborado? ¿Qué ingredientes lo componen? Tras estas preguntas está la clave de lo que realmente consumimos.

 

Horchata con chufa africana

“Horchata de Valencia” anuncia el etiquetado, acompañado de la imagen de una fallera. Pero esto, no es garantía de nada. Lo afirma el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Chufa de Valencia, quien denuncia que un número significativo de empresas de todo tipo ‒productoras de bebida, distribuidoras y supermercados‒, aprovechan la marca “Valencia” para vender horchata de origen extranjero. Solo la etiqueta con la denominación de origen garantiza que sea valenciana.

Se calcula que alrededor de la mitad de la chufa utilizada para la elaboración de horchata provienen de países africanos, y su producción esconde precariedad y precios extremadamente bajos para los agricultores en origen. La horchata con chufa africana no beneficia a los pequeños campesinos de estos países sino a los grandes empresarios del sector, como denuncia el documental Mousso Faso. La patria de las mujeres íntegras. Un trabajo que destapaba las malas prácticas de empresas valencianas, en particular las de Tigernuts Traders, en Burkina Faso, Mali y Níger, la cual llegó a arruinar intencionadamente a toda una comunidad campesina para conseguir el precio más bajo posible de la chufa, incluso por debajo del coste de producción. Un valiente documental, que Tigernuts Traders intentó infructuosamente secuestrar vía judicial para que no se llegará a estrenar.

No se trata de reivindicar la horchata valenciana por una cuestión de banderas ni de pedigrí sino en clave de justicia ambiental y social. ¿Qué sentido tiene consumir una horchata elaborada con chufas cuyo origen se encuentra a miles de kilómetros de distancia, con el impacto medioambiental que conlleva su comercialización? ¿Por qué no apostar por una chufa km0, con el consiguiente beneficio económico para el territorio y la economía local?

 

Un helado amargo

Tal vez el helado sea el clásico entre los clásicos del verano. Un dulce tan azucarado como poco saludable, en particular el industrial, con mucho colorante, conservante, azúcar, grasas saturadas, aditivos alimentarios e incluso algunos con aceite de palma. Un dulce que puede resultar amargo para nuestra salud. El Estado español es uno de los mayores consumidores de helado en Europa, solo por detrás de países como Italia y Alemania, con una ingesta de 11 litros y un desembolso de 42 euros por persona al año, la mayoría en verano. 

Sin embargo, el helado también puede ser artesano, con menos grasas saturadas, y con el consiguiente beneficio para la economía local. Aunque la mejor opción es el elaborado en casa. Muy recomendable, el polo de hielo a base de zumo de frutas o bebida vegetal, muy fácil de hacer y sano.

 

Sandía y melón de origen injusto

La sandía y el melón son otros de los imprescindibles veraniegos. Según la Revista Mercados, la mayoría de las sandías que consumimos vienen de Almería, un 40%, y los melones de Ciudad Real y Murcia suman un 56% del total. Su lado más oscuro son las condiciones de trabajo precarias de los temporeros que emplean, muchos inmigrantes, con salarios extremadamente bajos y alojamientos insalubres. 

A partir de mediados de julio, la sandía húngara se hace presente en nuestro mercado, con un precio inferior a la sandía local. La alternativa, la encontramos en esas sandías y melones que producen los campesinos de nuestras comarcas, y si son de origen ecológico mejor. 

El verano no debería ser incompatible con comer alimentos locales, campesinos, saludables y de producción ecológica. Para que no se te escape qué fruta y verdura se produce en cada momento del año, te dejo el calendario de los alimentos de temporada elaborado por Opcions. De dónde procede lo que comemos, en qué condiciones se ha elaborado, qué precio recibe el campesino en origen tendría que ser algo que todos deberíamos poder saber. Y el acceso a estos alimentos, un derecho garantizado.


Esther Vivas

Periodista e investigadora en políticas agrícolas y alimentarias.


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