¿Cambiar de coche por criterios ecológicos?

Los coches, cuanto más viejos, más contribuyen al calentamiento global mientras circulan. Pero, ¿qué edad debe tener un vehículo para que este ahorro en emisiones compense las generadas por la fabricación del coche nuevo? ¿Qué otros factores ambientales hay que tener en cuenta? Varios estudios científicos dan respuesta a estas preguntas.
Montaña de coches en el desguace, que es lo que se forma cuando promovemos demasiado el cambiar de coche
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Desde 1993 se van sucediendo “planes Renove” para incentivar el cambiar de coche para adquirir uno nuevo. Las principales motivaciones para promover, desde la esfera pública, la renovación del parque de vehículos en circulación son reducir su impacto ambiental y contribuir a la viabilidad de la industria automovilística, la que da más ocupación en España. Presumimos que el grado de cumplimiento de este segundo objetivo es bastante satisfactorio, pero no entraremos en eso. Nos centraremos en los supuestos beneficios ambientales.

Dichos supuestos beneficios deben derivar del hecho que los coches nuevos, gasolina o diesel, consumen menos y, por lo tanto, mientras circulan generan menos emisiones de gases de efecto invernadero que los viejos. En cuanto a la contaminación, sí se reduce en el caso de coches que van con gasolina, pero los diesel nuevos siguen siendo muy contaminantes.

Actualmente entre los coches nuevos que se contemplan en los planes Renove ya encontramos los eléctricos, los híbridos y los de combustión de gas natural o licuado; lo podemos ver por ejemplo en el Plan Movea 2017, el más reciente. En el caso de los coches eléctricos o híbridos, pasarnos a ellos aporta un potencial beneficio adicional: menos dependencia de los combustibles fósiles y diversificación energética. El beneficio, sin embargo, es potencial, ya que si la electricidad se genera a partir de combustibles fósiles seguimos estando en la misma situación.

Ahora bien, hay un aspecto de impacto ambiental que los planes Renove no tienen en cuenta, a pesar de que varios estudios científicos le dan mucha importancia. Tanta, que al balancearlo con el resto de aspectos se llega a la conclusión que, en los casos más habituales, cambiar de coche, si el viejo todavía no lo es suficientemente, es negativo para la sostenibilidad. Se trata de la contribución al cambio climático de la fabricación del coche nuevo.

 

Cambiar de coche cuando el viejo es “poco” viejo no sale ambientalmente a cuenta

Cambiar de coche sólo es favorable a la sostenibilidad si el viejo tiene unos veinte años, o bien mucho kilometraje. Eso concluyen varios estudios de la comunidad académica que ponen en entredicho los planes Renove. Comentaremos tres de ellos.

El primero, de 2010, fue llevado a cabo en el Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos de la Universidad de Zaragoza. Sus autores vieron que, si tomamos un vehículo medio que hace 15.000 kilómetros al año (la media europea), sustituirlo por uno nuevo sólo sale energéticamente a cuenta si tiene al menos 20 años de vida si es diesel, y 22 si va con gasolina. Ello es debido a que, si el coche es más joven, la energía que se invierte en la fabricación del coche nuevo y la gestión del viejo como desecho –un consumo de energía que contribuye al cambio climático– es mayor que el ahorro que se consigue gracias al menor consumo de combustible.

La edad o plazo de recuperación energética varía en función del uso del vehículo: es de unos treinta años si haces 5.000 kilómetros anuales, y de unos diez si haces 50.000. Podéis encontrar un análisis más detallado de este trabajo de investigación en el número 35 de Opcions.

Un par de años más tarde, en 2012, este estudio del Departamento de Ingeniería de Energía y Procesos de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología comparó los impactos ambientales de los coches eléctricos y los de combustión, y no sólo mientras los usamos sino a lo largo de todo su ciclo de vida. El trabajo observó estos fenómenos:

  • Usando una electricidad generada por la combinación de fuentes de energía que se da más típicamente en Europa, y suponiendo que los coches duren hasta haber recorrido 150.000 kilómetros (la media que asume la industria automovilística), un coche eléctrico habrá tenido una contribución al calentamiento global un 10%-24% inferior a la de un coche de combustión (gasolina o diesel).
  • En contrapartida, otras categorías de impacto ambiental (como el riesgo de eutrofización de las aguas residuales o el riesgo de agotamiento de recursos naturales) habrán ido a peor: se habrán multiplicado por 2, 3 o hasta 5. Este empeoramiento en la huella ecológica deriva principalmente de la fabricación de la batería del coche, y en segundo lugar del consumo de electricidad (no renovable) durante la fase de uso.

Según el artículo, si el coche viejo ha hecho 200.000 km es mucho más probable que el balance ambiental de sustituirlo sea positivo, y en cambio si sólo ha hecho 100.000 el balance será negativo con toda probabilidad.

Más recientemente, entre 2015 y 2016, otro trabajo, en este caso de la Facultad de Ingeniería Mecánica y Mecatrónica de la Universidad de Tecnología de la Pomerania Occidental, en Polonia, estudió cómo ha evolucionado la huella ecológica de un coche concreto, el Volkswagen Golf, a lo largo de las seis versiones que se han hecho, desde 1976 hasta 2012. En este caso sólo se mide un aspecto de impacto ambiental, si bien probablemente el más preocupante actualmente: la contribución al cambio climático.

Las conclusiones de esta tercera investigación son:

  • La emisión de gases de efecto invernadero durante la fabricación de la última versión del coche (el Mk6) es un 49% superior a la emisión durante la fabricación de la primera versión (Mk1). Este incremento está asociado con un uso más intensivo de materiales: el Golf Mk6 pesa un 50% más que el Mk1, a pesar de que ya desde el Mk3 (1991-1997) se empezaron a usar materiales más ligeros. Y es que los coches cada vez se equipan más.
  • Estas mayores emisiones se compensan en parte por el decremento en emisiones durante la fase de uso del coche, pero poco. Por esto, cambiar un Golf Mk5 por un Mk6 sólo sale ambientalmente a cuenta si el Mk5 tiene al menos 21 años.

¿Qué hacemos con el coche, entonces?

A la vista de lo que nos enseñan estos estudios, los consejos para un uso responsable del coche serían:

Racionalicemos el uso del vehículo particular, sustituyéndolo o combinándolo cuando sea posible por otros medios más sostenibles como el transporte público, la bicicleta o ir a pie.

Compartamos el coche. Un vehículo pasa del orden del 90% de su tiempo de vida útil sin utilizarse (la cifra varía ligeramente según la fuente). Compartirlo, ya sea en viajes puntuales o en rutas frecuentes –como el camino al trabajo–, puede ser una forma sencilla y económica de rentabilizar su coste energético.

Reduzcamos los desplazamientos diarios. Siempre que podamos escoger, prioricemos puestos de trabajo cerca de casa o viceversa. También, al buscar vivienda podemos valorar si es accesible en transporte público y si tenemos al alcance los servicios básicos más necesarios (tiendas, educación, sanidad…) para no tener que recurrir a menudo a un medio de transporte.

Si tenemos coche, alarguemos su uso mientras sea funcional. Evitemos cambiarlo “picando” el cebo de los planes Renove, o por modas o criterios estéticos. Una buena conducción y un buen mantenimiento pueden prolongar la vida del vehículo.

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Montse Peiron

Responsable de investigación de Opcions.


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