Trucos e ideas para alargar la vida de la comida

¿Por qué se estropea la comida? ¿Podemos evitarlo? ¿Cuál es la mejor manera de conservar los alimentos frescos? Las bacterias y los hongos son los responsables de que la comida se estropee. Son microbios que viven en los alimentos, en el aire, en los utensilios de la cocina y en nuestras manos, que proliferan cuando se producen ciertas condiciones de temperatura y humedad.
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¿Cómo sabemos si un alimento está en buen estado?

La vista, el gusto, el tacto, el olfato y el oído. Con los cinco sentidos podemos analizar los alimentos y reconocer si hay alguno que se ha echado a perder. Solo hay que tener en cuenta no comer nada sospechoso de estar en mal estado y saber que, en unos pocos casos, no lo podemos detectar. Son los siguientes:

  • Huevos. En la cáscara hay bacterias perjudiciales. Por lo tanto, si tiene grietas, es mejor tirar el huevo, para evitar que se filtren en el interior.
  • Helados. Cuanto más rato pasa un helado fuera de la nevera, más riesgo existe de que prolifere la salmonela, sobre todo si está hecho con huevos frescos. Por lo tanto, es conveniente comérnoslos o volverlos a meter en el congelador inmediatamente.
  • Arroz y pollo. Estos dos alimentos fácilmente contienen esporas de bacterias, que pueden germinar y pasar a ser peligrosas si los mantenemos mucho rato calientes sin comérnoslos.

Mantener los microbios a raya

Conservas en líquido. Se debe vigilar que el líquido cubra siempre estos alimentos. Como las anchoas, el atún en aceite o en escabeche, el queso feta en salmuera o los melocotones en almíbar.

Existen varios métodos de conservación de los alimentos. Todos modifican algún aspecto del medio en el que viven los microbios e impiden que estos actúen. Hay que tener en cuenta que, cuando aplicamos cualquier técnica de conservación, la comida pierde calidad nutritiva.

  • Calentar (hervir, freír, cocer al baño maría, pasteurizar, etc.), enfriar (mantener en un lugar fresco, nevera o congelador). A temperaturas altas, los microbios se mueren. A temperaturas bajas, los microbios permanecen vivos pero están inactivos.
  • Secar, ahumar o conservar al vacío. Cuando eliminamos la humedad o el aire de un alimento, evitamos su vida microbiana.
  • Curar (sal o salmuera), conservar en azúcar (almíbar, confituras y compotas) y adobar con aceite o escabeche son métodos que evitan los microbios porque estos no pueden vivir en medios demasiado salados, dulces o ácidos.

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­Pautas para una buena conservación

Es necesario más tiempo para ir a comprar un alimento que para guardarlo de manera que se conserve. Y seguramente es más barato. Aplicando los recursos que os explicamos a continuación, evitaréis tirar comida, podréis ir a comprar no tan a menudo y os será más cómodo cocinar más cantidad de la que necesitáis para un día y tener más de una comida a punto.

Las sobras. Recalentar y enfriar es un procedimiento que es mejor no repetir con un mismo alimento (especialmente arriesgado en el caso del arroz y el pollo). Es mejor calentar solo la cantidad que comeremos y hacerlo justo antes de sentarse a la mesa. Las sobras se pueden combinar para hacer croquetas, tortillas, purés, ensaladas, sopas o salsas.

  • Legumbres. Cuando estén cocidas, se mantendrán más tiempo si les echamos un chorro de aceite y las removemos bien para que quede todo bien untado.
  • Verdura. Si la verdura fresca se nos está ajando y todavía no nos la hemos comido, la podemos hervir para que dure un par de días más. Después de estos dos días, aún se pueden sofreír para alargar su vida dos días más. También vale la pena pedir en la tienda que no nos quiten las hojas de encima ni nos las corten. Ayudan a conservarlas.
  • Cereales. Si en verano la despensa no está suficientemente fresca, mejor guardamos la pasta en la nevera, para evitar que aparezcan insectos.
  • Carne. Guardarla de manera que le toque un poco el aire. Así tardará más en ponerse rancia. Cuando hagamos caldo, lo podemos congelar en raciones o hervirlo cada dos días para que no se estropee.
  • Fruta. Lavar solo la cantidad que nos vamos a comer. Si hemos lavado más de la cuenta, es mejor secarla con un paño. Si madura demasiado, se puede quitar la parte tocada y con el resto hacer zumos, batidos o mermeladas.
  • Pastelería. Si sobran pan o pasteles, se pueden congelar en rebanadas. Las galletas también se pueden congelar.
  • Lácteos. Con la leche que está a punto de echarse a perder, se puede hacer yogur (Opcions núm. 13 pág. 22) y durará una semana más.
  • Bebidas con gas. Hay que taparlas enseguida.

Cada cosa en su sitio

Los recipientes. Cuanto más limpios y menos aire contengan, mejor. Así pues, tenemos la opción de llenarlos tanto como podamos o sacarles el aire una vez cerrados con un dispositivo mecánico.

  • La despensa. Una despensa bien ubicada y acondicionada (sitio fresco, seco y oscuro) nos permite guardar cualquier alimento y puede realizar el trabajo de la nevera durante una buena parte del año.
  • La nevera. No se deben guardar ahí alimentos tibios o calientes. Volvamos a meter lo que hayamos sacado lo más pronto posible, para conservar el frío (sobre todo de la leche y la mantequilla) y distribuyamos lo que tengamos para que los alimentos no se contaminen entre ellos (carne o pescado que derramen jugos, hortalizas que se pudren, etc.). En general, la nevera conserva bien le comida cocinada durante 2 o 3 días.
  • El congelador. Se puede congelar prácticamente todo. Desde el caldo hasta el perejil, el café o las legumbres cocidas. Es una de las técnicas que más preserva la calidad nutritiva y que permite la conservación durante un tiempo indefinido. Vale la pena hacerlo en raciones que podamos descongelar individualmente para evitar que la comida pierda el frío dos veces.
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