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Ni predicadores ni clandestinos

Quería explicar que no tenía sentido poner la estufa al máximo si no cerrábamos la puerta pero al final generé esta “respuesta”: Oye, ¿y tú no compras nada, no gastas energía...? Sin que yo haya dicho nada, me dan explicaciones si hay gambas colombianas para cenar, me siento un aguafiestas.

Ante esto, ¿se trata de mantener nuestra inquietud en la clandestinidad, o por el contrario se trata de lanzarnos a predicar y ejemplarizar para transformar nuestro entorno? Pues como tantas veces la respuesta la vemos más en la búsqueda de equilibrios.

Puede ser que los que estamos en el viaje del consumo consciente y transformador (CCT) en algún momento podamos tener una inquietud de ir sumando gente; aunque a pocos de los testimonios que publicamos en este número (abajo) les gusta asumir el papel de “predicador”. Pero aunque no asumamos este rol resulta fácil que, por ser el consumo algo tan cotidiano, surjan situaciones en las que nuestro interés o compromiso con el CCT se haga explícito y marque una diferencia.

Esas situaciones presentan un abanico de posibilidades variado; pueden ir desde un incómodo diálogo de sordos a un sano intercambio de opiniones y experiencias. Encontrar formas sanas de compartir y vivir las diferencias puede minimizar el desgaste o evitar que nuestra inquietud sea fagocitada por la actitud hegemónica. Aquí algunas ideas que hemos sacado de algún psicólogo, los lectores y nuestras vivencias. 

Mírate a ti mismo Un primer paso es preguntarnos a nosotros mismos: ¿qué motivaciones nos llevan a compartirlo con los demás? Podemos fácilmente encontrar elementos que forman parte de nuestro bagaje personal de relación con alguien o dentro de un grupo: ¿Me rebelo contra alguien? ¿Me estoy queriendo diferenciar del resto? Visualizar y entender elementos emocionales como estos así como entender nuestro propio camino, nuestras dificultades, las influencias que hemos recibido... nos puede dar interesantes pistas para ver qué y cómo queremos compartir.
No pidas peras al olmo No es lo mismo si el que pregunta u observa lo hace desde la curiosidad o el querer conocerte mejor que si busca confirmar ideas preconcebidas o proyectar sus molestias. Dos no comparten si uno no quiere; si no hay disposición recíproca mejor no intentarlo. Si lo hacemos, miremos de adaptar la forma y el contenido del mensaje a los interlocutores.
¿Vendiendo motos? En general el ejemplo, el “hacer” silencioso, es el que habla por si mismo para el que es susceptible de sentir curiosidad. No se trata de asumir un pesado e insostenible rol de “modelo” sino, como dice una lectora, simplemente me muestro como soy, con mi aspecto, mis hábitos...
Hablar desde uno mismo Desde nuestras experiencias y vivencias, presentando los ideales u opiniones como mera información, describiendo por qué te gusta hacer algo de determinada manera, qué ves de positivo, qué te aporta... Poner, incluso, tus propias dudas o dificultades sobre la mesa haciendo innecesario el escudo defensivo que a veces podemos encontrarnos.

No señalar con el dedo Un tono culpabilizador o acusador activa mecanismos de defensa (No me agobies, eso es tu historia, No me vendas tu moto) o de ataque (¿Tú nunca has cogido un avión o qué?).

Vemos que la mayoría de los lectores sienten tener muchas personas afines en su entorno, lo que no sólo minimiza las cansinas situaciones que mencionábamos sino que proporciona arrope emocional y una serie de sinergias y facilidades logísticas que se hacen posibles gracias a la dimensión colectiva. De hecho hasta cierto punto muchas de esas situaciones incómodas generadas pueden surgir de nuestro anhelo y necesidad de crear ese entorno afín, todo y que con cierta torpeza emocional o social podamos generar el efecto contrario. La conducta humana tiene un fuerte componente de búsqueda del refuerzo exterior y son muy pocos los que pueden estar en un entorno que no refuerza su conducta en manera alguna. Pero también somos capaces de cambiar, de transformar y de vivir bien la diferencia. Suerte y a divertirse.


Citas de los entrevistados en respuesta a estas preguntas:

En referencia al consumo, ¿alguna vez te has sentido con tus amigos, familiares, etc. tiquismiquis, aguafiestas…? ¿Cómo lo has gestionado?

Sara, 30 años, Badalona
Maestra y mamá de dos niños pequeños. Participo en un grupo de consumo

Intento no comer el coco a nadie. La gente que me conoce sabe en lo que estamos metidos. Si me preguntan yo respondo, pero sobre todo si ellos muestran interés. No voy por la vida soltando mi filosofía de vida, a mí no me gusta que me lo hagan. 

Conchi, 30 y pico, Madrid
Investigadora en comunicación ambiental y participante en proyectos variados
Muchas veces me he sentido así, me dicen ¡Contigo no se puede hacer nada! Lo más incisivo son las preguntas como con la intención de “a ver si te pillo”. Me gustó mucho un juego que hicimos en una ecoaldea, donde había mucha gente con estilos de vida bastante radicales y comprometidos. Era un juego de las sillas; una persona decía por ejemplo ¿Quién no ha volado en avión en los últimos 2 años? Y se tenían que levantar las personas que sí habían volado, y cambiarse de silla. La que no encontraba hueco decía algo que ella había hecho que le parecía incoherente... y vuelta a empezar. Fue muy divertido y muy liberador… Nos sirvió para saber qué cosas se planteaban las demás personas como muy incoherentes en su vida que quizás nosotras aún no nos habíamos planteado, que es más fácil en colectivo, etc.

Luigi, 30 años, Torrelavega (Cantabria)
Ex-técnico de un sindicato agrario, actualmente parado voluntario
Muchas veces. Normalmente lo gestiono con poca fuerza, es un tema que desgraciadamente no me gusta charlar con las personas que tienen ideas preconcebidas y pocas ganas de cambiar. No sé si es que seré vago o es que me gusta centrar mas mis energías con las personas mas afines. 

Maite, 65 años, Leioa (Bizkaia)
Jubilada, madre de cinco hijos con tres nietos y una en camino.

Me siento responsable al dejarles un mundo tan contaminado

No me preocupa, yo no me canso de insistir. Los que me conocen lo saben, a mi edad no me apura nada.

Rosa, 28 años, Huelva
Profesora de lengua y literatura castellanas en Secundaria
Mis amigos simplemente piensan que soy una tacaña. No entienden, por ejemplo, que me niegue a comprar botellas de agua aunque tenga una fuente en el edificio. ¡Con lo baratas que son y todo lo que yo gano! Intento explicarlo, pero me veo como una pesada, siempre con lo mismo, echando el discursito ecológico.

Bàrbara, 26 años, Barcelona
Vegana-decrecentista.

Me gusta mucho polinizar a la gente sobre estos temas
¡Muy a menudo! Intento minimizar mis intervenciones respecto a este tema, pero me parece tan urgente que la gente se entere de las consecuencias de sus actos respecto a sus compras que rápidamente me hago pesada.

María José, 30 años, Málaga
En este momento, entregada a criar a mis dos hijos y a mostrarles el camino más consciente que puedo
Con frecuencia me meto en debates intelectuales, que suelen conseguir el efecto inverso al que busco. A veces consigo conectar conmigo misma, entender la situación y dar empatía antes de mostrar mi mundo interior al otro. Cuando escucho y respeto sus miedos, suelen estar más abiertos a escuchar y respetar los míos

Leticia, 31 años, Madrid
Gestora cultural, hipotecada y montando una espacio de intercambio de ropa

Creo que he aprendido a gestionarlo, esta es mi opción con mis argumentos, no intento convencer a nadie, pero cada vez que sale el tema, explico mi punto de vista tranquilamente, respetando siempre a los demás, escuchando. Intento no crear polémica, así a la gente le produce mas curiosidad (“no me están intentando convencer”). Si te posicionas radicalmente produces el efecto contrario al que deseas. Yo llegue “aquí” sola, nadie me comió a olla, no creo que valga llegar de otra manera.

Toni, 29 años, Bilbo
Me gusta jugar al fútbol, el sexo, bailar, cantar...
Sí, a base de generar antipatía he tenido que cambiar el chip y entender que no se debe soltar moralinas a nadie ni estar juzgando actos ajenos. Es lo de Confucio de no intentar enseñar a quien no quiere aprender, y dejar que el ejemplo esté ahí y quien quiera ya cogerá.

Cristina, 25 años, Barcelona
Educadora social. Me estoy independizando.
En general me acaban llamando la “ecologista” con connotaciones de rara o pesada. Muchos lo ven como tontería, algo que les supone un esfuerzo y de lo que no sienten que se tengan que hacer cargo. En general se llega a un punto en que intento justificar el porqué de actuar así: de no querer poner vasos y platos de papel en una gran comida familiar, de separar papel y plástico en la oficina... Al final si el tema se alarga y me encuentro sola ante la gran mayoría acabo por ceder, te lo tomas a broma y ya. En otras ocasiones, amigos o familiares te escuchan y a veces siguen tus propuestas.

Francesc, 31 años, València
Trabajo haciendo estudios de transporte y movilidad
Siempre que me toca explicar el tema de las cooperativas con compañeros de trabajo me miran raro, pero bien explicado lo entienden perfectamente. Les suena raro porque lo desconocen y porque se piensan que es caro, pero si tuvieran alguna cerca de casa acabarían probándolo.

Naroa, 27 años, Barcelona
Planteándome ir a Galicia a vivir del y para lo rural. Mientras tanto propongo intercambios y proyectos para conocer otras realidades desde un centro cultural
Sí, sobre todo con familiares y algunos amigos. Gestionarlo no es fácil y a menudo acabas indignándote a cada segundo, así que te cargas de paciencia, intentas al hablar con ellos aprovechar de tus propias dudas para tener un discurso más cercano y comprensible, y bien, con una sonrisa…

En tu entorno habitual, ¿tienes personas que están en el viaje de intentar hacer un consumo más consciente?

Leticia, 31 años, Madrid
Gestora cultural, hipotecada y montando una espacio de intercambio de ropa

Sí, o esa sensación me da. También las hay reacias, pero en general noto
a gran parte de mi entorno interesado en saber cómo, qué hacer, o por
dónde empezar

Toni, 29 años, Bilbo
Me gusta jugar al fútbol, el sexo, bailar, cantar...

Cada vez más, he ido haciendo que mi buena parte
de entorno habitual se componga básicamente de gente que le gusta vivir
como yo, para poder ser yo mismo y sentirme cómodo y poder dejarme fluir
y no tener que estarme adaptando y haciendo concesiones.

Cristina, 25 años, Barcelona
Educadora social. Me estoy independizando.
Sí, estoy contenta porque a raíz de mis
experiencias y de lo que yo voy explicando dos amigas han decidido
formar parte de una cooperativa.

Francesc, 31 años, València
Trabajo haciendo estudios de transporte y movilidad

Siempre es bueno sentirse acompañado y tener un grupo de gente con la cual poder compartir dudas.

Naroa, 27 años, Barcelona
Planteándome ir a Galicia a vivir
del y para lo rural. Mientras tanto propongo intercambios y proyectos
para conocer otras realidades desde un centro cultural

En casa vivimos tres personas y estamos en una fase similar del proceso, así que nos apoyamos mutuamente y facilita bastante.

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