Precauciones para necesitar menos protector

No es lo mismo tomar el sol un día nublado que un día claro. No tenemos el mismo riesgo de quemarnos si estamos en la nieve, en la arena o sobre suelo asfaltado. Os explicamos todo lo que hay que saber para calibrar el riesgo de quemarnos.
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¿Cómo soy?

Nadie mejor que un mismo para observar al cabo de cuánto rato de estar al sol se empieza a quemar. Dependerá, por un lado, del tipo de piel. Se calcula que lo más habitual en nuestra latitud y cuando las radiaciones son moderadas es quemarse al cabo de una hora de tomar el sol.

Y por otro lado, de la edad: los niños pequeños son especialmente vulnerables a los rayos UV, tanto por las quemaduras como por los perjuicios que no son visibles (ver “Sol y salud”). Se recomienda que no reciban sol directo hasta los seis meses, y muy moderadamente hasta los tres años.

¿A qué día estamos?

El sol nos toca más de lleno en primavera y en verano. El ángulo de incidencia del sol sobre la Tierra (hemisferio norte) más vertical es en el solsticio de verano. Durante el verano hace más calor, pero no es porque lleguen más radiaciones o más de pleno, sino porque la Tierra está más caliente.

¿Qué hora es?

En pleno mediodía la radiación UV puede ser ocho o nueve veces superior que a las 9 de la mañana, y el triple que a las 10. Nos podemos guiar por esta regla: si la sombra que proyectamos es más corta que nuestra altura, es el momento de máxima incidencia.

En esta web podemos consultar el denominado Índice Ultravioleta (UVI). Es una previsión de los niveles de radiación UV que se espera que lleguen en el mediodía de un día determinado. Va de 0 a 16, y a partir de 10 se considera que las radiaciones son extremadas.

¿Qué día hace?

Las nubes filtran más radiaciones cuanto más bajas y densas son. La contaminación (partículas suspendidas en el aire) también puede filtrar y reflejar los rayos UV, pero en menor medida.

¿Dónde estoy?

Las radiaciones UV son más intensas a medida que nos acercamos al ecuador (porque el sol cae más perpendicular) y a medida que nos alejamos del nivel del mar (porque la capa de atmósfera que nos protege es más fina). Por cada 1.000 metros que subimos, las radiaciones se incrementan un 10-12%.

Dentro del agua también nos llegan, hasta un 40% a medio metro de profundidad. El efecto lupa que puedan hacer las gotas de agua si estamos mojados es muy poco importante.

¿De dónde vienen los rayos?

Las partes del cuerpo más expuestas a las radiaciones UV son las que quedan perpendiculares al sol. Pero además de los rayos directos también nos llegan reflejados (el llamado albedo), y desde todas las direcciones, de forma que también debemos poner atención en otras partes del cuerpo, sobre todo la cara y los ojos.

Los rayos rebotan principalmente en las superficies (del suelo, de las paredes…). La nieve fresca puede llegar a devolver un 80% de los rayos UV que le llegan, de forma que podemos recibir casi el doble que si no se reflejaran. Un día de invierno en la nieve podemos recibir más radiación que uno de verano, y en todas las partes del cuerpo. Además de la nieve, las superficies que más radiación rebotan son el cemento (un 55%) y la arena seca (un 40%).

 

 

 

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Álvaro Porro

Ex investigador de Opcions y ex director del Centro de Investigación e Información en Consumo