Cremas de protección solar

¿En qué nos tenemos que fijar para escoger una crema? ¿Las hay ecológicas? ¿Conviene escoger siempre el factor de protección más alto? Respondemos estas y otras preguntas.
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Utilizar crema protectora cuando estemos al sol es tan importante como prevenir los excesos de exposición solar. Hay que tener en cuenta que ninguna crema protege al 100%, ni las de protección más alta (factor 50+). Y no todas son iguales. Los protectores naturales serían los más recomendables y, además, existe alguno de fabricación local. En todo el texto hablamos de cremas protectoras para la piel, pero lo mismo se aplica para los lápices protectores para los labios.

 

Qué caracteriza los protectores naturales

El ingrediente principal de un protector solar son los filtros solares o filtros UV, que dificultan o impiden que los rayos UVA y UVB penetren en la piel. Hay dos tipos principales: los físicos y los químicos. Los describimos en la tabla, junto con dos otros tipos de filtros, los vegetales y los biológicos, que tienen un papel menor.

Los filtros químicos son absorbidos por la piel y los hay que son sospechosos de ser nocivos para la salud, algunos muy sospechosos. Los encontramos en las cremas protectoras convencionales.

Las cremas protectoras naturales sólo llevan filtros físicos, que son innocuos, excepto si están en forma de nanopartículas (más adelante explicamos su problemática). También suelen llevar filtros vegetales y biológicos. Además, evitan o minimizan los ingredientes sintéticos, los vegetales o animales tienen que proceder preferentemente de explotaciones ecológicas (y algunas marcas priorizan los adquiridos según los principios del comercio justo), evitan ciertos procesos de elaboración, como las radiaciones radioactivas, y no utilizan ingredientes de origen transgénico. También se minimizan los envases y embalajes y se intentan hacer con materiales fácilmente reciclables.

Toda la industria cosmética hace una búsqueda constante de nuevos ingredientes y formulaciones para dar nuevas prestaciones a las cremas y diferenciar sus productos, en un mercado cada vez más saturado. En el caso del sector natural (y cada vez más en el convencional) esta investigación está focalizada en las plantas y algas, buscando en ellas componentes que den determinadas propiedades a los productos, ya sean funcionales o estéticas (por ejemplo dar una textura muy perfeccionada a una crema). Así como las sustancias sintéticas tienen el inconveniente de ser nuevas en la naturaleza y por lo tanto se desconocen muchos efectos a largo plazo sobre los seres vivos y los ecosistemas, puede ocurrir lo mismo con sustancias extraídas de vegetales que no se han usado tradicionalmente. Por otro lado, esta búsqueda en muchos casos conlleva traer ingredientes de todo el mundo, y ello puede ser poco sostenible, tanto por la lejanía como por la potencial sobreexplotación de recursos (de países con normativas ambientales laxas).

Ingredientes problemáticos

En la Unión Europea es obligatorio poner la lista completa de ingredientes en las etiquetas de todos los productos cosméticos; se tienen que escribir en inglés siguiendo una nomenclatura estándar, y opcionalmente se pueden escribir en otras lenguas. Veamos qué cosas preocupantes podemos encontrar; las dos primeras sólo estarán en cremas convencionales, la última sólo en naturales, y los perfumes en cremas de todo tipo.

Hay que decir que, además de los peligros para nuetra salud, las fórmulas de los protectores solares pueden incluir sustancias que perjudican el medio ambiente, y en particular el mar (ver “Los protectores solares y el mar”).

Filtros químicos: los compuestos con más evidencias de ser peligrosos para la salud son, en inglés: 4-methylbenzylidene camphor, benzophenone-3, 2-ethylhexyl 4-methoxycinnamate. En concreto son disruptores endocrinos, que significa que alteran el funcionamiento de las hormonas (por ejemplo los estrógenos) y por lo tanto funciones como la reproductora, la immunitaria o el metabolismo. Estas sustancias están reconocidas por la Comisión Europea como disruptores endocrinos, pero no están prohibidas; en “¿Quién filtra los filtros?” hablamos sobre factores que condicionan las decisiones de las autoridades sanitarias europeas.

Parabenes: son conservantes, y disruptores hormonales. En concreto el propilparabén y el butilparabén tienen el mismo nivel de peligrosidad que los filtros anteriores, según el International Chemical Secretariat (ver “¿Quién filtra los filtros?”).

Perfumes: en todas las listas de ingredientes encontraremos la palabra “parfum” o “aroma”: la legislación europea permite usarlas para hacer referencia a todas la fragancias presentes en las fórmulas, que pueden ser unas varias. Por ejemplo, en los protectores naturale es típico que haya varios aceites esenciales de plantas. Varias de estas sustancias son alérgenas y, si en la fórmula hay más de cierta cantidad, se tienen que especificar en la lista de ingredientes (Reglamento 1223/2009 de la Comisión Europea). Las fragancias reconocidas por la CE como alérgenes son las siguientes (las doce primeras lo son en mayor grado): cinnamal, cinnamyl alcohol, citral, coumarin, eugenol, farnesol, geraniol, hydroxycitronellal, hydroxyisohexyl 3-cyclohexene carboxaldehyde, isoeugenol, limonene, linalool, amyl cinnamal, benzyl alcohol, amylcinnamyl alcohol, benzyl salicylate, anise alcohol, benzyl cinnamate, butylphenyl methylpropional, benzyl benzoate, citronellol, hexyl cinnamal, methyl 2-octynoate, alpha-isomethyl ionone, extracto de Evernia prunastri y extracto de Evernia furfuracea.

Nanopartículas: como hemos visto, en las cremas naturales habrá filtros físicos, que pueden estar en forma de nanopartículas; lo reconoceremos porque veremos “(nano)” después del nombre de la sustancia.

¿Qué tienen de malo las nanopartículas? Nano viene del griego y significa enano; un nanómetro es una milmillonésima parte de un metro. Ya hace tiempo que se desarrolla la nanotecnología, que manipula la materia a nivel molecular y atómico parar obtener nanopartículas, de 0’2-100 nanómetros. Se usan en muchos campos, desde ropa que no se mancha hasta cristales autolimpiantes.

El uso de nanopartículas artificiales (en la naturaleza también las hay) es objeto de controversia porque no se conoce bien su comportamiento, que puede ser distinto del de la misma sustancia cuando es mayor. Al ser extremadamente pequeñas pueden atravesar más fácilmente las membranas de las células y pueden interferir de formas desconocidas en la compleja bioquímica de los seres vivos.

Uno de los filtros físicos más usados en protectores solares es el dióxido de titanio, un pigmento blanco muy extendido con el cual se hace, por ejemplo, la pintura blanca. Si se pone en forma de nanopartículas, la crema es transparente en lugar de blanca y por lo tanto es más agradable a la vista.

La nanotecnología empezó a aparecer en productos comerciales la década pasada. En aquel momento bastantes cremas naturales llevaban dióxido de titanio en nanopartículas, pero hoy parece que se aplica más el principio de protección, y no es tan habitual encontrarlo. De hecho, sólo una de las entidades certificadoras de productos naturales europeas permite la nanotecnología, mientras que hace diez año sólo una la prohibía (más información sobre los sellos de cosmética natural aquí).

Factor de protección: el medio puede ser suficiente muchas veces

El factor de protección solar de una crema se mide sólo la capacidad que tiene para retrasar las quemaduras del sol (provocadas por los rayos UVB). Cuanto más alto sea el factor más protección tendremos para el resto de los efectos perjudiciales, pero no hay una relación bien definida. Les cremas que han comprobado que filtran una cantidad de rayos UVA equivalente a al menos un tercio de los rayos UVB que fitran pueden llevar esta marca:

En la gráfica siguiente podemos ver que entre un factor 5 y un 25 hay mucha diferencia en capacidad protectora, y en cambio entre un 30 y un 50 muy poca. Es por eso que en 2006 la numeración a base del Factor de Protección Solar (FPS) se consideró poco adecuada, y se introdujo una nueva nomenclatura estándar en todo el mundo: protección baja (hasta FPS 15), media (FPS entre 15 y 30), alta (entre 30 y 50) y muy alta (más de 50). Sin embargo, la inmensa mayoría de los protectores siguen llevando también el FPS (o SPF, de sus siglas en inglés) expresado en números.

Una crema de factor 30 deja pasar el 3% de la radiación UVB y, si lleva la marca UVA, como mucho un 68% de los rayos UVA. Pero eso no evitará los efectos nocivos si estamos al sol mucho rato. La Comisión Europea recomienda que las etiquetas no incluyan ningún reclamo que haga pensar que estás del todo protegido (como por ejemplo “pantalla total” o “sunblock“), en especial en cremas para niños, y que se escriban frases recordando que la sobreexposición al sol es un riesgo importante. En los Estados Unidos las cremas con factores mayores que 30 están prohibidas, para evitar esta excesiva confianza por parte del usuario.

 

Más motivos para moderar el factor de protección

Lo que hace que una crema tenga más o menos capacidad para absorber radiaciones UV es la cantidad de filtro que contiene. Por eso, es particularmente conveniente evitar cremas con ingredientes peligrosos si tienen un factor de prtección alto.

Ocurre que las cremas naturales tienen un inconveniente que también se acentúa al incrementar el factor de protección: cuestan de esparcir y dejan la piel blanquecina (es el llamado “efecto Casper”). Este inconveniente se va superando técnicamente. Por ejemplo, hoy el dióxido de titanio puede ponerse en las cremas no en forma de polvo sino en una especie de gel. De hecho, un de los motivos para usarlo en forma de nanopartículas es, como veíamos, que así se reduce este “efecto piel blanca”. También, es posible que distintos formatos de una misma marca (crema, spray, gel) lo provoquen en mayor o menor medida, se trata de probarlo. Sin embargo, ver blanco en la piel también es útil para comprobar si la hemos cubierto bien, tanto la de uno mismo como la de los pequeños a quien pongamos crema.

De todas formas, de hecho, las protecciones altas (factor 30 o superior) están concebidas para casos extremos: excurisones largas, alta montaña, trabajos en el exterior o enfermedades como alergia al sol.

 

Cremas y pastillas autobronceadoras

Existen pastillas y cremas que nos ponen morenos ellas solas. Algunas estimulan la generación de melanina, otras simplemente tiñen la piel de manera más o menos natural según cuál sea la empresa fabricante. Pero no protegen de los rayos UV.

 

 

 

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Montse Peiron

Responsable de investigación de Opcions.