Comprar con criterio

De segunda mano, de proximidad, de comercio justo, de producción ecológica. Son algunos de los criterios más mencionados cuando se habla de consumo consciente. Pero, ¿qué factor es más importante? Si queremos hacer compras con impacto positivo, ¿tenemos que tener en cuenta otros aspectos?

Es fácil que, cuando pensemos en consumo consciente, lo primero que nos venga a la cabeza sea aplicar ciertos criterios ambientales o sociales en nuestras compras. Pero comprar con criterio es solo la tercera clave del consumo consciente. Antes, está la primera, consumir menos, y la segunda, consumir sin comprar. El orden no es indiferente, hay una clara jerarquía entre las tres claves. La prioridad la determina su capacidad de reducir nuestra huella ecológica, de favorecer estilos de vida no modelados por el consumismo y, a la vez, contribuir a fortalecer la comunidad y generar relaciones sociales más justas.

Ahora bien, lo cierto es que hay muchos aspectos que podemos tener en cuenta si con nuestras compras queremos favorecer la preservación del planeta y el bienestar de las personas, tanto a la hora de elegir productos como de escoger comercios. A continuación, repasamos qué características de los productos o de las empresas y comercios que nos los facilitan pueden ayudarnos a hacer compras con impacto positivo.

Adquirir bienes usados y reusables

A la hora de decidir, busquemos opciones que impliquen gastar el mínimo de recursos naturales nuevos. ¿Cómo? La clave es pensar cómo podemos dar una vida lo más larga posible a todos los bienes.

  • Escoger las versiones reutilizables o con recambios: por ejemplo, bolígrafos, pilas, servilletas, pañuelos, agendas, vajilla, opciones menstruales reutilizables, pañales, envoltorio para el bocadillo, cuchillas de afeitar, cartuchos de tinta o moldes de cubitos.
  • Comprar productos de segunda mano: la Ley 23/2003 obliga a dar un año de garantía para casi todos los tipos de bienes de segunda mano, y es usual encontrar ordenadores que tienen dos.
  • Buscar calidad: materiales resistentes, ensambladuras entre piezas robustas (los objetos de plástico no suelen tener estas dos características), marcas de calidad reconocida, recurrir a comercios con buenos profesionales.

Favorecer economías orientadas a las personas

En este caso, la pregunta a hacernos es si con nuestra compra podemos contribuir a poner el bienestar de las personas en el centro. Etimológicamente, economía quiere decir “administración de la casa”, de la casa en sentido amplio: el entorno donde vivimos. Que la economía esté orientada a las personas quiere decir que persigue un entorno en qué todos y todas podamos vivir bien.

  • No perseguir los precios más bajos, huir de las opciones low cost: forman parte de una espiral hacia abajo en cuanto a condiciones laborales, calidad de vida y sostenibilidad.
  • Escoger productos de comercio justo.
  • No comprar a grandes multinacionales. Con el poder que acumulan influyen en la toma de decisiones en las instituciones políticas. De este modo, limitan el poder de la ciudadanía y la soberanía de los pueblos. Además, en una escala tan grande es más difícil llevar a la práctica principios de igualdad, justicia y sostenibilidad.
  • Buscar opciones dentro de las otras economías, como por ejemplo el sector cooperativo, las empresas de inserción laboral de colectivos desfavorecidos, las iniciativas de consumo colaborativo organizadas de forma colectiva o las empresas que velan por la equidad de género.

Favorecer la economía local

Se trata de pensar como, con nuestras compras, podemos fortalecer nuestra comunidad.

  • Buscar producción local y empresas locales.
  • Ir a comercios de proximidad y evitar las grandes superficies.
  • Comprar alimentos en circuitos cortos de comercialización: venta directa en la finca, en mercados o en tiendas propias; cestas a domicilio, grupos y cooperativas de consumo, agrotiendas.

Con estas opciones, apostamos por nuestro entorno y creamos o reforzamos vínculos materiales y emocionales. También favorecemos que nuestra comunidad tenga medios de vida propios. Además, ahorramos energía, recursos y residuos. Todo ello, nos hace ser menos vulnerables, en particular en contextos de crisis.

Escoger bienes de bajo impacto ambiental

Nuestro consumo altera peligrosamente el equilibrio del planeta. Habitarlo de manera sostenible implica buscar las opciones de menos impacto:

  • Materiales renovables o reciclables: madera, papel, cartón, metales; en la construcción, corcho o lana para aislar. El plástico es un material a considerar solo si es una opción más duradera que el resto. ¿Los motivos? No es renovable, se recicla una parte muy pequeña y casi todos los tipos de plástico pierden calidad en el proceso de reciclado.
  • Materias primas recicladas: textiles, papel, madera…
  • Productos que garantizan o facilitan una explotación sostenible de los recursos: moderar el consumo de carne, madera y derivados con sello FSC o PEFC, electrodomésticos de bajo consumo de agua, mecanismos de ahorro de agua a grifos y váter.
  • Energías renovables y productos que promueven el ahorro energético y de emisiones: suministro de electricidad renovable, autogeneración doméstica con paneles solares, electrodomésticos unplugged o de máxima eficiencia, pan no precocido, coche eléctrico, evitar o minimizar las compras digitales.
  • Producción ecológica: alimentos, productos de limpieza, cosméticos, pinturas, ropa
  • Evitar envases innecesarios: comprar a granel, tanto alimentos como detergentes, priorizar envases grandes, llevar bolsas y contenedores de casa, esquivar bandejas y blísteres.
  • Facilitar el potencial reciclaje posterior: que los materiales se puedan separar fácilmente (no es el caso de los briks, que están hechos de cartón, aluminio y polímeros), priorizar envases de vidrio o cartón por encima del plástico, puesto que los primeros no pierden calidad en el proceso de reciclado.

Comprar con criterio sin morir en el intento

La lista de criterios a tener en cuenta es larga, pues, y a veces no habrá ninguna opción que concentre todas las virtudes que buscamos. En estos casos, hay que valorar qué producto o servicio nos permite un consumo con más impacto positivo. Pero pueden ser cálculos difíciles de hacer. Por ejemplo, ¿es mejor comprar azúcar hecho a partir de la remolacha de proximidad o hecho de caña de azúcar tropical bajo criterios de comercio justo? O, ¿es más conveniente comprar un yogur envasado en plástico pero hecho por una cooperativa que tiene un programa de inserción laboral, o uno de una gran empresa pero en envase de vidrio?

De hecho, a veces no hay una respuesta universal para estas disyuntivas o dilemas, y cada cual escogeremos según la importancia que damos personalmente a los diferentes parámetros. La recomendación es vivirlo de forma relajada y con alegría.


Montse Peiron

Investigadora en consumo consciente y transformador.